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Noviembre 10, 2019, 10 49am

Luciano de Privitellio: "Para Yrigoyen todo se sustenta en la moral y en la política"


Autor: Esteban Lo Presti





La publicación de un libro desconocido del expresidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, es una oportunidad para charlar con el historiador Luciano de Privitellio. Nos cuenta cómo llegó este manuscrito a sus manos, después de ser rescatado antes de la destrucción de la casa del prócer radical por parte de la turba antidemocrática, que quemó todas sus pertenecias durante el golpe de Estado de 1930.
El Director de Programas Culturales y Museo Casa Rosada nos recibió en su oficina unos días antes de la presentación Confidencias, que publica la Editorial Eudeba.
Contanos de este hallazgo, el libro Confidencias de Hipólito Yrigoyen. ¿Cómo llega este libro a tus manos?
Bueno, la historia de cómo llega el libro al museo de la Casa Rosada y luego a mis manos es un poco extraña. Primero hay una historia más reciente, que es cómo llegamos a quien lo guarda. En 2016 se celebraban cien años de la apertura del tren la Trochita, que es una trocha angosta, que va de Esquel a Ing. Jacovacci, en ese momento Sergio Sepiurka, (concejal radical de Esquel que tenía particular interés por la Trochita) se junta con los familiares de personas que han sido del ámbito ferroviario y han tenido que ver con esto. Una de esas personas le comenta la existencia en su casa de dos o tres elementos que habían sido propiedad del presidente Yrigoyen, que los tendrían porque la abuela de una de ellas, Úrsula Loncarich, era nuera de un secretario personal de Yrigoyen. Nos comentan esencialmente que tienen un cuadro oficial, un tintero y un bastón. Cuando llegamos a la casa de Loncarich nos muestra esos elementos y además hay unos papeles. Yo soy historiador, por lo que dejé que la gente que le gusta el arte mire el cuadro, del cual yo no podía decir demasiado, y enseguida pedí los papeles. Es una cosa que tenemos los historiadores, cuando hay papeles viejos, queremos ver de qué se trata. Me da un paquete con papeles mecanografiados, que en general son claramente papeles de trabajos de un libro, tienen capítulos, tienen el corte y pegue de la época, pedazos de papel que se pegaban con un alfiler. Tenía claramente los títulos de los capítulos que estaban allí, estaban las páginas y los párrafos numerados, había mucha corrección. Los papeles claramente eran, si eso era un trabajo o una obra, de diferentes momentos de escritura. En esa visita no se podía mirar mucho más, estábamos en una casa que no era la nuestra, pero yo quedé muy impactado, quería saber de qué se trataba. Podía ser eventualmente algo de otra persona que no fuera de Yrigoyen o escritos de él que ya conociéramos. Finalmente a fines de ese año, un poco antes de octubre, se concreta la donación, me traen a mi oficina los papeles, le saqué foto a todos uno por uno (me acuerdo que fueron jueves y viernes, dos días sacando fotos) y el viernes a la noche en mi casa me puse a leerlos con un poco de ansiedad porque quería saber de qué se trataban. Muy rápidamente me quedó claro que eran escritos del propio Yrigoyen, me pareció muy obvio, hacia las 11 de la noche me empecé a dar cuenta que eso no eran simples escritos, sino que era un libro de Yrigoyen. Empecé a ver si ese libro ya existía, porque hasta ahora lo único que conocemos como libro de Yrigoyen, escrito como tal, son dos capítulos muy extraños (“Personal” y “Porvenir”, editados como Mi vida y mi doctrina) que no parecen tener relación entre ellos, publicados en el año 1957 por la editorial Raigal, muy vinculada al partido radical. Allí trabajaban Sobra, Del Mazo y Oyhanarte. Los capítulos son publicados con la idea de que fueron dejados por Yrigoyen y nunca los quiso publicar. Y una de las cosas que nosotros descubrimos es que esos dos capítulos forman parte del plan de este libro que encontramos. Tenemos veintisiete capítulos; de ellos siete solo tenemos un título pero no los escritos, con lo que nos quedan veinte. De esos veinte, dos son los que están ya publicados.
Hay una historia detrás de como llegan estos capítulos a la familia de la señora Loncarich.
Bueno, el modo en que sobreviven estos papeles es en sí mismo una historia apasionante.  El secretario de Yrigoyen era el señor José Alfonso Gómez, quien recibe una orden del presidente el 5 de septiembre de 1930, un día antes del golpe. Ya se sabía que el golpe estaba en marcha e Yrigoyen le dice que retire todo lo que puedan de la casa de la calle Brasil (era su secretario privado, por lo tanto tenía acceso) dado que iban a venir a saquearla e incendiarla y había que sacar lo que se pudiera. Este señor Gómez se lleva un cuadro (que es el cuadro de la donación), un tintero y un bastón y además algunos de los papeles con los que había estado trabajando en la redacción del libro. Se lo lleva a su casa pero el problema que tiene es que cree que a su casa también la van a saquear o al menos lo van a ir a buscar a él, por lo tanto se ve obligado no solo a sacar las cosas de la casa de Yrigoyen de la calle Brasil, sino que además después las tiene que llevar a la casa de un vecino en el barrio de la Boca (sabemos que lo guardaba detrás del respaldo de su cama). La policía fue a la casa de Gómez también, pero ya no estaba porque se exilió. Se fue junto a unos militantes radicales y su esposa al Uruguay en un bote a Carmelo. Como no entraban todos, algunos de ellos tuvieron que ir agarrados del borde dentro del agua, sencillamente porque no había modo de meter a todo el mundo.
Esos papeles luego son rescatados por la familia, los guarda una vez que él vuelve y finalmente se los entrega a Úrsula Loncarich. Ella nos contó que en algún momento los chicos de su familia a veces los usaban para jugar como si corrigieran parciales o pruebas. Quedaron en esa casa durante un poco menos de cien años.
¿Cómo te das cuenta de que son de Yrigoyen?
Hay muchas razones. Uno podría decir que lo primero que hace con los textos cuando los lee es ver quién dice que está escribiendo. Los textos dicen que quien escribe es Yrigoyen: están escritos en primera persona, habla de él como si fuera Yrigoyen, y ese es un primer dato, un escrito que dice ser escrito por Yrigoyen.
El segundo elemento es que Yrigoyen tiene una forma de escribir muy particular. Es un presidente que no suele hablar de cosas concretas, suele hablar de forma muy abstracta: siempre remite a valores, no a cosas. Le preguntás “¿Cómo hiciste para que un vaso no se caiga de la mesa?” y él te hace un discurso moral, jamás te va a hablar del vaso ni de la mesa. Es muy típica de él esa forma de escribir. Por cierto, nos llevó mucho tiempo hacer la corrección porque no es fácil de leer.
En tercer lugar la coincidencia de los capítulos, tanto Rodolfo Oyhanarte como nosotros hemos encontrado lo mismo, y lo hemos encontrado por dos vías distintas. Ambos sabemos que es de Yrigoyen, la única diferencia es que yo tengo más.
Luego en uno de los libros de historia del radicalismo de Del Mazo, él recuerda que Yrigoyen estaba escribiendo algo hacia el año 1923. Dice que esos papeles se perdieron cuando fue tomada la casa de la calle Brasil después del golpe de Estado del 6 de septiembre, lo cual es muy posible porque como sabemos primero tiraron todo, saquearon y después lo quemaron (la idea no era robarles sino quemarlo), se puede ver en las fotos muchos papeles (tal vez alguno de ellos era parte de este libro). Lo que dicen quienes recuerdan es que en algún momento estos escritos se convirtieron en un libro que le entregaron a Yrigoyen como versión definitiva, pero no quiso publicarlo. Del Mazo, sin decir de dónde lo saca, de todos modos dice que él rescató algunos de los párrafos de esos papeles, y esos párrafos los transcribe en su libro. Obviamente nosotros fuimos a buscar esos párrafos en nuestros papeles y los encontramos a todos. Son los papeles de los que habla Del Mazo y dice que se perdieron. Bueno, nosotros los encontramos.
Por otro lado, les pasé partes de estos textos a algunas personas que han trabajado sobre el radicalismo dentro del campo de la historia y todos coincidían en que es un texto de él, no había ninguna duda.
Por otra parte, hay una historia de esos papeles que también suena muy verosímil. Entonces: tenemos los papeles, tenemos una historia, tenemos recuerdos de gente muy allegada a Yrigoyen o al radicalismo que dicen que eso existía aunque se había perdido. Lo que creo que nos pasó es que efectivamente nos topamos con restos no de la obra terminada, sino de los papeles de trabajo de esa obra. Por eso nos costó tanto reconstruirlo, porque el libro que nosotros publicamos no es exactamente el que Yrigoyen hubiera pensado como libro final, seguramente. Nosotros tuvimos que hacer una reconstrucción de papeles que están en estado de avance muy diferente, pero tenemos la certeza de que esos son papeles escritos por él. Es muy difícil copiar a Yrigoyen, casi diría que no se puede. Por otra parte: ¿quién se iba a tomar semejante trabajo?
Es decir, demasiadas casualidades serían pensar que alguien se puso a fraguar unos papeles de trabajo nada más que para engañar vaya a saber a quién.
El trabajo detectivesco está hecho y está corroborado. Ahora, ¿qué es lo que encuentran realmente? Es decir, ¿estos textos son un testamento político?
Tiene el tono de un testamento político. De hecho, en los prólogos de Mi vida y mi doctrina suelen decir que esos dos textos eran de afirmación doctrinaria. La hipótesis es clarita: son escritos en 1923, 1924 (que es cuando el radicalismo se está dividiendo) y la idea suena bien, es decir, Yrigoyen está escribiendo sobre la doctrina en el momento en que parece haber una ruptura. Sin embargo, para mí esa hipótesis tiene varios problemas. Lo primero es que Yrigoyen no tenía por qué saber que se iba a dividir su partido, en el radicalismo había internas de todo tipo (siempre las hubo, no hay que esperar hasta el año 1924 para que eso exista) y suena un poco extraño pensar por qué justo en ese momento consideró que había que hacer una afirmación doctrinaria.
En segundo lugar, la negativa la afirmación doctrinaria no es compatible con su negativa a publicarlo. Tanto el prólogo de Mi vida mi doctrina como los papeles que nosotros encontramos aseguran que él no quería que esto se publique, lo cual es extraño para un texto de afirmación doctrinaria destinado necesariamente a ser difundido. Si pensaba que había que afirmar la doctrina del radicalismo es muy raro de entender por qué no quiso que nunca se lea lo que había escrito.
Tampoco el tono es ese, es el de un testamento, confidencias de un presidente que aún no sabe que va a volver a serlo. Esto probablemente esté escrito en el año 1923, cuando está bastante retirado de la política. Vuelve de lleno a fines de 1924. Suena a testamento, a “este es mi legado”, más que a un acto concreto de afirmación doctrinaria. Por eso le pusimos Confidencia: hay un pequeño plan de unas pocas páginas, claramente no escritas por él (ahí sí hablan de Yrigoyen en tercera persona) en donde sin sugerir un título, se dice que “son las confidencias de un político en su intimidad”.
Por el otro lado, es un texto que intenta explicar el primer gobierno de Yrigoyen, la reparación que se habría realizado. Esto tiene que ver con las formas en que piensa Yrigoyen. Es un texto muy abstracto, aun cuando los títulos no lo parezcan, habla de las relaciones internacionales, del problema obrero, de problemas que parecen muy concretos, pero cuando uno los lee no son muy concretos, y eso es muy típico de Yrigoyen. Yrigoyen nunca habla de nada en particular, siempre es tremendamente abstracto para hablar y tiene otra cuestión que es que todos los problemas de la Argentina remiten siempre a un problema único y general. Ese problema único y general (no importa de qué habla, otra vez, relaciones internacionales, obreros, el partido, la oposición, la economía, lo que fuera, siempre es lo mismo) tiene que ver con “la causa y el régimen”. Una cosa que digo yo en el prólogo es que es muy moderna la manera en que mira el conflicto social, en el sentido que cree que algo como el estado de bienestar va a venir, pero tiene una idea no conflictiva del mundo social: sabe que hay conflictos pero cree que esos conflictos son artificiales y, de hecho, están generados también por el régimen y la causa. Nada de capitalismo ni explicaciones estructurales. La grieta, como se dice ahora, es claramente política y es siempre la misma. Es una grieta pero es siempre igual, siempre es el régimen y la causa, no importa el tema concreto de que hable.           
La causa siempre es lo nuevo.
La causa es lo nuevo, pero es también la regeneración de algo que ya estuvo. Ahí habría que explicar un poco la concepción general del mundo que tiene Yrigoyen, que es una concepción general que puede parecer un poco extraña, pero que si uno la piensa en su época es menos extraña de lo que parece. Su mirada al mundo iba asociada al krausismo. Tulio Halperín Donghi ha dicho que finalmente el krausismo no importa tanto para entender a Yrigoyen, que sus miradas del mundo tan dicotómicas, por cierto, están más bien sustentadas en la práctica revolucionaria que no puede derivar en visiones binarias. En las revoluciones están los malos y los buenos, no hay mucho más. Yo creo que probablemente tenga que ver con ambas cosas: hay experiencias y hay lecturas. Ahora, ¿en qué consiste esa mirada? El siglo XIX es el de las filosofías de la historia, la explicación religiosa del mundo se está yendo al demonio, la secularización es un proceso fuerte y aun así hay fuertes intentos desde los planos de la política o la filosofía de encontrar una lógica, una razón, un sentido del devenir histórico. Uno puede decir que el marxismo es eso finalmente, el marxismo es un intento de encontrar una ley de historia que explique el pasado, el presente y el futuro también.
La mirada del krausismo que hace Yrigoyen está en esa línea: darle un sentido a la historia, explicar el pasado, el presente y el futuro. Solo que obviamente no lo va a hacer con la misma ley que el marxismo. Primero porque para Yrigoyen todo se sustenta en la moral y en la política, no en la economía. Pero, al igual que en el marxismo, esa ley se sustenta en la idea de progreso humano. La diferencia sustancial es que para él ese devenir progresista no tiene nada que ver con los modos de producción y la economía, sino más bien con un proceso de progreso de naturaleza claramente moral, y sustentada en la política, en tanto Yrigoyen cree que la política y la moral son exactamente lo mismo, no hay un plano de la moral y un plano de la política diferentes. En ese sentido, Yrigoyen cree en una utopía que es la imposición de una moral. Eso es la causa; la reparación es la lucha por lograr esa panacea moral, frente a la cual se recorta una cosa abyecta que sería el régimen.
Encontrar en qué consiste cada cosa de modo empírico es muy difícil. Uno puede decir que Yrigoyen emparenta su movimiento de regeneración moral, la causa, con dos grandes movimientos de la historia argentina y occidental. El primero es el cristianismo. Yrigoyen tiene un lenguaje religioso, que no es una mera traslación de un lenguaje del plano de la religiosidad a la política. Yrigoyen tiene una mirada religiosa de la política, y esa mirada religiosa entonces implica un lenguaje religioso. Él es el apóstol y él se compara con Jesús todo el tiempo (lo que ha sido demostrado en otro libro por Marcelo Padoan), pero este lenguaje algo grandilocuente no es una simple metáfora. Él cree que el radicalismo es un movimiento mundial, que viene a cumplir o a terminar las promesas que el cristianismo inició. En ese sentido, hay que recordar que el krausismo es una filosofía de origen luterano. Yrigoyen en ese tema no se mete: a él le da lo mismo, él habla de un cristianismo genérico, no de la iglesia católica o de protestantes. Como siempre, no habla nunca de cosas concretas, habla del cristianismo, pero no habla de una iglesia en particular. Él ve al radicalismo como parte de ese movimiento de aserción moral y religiosa de la cual Jesús y el movimiento religioso forman parte, y en el plano de la historia argentina solo las luchas por la independencia y la organización nacional están a la altura de lo que él cree que es esa causa.
Entonces tiene esa doble pulsión propia de lo que ahora se llama tan habitualmente populismo (que es una categoría que a mí me gusta poco, pero eventualmente la usaré en este caso) que es por lo pronto la idea de un pueblo puro que en algún momento cae (la idea de la caída es de neto origen cristiano) y que por eso debe ser regenerado. Esa caída es el régimen claramente. Muchas citas son así, “el pueblo argentino era un pueblo puro”, tal vez un poco infantil pero puro al fin y al cabo, y el régimen lo pervirtió. Entonces hay que regenerar aquello que existía antes y convertirlo en lo que debe ser, en esa utopía moral. Estaría por ver qué es el régimen. Generalmente se lo asocia con los años roquistas, del predominio del PAN, pero nunca está muy claro.
Dada la ruptura del roquismo con el catolicismo, no hay también una respuesta de Yrigoyen en esa regeneración que planteas.
No lo creo, por dos razones. A mí me parece que la mirada del rescate de un pasado católico, hasta colonial e hispánico no es exclusiva de Yrigoyen. Una de las cosas que yo intento mostrar es que esta idea de Yrigoyen parece un poco estrambótica, pero pega mucho con el arielismo o el modernismo, es decir, movimientos espiritualistas propios de comienzo de siglo muy antimodernos, en el sentido que la modernidad se identifica con lo puramente fenicio, con el dinero, con los mercaderes. Recordemos que la Argentina en ese momento es un país pujante, que le va bien, con inmigrantes que vienen y buscan plata. Eso es muy criticado por Yrigoyen y en general por todo el movimiento espiritualista, así que yo sostengo que finalmente, dicho todo lo que se pueda decir sobre lo extravagante de la mirada de Yrigoyen, al fin y al cabo no es sino una versión extraña del espiritualismo de comienzos de siglo, que no tiene mucho de raro y eso en parte explica el porqué de su éxito. Yrigoyen transita una veta que no es exclusivamente suya. Lo segundo es que Roca no era tan secular como creemos. Todos reconocemos el secularismo de Roca en su primer gobierno pero tendemos a olvidarnos que en el segundo gobierno puso a un ministro de educación, Magnasco, que dijo “Nos equivocamos al sacar a Dios de las aulas”, y además reanuda las relaciones con el Vaticano. Es decir, el propio Roca se dio cuenta, tal vez en un sentido algo volteriano, de la importancia de la religión para mantener lo que llamaba el orden. Aunque él no creyera, entendió como Voltaire que aunque más no sea para el orden social la religión está bien. Y la verdad que su segundo mandato también se vuelve más hispanista, es el quien quita las estrofas anti hispánicas al Himno. A fin de siglo claramente hay un cambio en el clima de ideas que es la caída de la generación del ’80 (secular, racionalista), y el reingreso de este tipo de ideas. Por eso digo que no es tan raro lo de Yrigoyen. A veces a uno le sorprende, pero en el clima de ideas de comienzo de siglo, más allá de la forma concreta en que lo hace, tiene poco de extraño. Y la relación con el cristianismo me parece que es algo que va a empezar a tener éxito político en muchas vertientes, no solamente con Yrigoyen y con Perón.
Esto está pasando en un momento en que el radicalismo gobierna con Alvear, que podría ser, desde un punto de vista actual, más secular que Yrigoyen.
Tenemos una visión un poco exagerada de las diferencias que Alvear e Yrigoyen habrían tenido. Tulio Halperín, hace unos cuantos años ya en un artículo muy divertido, citaba las cartas que se cruzaban Yrigoyen y Alvear cuando Alvear todavía no era presidente y estaba destacado en Francia. Y la verdad es que la manera en que Alvear se dirigía a Yrigoyen era como si fuera literalmente Jesús, aunque Halperín dice casi como si le hablara a un Ayatola, un poco fuerte. Alvear, como otros, creo que en algún momento entraron en la lógica de entender al mundo en un sentido yrigoyeniano. Probablemente después no, pero yo creo que los conflictos dentro del radicalismo no pasaban por esto, este no era un tema de discusión, esto estaba claro para todos: “nosotros somos la causa contra el régimen”. Eso lo decían los radicales de Alvear y los otros. Por ahí, me parece a mí, el tema que sí generaba problemas en esta visión de Yrigoyen es el rol que se atribuía a sí mismo. Por supuesto le atribuía un lugar muy importante al radicalismo en la regeneración de los argentinos, en el rescate de ese pueblo puro del pasado, pero aún ese rol que le otorga al radicalismo está supeditado al que se da a sí mismo: llega a decir que el radicalismo tal vez en algún momento pueda traicionar este principio, pero él nunca. Es decir, esto es muy interesante, él construye una idea de liderazgo (la cual se reserva para él mismo), que es un liderazgo mesiánico y totalmente esclarecido, y ese lugar que él se otorga es probablemente el que le va generando problemas dentro del propio radicalismo: gente que cree en la regeneración pero que no cree en esta visión mesiánica de Yrigoyen. No digo que por eso se dividió el radicalismo, claramente no, las razones por las que se dividió son otras y fueron exploradas por Ana Virginia Persello, que nos explica que eran problemas muy mundanos los que fracturaban al partido.
Antes decías que Yrigoyen encuentra una solución al problema argentino, o lo que él cree que era.
Está convencido primero de que la regeneración moral, no solo de la Argentina sino del mundo, es una ley. Que tarde o temprano esto pasa. Es como el socialismo para los marxistas: podrá tardar, nos reprimirán, está todo mal, pero en las leyes de la historia está escrito que el socialismo llega. Esto es igual, es una idea teleológica del mundo, es una idea que se sustenta en lo que él cree que es una realidad. Ahora, igual que el marxismo esto tiene paradojas, porque alguien tiene que hacerlo a ese mundo, y es ahí donde se instala él, la solución siempre es él: es ejemplo, es profeta, es apóstol (que es la palabra que él usaba) de esta causa. Pero estas ideas del mundo siempre tienen el mismo problema: saben cuál es la solución, dicen que la solución llegó cuando acceden al poder, pero la realidad es tirana y la regeneración no llega nunca. ¿Qué quiero decir con esto? Las miradas del mundo construidas sobre versiones que se sustentan en supuestas leyes de la historia tienen el problema de que cuando quien la encarna llega al poder, esas utopías deberían producirse. Pero está claro que las utopías no existen, que no se producen nunca, eso es lo propio de las utopías. Entonces, ¿Cómo explicar lo que pasa? Hay que encontrar una explicación para entender por qué la utopía no sucede. Con los socialistas ya sabemos cuál es la explicación: le llamaron socialismo real, que es una categoría que permite que todos los horrores posibles sucedan en los regímenes socialistas sin que la utopía sea mancillada. Acá pasa algo parecido; cuando Yrigoyen explica por qué tienen que seguir los radicales (ya que uno diría “Bueno, ya llegaste, ya la reparación sucedió, la utopía debería estar instalada”) desliza todo el tiempo que él sabe que la regeneración aún no sucedió del todo. ¿Y eso cómo se explica? ¿Tiene que seguir gobernando el radicalismo? Se da entonces una paradoja ya que considera es que al mismo tiempo que la reparación o regeneración está hecha y que falta hacer aún. Es el mismo problema que tiene el socialismo todo el tiempo: la utopía llegó pero no llegó del todo, tenemos que celebrarla y a la vez buscarla.
¿Y cuál es la reparación?
Tratándose de una concepción moral se supone que el fin es moral. ¿En qué consiste esa moral? Yrigoyen sueña con un mundo de ciudadanos virtuosos, desprendidos. Es muy russoniana su manera de entender el mundo, que es la idea de gente que se desprende no solo de sus bienes privados, pero de todos sus intereses privados en función de un espacio público al cual hay que darle todo. El ejemplo de él es clarísimo: “Yo doy todo, yo me entrego a la causa”.
Perdió sus tierras, nunca se casó, aunque no conocemos mucho de una vida privada de Yrigoyen.
Bueno, yo ahí trabajo algún problema. Él tiene una vida privada al igual que todos, lo que pasa es que nunca la exhibe. Se comportaba como un krausista en todas las cosas menos en su relación con las mujeres, o al menos así lo definió Gálvez en su maravillosa biografía. Los krausistas no solo sustentan una filosofía sino que acomodan su comportamiento a esa filosofía, incluso se visten de una manera particular. La idea de vestirse de negro pega con esta idea híper moral del mundo. Como la utopía es moral siempre es muy difícil saber en qué terminaba. Quiero decir, una sociedad de gente desprendida en función del bien público, una utopía muy difícil; él es muy crítico de esto del mundo fenicio, de gente que se preocupa solo por su bienestar.
Ahora, esta es una sociedad de inmigrantes. Es obvio que quienes vienen a la Argentina, entre otras cosas, llegan porque se gana dinero de una manera más fácil que en el lugar de donde salen. Era muy difícil vincular la realidad, la sociedad realmente existente, con la que Yrigoyen soñaba. Yo no tengo duda de que como todas las utopías es una cuestión irrealizable, no hay modo, el problema es que él piensa todos los problemas en función de eso. Ahora, ¿en qué consiste esa utopía además de eso? Es imposible saberlo. En el socialismo también es muy difícil saber qué es el socialismo porque Marx no escribió mucho sobre lo que tenía que hacer, cada uno tiene una opinión un poco distinta sobre qué cosa sería. Pero al menos tiene esta idea de que hay algún momento en que cierta igualación de los bienes materiales se produce. Como a Yrigoyen no le importan los bienes materiales, no cree que ahí esté el centro del problema; él cree que la riqueza tiene que estar distribuida, eso es una obviedad, pero no es ese el problema central de la sociedad. Es muy difícil saber cuándo se terminaba la reparación. Por eso para mí está claro: él asocia la reparación y la causa a que haya radicales gobernando, igual que en algún momento creo haber dicho que para Yrigoyen una elección limpia no es una elección limpia en función de sus mecanismos, sino que lo es porque el radicalismo gana. Lo mismo cuando intervenía provincias. En su primer gobierno hace más intervenciones que provincias existentes, es probablemente el gobierno que más intervino provincias en la historia de la Argentina, claramente para ganar las elecciones. Es un razonamiento circular: radicalismo, reparación y su propia figura son la misma cosa.
Ahora los historiadores pueden encontrar una justificación al por qué de esas intervenciones, que hasta ahora no dejan de ser hechos fácticos.
Yo diría de sus actos políticos que siempre tenían alguna clase de justificación. Yrigoyen nunca escribió un libro (bueno, ahora sabemos que sí). Pero sí escribía mucho, escribía otro tipo de cosas (cartas, comunicados). Es decir, se manifestaba, y él sabía que esas cartas eran públicas, por ejemplo, el intercambio de cartas con Molina de 1909 (cuando Molina finalmente termina renunciando al partido con fuertes críticas a Yrigoyen). Él sabía que esas cartas iban a ser públicas, no es que después se publicaron. Era muy típico de esa época, en el mundo se escribían cartas sabiendo que esas cartas iban a ser dadas a publicidad. Entonces no es que no conozcamos su pensamiento, lo que nos faltaba hasta ahora era una obra sistemática de su pensamiento. Cuando él discute con Molina está discutiendo sobre una cosa puntual, que es la acusación de Molina. En este libro habla de todo, esa es la parte buena. Y además en un momento en que uno probablemente puede decir que es su madurez, porque él acaba de dejar el gobierno y es además un hombre grande que ha pasado una montaña de experiencias en la política argentina. Yo estoy casi convencido de que él escribía esto pensando en que no iba a tener un segundo mandato. Los historiadores y todo aquél a quien le interese Yrigoyen vamos a tener una obra un poco más sistemática en donde él expresa de un modo muy claro qué piensa del mundo en términos muy generales y de la Argentina en particular, del radicalismo y de él mismo, porque todo eso es un único paquete para él, no son cosas diferentes. Ese es, creo yo, el gran aporte de este libro, además de que un libro de un presidente siempre es importante.

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