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27 12 2019

Héroes


Autor: Alejandro Garvie









Todas las culturas los tienen señor Loris Zanatta. Desde los griegos hasta “sus” antepasados romanos, los chinos con su heroína Mulan y las culturas americanas o africanas. Los héroes son valientes, protectores, ejemplos a seguir, como Cristo. Los héroes no son patrimonio de los fascistas –en esa frase que Ud. le atribuye al dramaturgo alemán Bertoldt Brecht, tal vez confundiendo a los héroes con el culto a la personalidad, ese del que en la península hacen gala Silvio Berlusconi y los actuales paladines de la derecha italiana como Matteo Salvini.

El pueblo norteamericano fue provisto de héroes durante la Segunda Guerra Mundial: Superman, Batman y el resto de paladines de la justicia encarnaban los valores que motorizaban a un pueblo en guerra. “Héroes” se titula la película del mundial ’86 con Diego Maradona a la cabeza, junto al resto de las estrellas de ese torneo que señaló la cresta de la ola de ese endemoniado héroe del balompié que iría a su Italia de San Genaro a elevar al Nápoli por sobre los equipos pudientes del norte, para escarmentarlos, al menos una vez en la historia.

Ahora bien, el presidente Alberto Fernández no es un héroe, ni creo que quiera serlo. El culto a la personalidad no parece serle atractivo, está más cerca de la campechanía de Raúl Alfonsín que de la estridencia de Cristina Fernández. El tiempo dirá.

El presidente pidió al Congreso que le otorgara atribuciones especiales para reforzar su poder presidencial, porque en este país no hay una grieta deportiva, existe una dinámica histórica entre dos proyectos en pugna desde fines del siglo XIX: uno que quiere el desarrollo integral del país y otro que quiere sostener un esquema ricardiano en el que estaríamos restringidos a producir materias primas. Pero ese esquema, en estos últimos largos, hermosos, costosos y pujantes años de democracia ha mutado, ambos esquemas se han retroalimentado, nadie borra todo lo que hace el gobierno anterior, el equilibrio fiscal es compartido por ambos proyectos, el pago de las obligaciones no se pone en duda, la importancia de la inserción del país en el mundo tiene matices, pero es prioritario, el desarrollo de las fuerzas productivas se ha ampliado, la ayuda social se ha mantenido, y podríamos seguir.

Por otro lado, el Congreso no ha sido “avasallado”. En ese poder del Estado se negoció, se hizo política y se consensuó el proyecto final porque -con sus defectos– las instituciones argentinas funcionan cada vez mejor: acabamos de asistir a un recambio presidencial histórico entre Mauricio Macri y Alberto Fernández con un abrazo que simboliza que queremos mejorar, ser mejores personas y mejores políticos.

Cuando los ciudadanos comunes sufren por su situación hay figuras que despiertan sus esperanzas, “héroes” en los que depositan su fe. Coincido en que con eso solo no alcanza, hace falta la mística y también el trabajo, el apoyo y la crítica. Nuestro “mal” –tal cual Ud. lo caracteriza– no es la forma en que el pueblo estructura su esperanza, con San Genaros, o con “La virgen cabeza” de la inquietante Gabriela Cabezón Cámara, o con la fe que depositamos en nuestro héroe Raúl Alfonsín. Nuestro “mal” es un simple dolor de crecimiento, el mismo “mal” que, a Uds. en Europa, les costó 60 millones muertos.

Gracias por su interés señor Zanatta.

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