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Noviembre 17, 2019, 10 24am

Santiago Leiras: "En Venezuela las fuerzas armadas son parte del gobierno, del Estado y del régimen político"


Autor: Esteban Lo Presti





Entrevistamos al especialista en política latinoamericana para repasar el actual escenario en el subcontinente.
Los sucesos en Bolivia se dispararon de forma imprevisible y aceleradamente en el último fin de semana. Lo que en un principio era una violación clara a la Constitución de ese país y al propio proceso electoral (plagado de irregularidades desde 2016) se convirtió en una interrupción institucional a la que muchos analistas definen directamente como un golpe de Estado. Incluso la constitución boliviana deja zonas oscuras en las que las fuerzas militares se escudan. ¿Cuál es tu visión al respecto?
El siglo XXI nos plantea un desafío a los politólogos y es hallar el lenguaje adecuado para describir nuevas formas de quiebre institucional. Probablemente el último golpe de estado clásico ha sido el de Venezuela en 2002, que terminó con la restitución de Hugo Chávez Frías en el poder.
En mi opinión estamos frente a una situación híbrida, por un lado una protesta social extendida a lo largo de todo el país, por otro un agente estatal encargado del control territorial (fuerzas armadas y de seguridad) que se niega a llevar a cabo la tarea represiva de las protestas ciudadanas y que además lleva a cabo un emplazamiento a Evo Morales a través de una “sugerencia” de renunciar a su cargo como presidente de la república.
No estaríamos entonces frente a un golpe clásico como aquellos de las décadas de 1960 y 1970 ni a un autogolpe como los de Bordaberry, Fujimori o Maduro; tampoco a una revolución social como Cuba. Estamos frente a dinámicas nuevas y tal vez no poseemos las categorías para explicarlos: los conceptos no están y se hace necesario crearlos.
El propio Evo Morales, en algunas comunicaciones, evitó hablar de golpe militar y se refirió a un golpe cívico-político-policial. ¿Por qué está dejando de lado al sector militar?
No tengo una respuesta definitiva o contundente, por lo tanto voy a arriesgar una interpretación tentativa.
Es probable que Evo Morales no haya perdido hasta el último momento del desenlace la expectativa o más bien la esperanza de contar con algún sector de las fuerzas armadas que le permitiera la represión de los oficiales sublevados (recordemos que los sublevados en este caso son aquellos que se han negado a cumplir con una directiva del poder político de reprimir una protesta social extendida) o en su defecto una restitución en el poder como aquella que tuvo Hugo Chávez en 2002, si bien en aquella oportunidad se trató de un rescate en Fuerte Tiuna, donde el entonces presidente de Venezuela se encontraba detenido.
En esta oportunidad no hubo un General Baduel que llevara adelante ese operativo de rescate de la figura presidencial ni sectores de las FFAA que manifestaran su apoyo a Evo Morales.
La designación de una Senadora como presidente llena el vació institucional que se da al renunciar toda la línea sucesoria (recordemos que la Constitución de Bolivia saca de dicha línea a la Corte Suprema) ¿Los partidos políticos bolivianos están preparados para hacerse cargo del problema? ¿En qué se parece (o diferencia) la situación a la que enfrentó Mesa en 2006?
Carlos Mesa tuvo que llevar adelante su gestión presidencial entre 2003 y 2005 en medio de severas restricciones económicas, la falta de apoyos estables en el congreso y una fuerte resistencia por parte de los movimientos sociales que respondían a Evo Morales como así también del sindicalismo tradicional de la COB (Confederación Obrera de Bolivia). Todo ello impidió a Carlos Meza poner en práctica su programa de reforma y finalmente no pudo cumplir con el cometido de finalizar el mandato de Gonzalo Sánchez de Losada.
La diferencia quizás con aquella situación esté en el cometido de esta “transición”: establecer rápidamente la autoridad, evitar las revanchas y definir un calendario electoral en forma perentoria.
Con esta agenda, modesta tal vez, pero importante más el soporte de las fuerzas armadas de una parte de los movimientos comunitarios de base, la comunidad internacional (en este momento, mientras estamos conversando, se suma el inesperado reconocimiento de Rusia a la presidente interina, así como Estados Unidos y la Unión Europea ya lo han hecho efectivo) y la pericia de la presidente electa (la cual no conocemos a ciencia cierta todavía), una posibilidad es que pueda llegarse a buen puerto.
Maduro se sostiene aun en el poder gracias al respaldo del Ejército venezolano. En cambio, Evo Morales, aunque incorporó a las FFAA en la Constitución, pareciera que no realizó un proceso de politización de estas como sí se dio en Venezuela. ¿Crees qué esa es una de las razones por las que el MAS no pudo plasmar el fraude electoral?
Es muy probable. En Venezuela, las fuerzas armadas son parte de y son el gobierno, el Estado y el régimen político, con la solitaria resistencia de la opositora asamblea nacional. Esto supone que se trata de un agente estatal que tiene un rol institucional que va más allá de los límites de la competencia profesional y cuya lealtad se sostiene en las concesiones en materia de negocios “privados” (alimentos, divisas, drogas y otros) que garantiza la supervivencia del liderazgo civil de Nicolás Maduro. Probablemente aquí resida una parte de la explicación del fracaso de la rebelión del 30 de abril, dado que para llevar a cabo cualquier negociación que implique un cambio de régimen, es necesario un esquema de garantías sumamente amplio, que exceda la cuestión del terrorismo estatal.
Yendo a la pregunta, coincido con tu apreciación de que la baja politización de las fuerzas armadas es un factor que explica que no se haya podido finalmente llevar a cabo el fraude electoral; a ello había que agregar una comunidad internacional muy atenta y en ese sentido el papel de la OEA resultó fundamental, y una sociedad civil muy movilizada no solo en grandes centros urbanos como Santa Cruz de la Sierra sino también en las comunidades de base en el interior del país.
Los actores religiosos se hacen cada día más relevante en la región. Ya sea por grupos evangélicos aliados a Bolsonaro en Brasil, la presencia de los mismos grupos en las protestas de Bolivia, una posible injerencia de la Iglesia en el proceso chileno, aumento de bloques legislativos de dicha confesión en los parlamentes del cono sur, etc. ¿Estamos en presencia de un actor que será relevante en los próximos años o solo será un factor pasajero?
Sin duda, estamos frente a un actor que tiene y tendrá influencia en la política regional durante los próximos años. Sin ir más lejos, se estima que en nuestro país aproximadamente cinco millones de habitantes tienen relación con los grupos evangélicos, si bien no tienen todavía una expresión política de referencia y operan en forma transversal.
Cabe recordar que en Brasil Lula Da Silva tuvo un compañero de fórmula y vicepresidente con vínculo con los sectores evangelistas, ese fue el caso de José Aléncar y por supuesto no puede omitirse la centralidad de la bancada evangélica que sostiene al actual presidente de Brasil Jair Bolsonaro. Asimismo, el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tuvo un significativo apoyo de grupos evangélicos como parte de su base electoral.
Lo que te quiero expresar con la mención de estos ejemplos es que se trata de un fenómeno religioso y político que vino para quedarse, y que además tiene un carácter transversal en relación a las diferentes expresiones ideológicas.
El presidente mexicano, López Obrador, enfrenta problemas propios en diferentes frentes (narcotráfico, bandas armadas, una economía que no arranca). Sin embargo, pareciera que Estados Unidos no está interesado en girar su mirada a Latinoamérica. En ese contexto, el primer viaje que realizó el presidente electo argentino fue a México. A la vez, en la crisis de Bolivia, AMLO se refiere apenas conocida la renuncia de Evo MOrales, en tiempo pasado, como expresidente y le brindó asilo político a él y a su vice. ¿Hay un intento de México de ocupar el rol que abandona Estados Unidos? ¿Puede convertirse en un contrapeso de los intentos de impulsar gobiernos populistas-autoritatios desde Venezuela?
Me cuesta imaginar a México en ese rol en la región, el gobierno de AMLO podemos definirlo como un gobierno de izquierda sin dejar de estar cerca de Estados Unidos y lejos de Dios y América Latina por supuesto.
La tradición mexicana de asilo representa el costado amable de su política, recordemos al respecto el papel que jugó durante y finalizada la guerra civil española garantizando el salvoconducto para los exiliados republicanos, o durante el régimen autoritario cívico-militar argentino entre 1976 y 1983 con la recepción de nuestros compatriotas. En esa línea se inscribe el asilo otorgado al ex presidente de Bolivia Evo Morales.
Ahora bien, la política de hospitalidad hacia el exterior tiene su contracara, su costado menos amable que, un ayer se expresó en la masacre de Tlatelolco y hoy en su transformación en el muro para contener la inmigración ilegal centroamericana. La represión de sus conciudadanos y la expulsión de ciudadanos provenientes de América Central representa la otra cara de una política que se muestra amable hacia el exterior.
En Chile, hasta hace poco la tierra de la estabilidad económica, la situación se torna cada día más difícil. Actores políticos nuevos, sin interlocutores, un reclamo que no tiene un norte preciso y que a la vez no deja en pie ninguna institución. Marchas violentísimas. Una protesta más generacional que clasista. ¿Encontrás lazos conducentes entre los reclamos en Chile y en Bolivia? ¿Crees que el gobierno chileno, con el llamado a una Constituyente, podrá calmar la situación? ‘Será una oportunidad para terminar con la constitución pinochetista que tanto ha condicionado la transición y la estabilidad democrática en ese país?
Chile representa el “cisne negro” (ma non tanto) de las rebeliones: una sociedad estable y previsible, paradigma de la modernización en la región, se vio sacudida en las últimas semanas por una rebelión social originado un proceso de crecimiento sostenido de su economía y un cúmulo de expectativas insatisfechas asociadas a dicho proceso de crecimiento.
La expresión más evidente de la frustración tuvo lugar en primera instancia a través de la apatía electoral. Bastaron una decisión polémica como el aumento del precio de un muy moderno y oneroso servicio de subte de Santiago de Chile y una estrategia comunicacional y política alrededor de la controversial medida que reforzara la irritación social para que de la apatía cívica se pasara a comportamientos de carácter anómico.
La crisis abre una oportunidad para terminar con rémoras existentes del pasado pinochetista, no obstante debo señalar dos temores: el primero es que las reformas iniciadas terminen no solo con lo peor de la herencia pinochetista, sino también con el mejor ímpetu reformista de estos años democráticos; el peligro que advierto es que este proceso que se abre tire “el agua y al bebé” al mismo tiempo. El segundo reparo o la segunda duda es si la apertura de un proceso de reforma constitucional será suficiente para aplacar un descontento que parece extensivo al conjunto de la clase política por parte de un movimiento que opera sin líderes a diferencia de otras expresiones de protesta que tuvieron lugar en Chile por ejemplo el movimiento de los pingüinos del cual emergieron líderes como Camila Vallejos o Giorgio Jackson.
En Uruguay, el Frente Amplio ya tenía un escenario difícil en el ballotage. Dados los acontecimientos regionales en Chile, Bolivia y también en Ecuador, ¿cómo influirán estos en el escenario electoral del país oriental?
Es difícil quizás definir el grado de influencia que puedan tener estos acontecimientos, de todas maneras y por razones de prudencia descartaría el uso de frases como “Uruguay es un oasis en un desierto democrático” por razones obvias.
Se me ocurre preguntar en todo caso que influencia puede tener un cambio político en Uruguay sobre el escenario regional, si tal como anticipan las encuestas el ballotage tiene como resultado la derrota del Frente Amplio y el triunfo del candidato opositor de centro derecha se produce otro resultado distinto al que vaticinan las encuestas. Como respuesta provisoria, una ratificación del Frente Amplio probablemente signifique la muerte del Grupo de Lima y el fortalecimiento del Grupo de Puebla y un triunfo opositor por lo menos tendría un efecto compensatorio a la salida argentina del Grupo de Lima como resultado del nuevo escenario que se abre a partir del 10 de diciembre próximo; Cambio: sale Argentina, entra Uruguay.

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