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Opinión Noviembre 07, 2019, 5 13am

Emergencia fiscal internacional: ¡un momento crítico para que las naciones en desarrollos se pronuncien!

Una propuesta de la OCDE para reducir la evasión fiscal transnacional contiene fallas que los países en desarrollo deben enfrentar antes de que se concreten.

Autor: José Antonio Ocampo


Traducción Alejandro Garvie.
Ante la indignación global por los bajos o nulos impuestos pagados por algunas de las multinacionales más grandes del mundo, el Grupo de los 20 designó a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), hace unos años, para diseñar alternativas para poner fin a estos abusos. En respuesta, el 9 de octubre, la OCDE presentó propuestas para un nuevo sistema tributario internacional que podría imponerse al mundo en las próximas décadas.
Este es un problema importante. En los Estados Unidos, por ejemplo, 60 de las 500 empresas más grandes, incluidas Amazon, Netflix y General Motors, no pagaron impuestos en 2018, a pesar de una ganancia acumulada de 79 mil millones de dólares, porque el sistema actual les permite hacerlo, y en forma completamente legal.
Estas apropiaciones indebidas se basan en arreglos complejos, pero en un principio muy simple. La multinacional solo paga impuestos en la subsidiaria donde declara sus ganancias. De esta manera, muestra bajas ganancias o déficits donde los impuestos son relativamente altos, incluso si eso acurre en aquellos países donde la empresa realiza la mayor parte de sus actividades. Y reporta altas ganancias en jurisdicciones donde los impuestos son muy bajos, o incluso cero, aunque la empresa no tenga clientes allí.
Como resultado, cada año, los países en desarrollo pierden al menos 100 mil millones de dólares, ocultos por las multinacionales en paraísos fiscales. A nivel mundial, esto desvía el 40 por ciento de las ganancias extranjeras a tales paraísos, según el economista Gabriel Zucman.
En constante aumento
Con la digitalización acelerada de la economía, los montos desviados aumentan constantemente, como han destacado muchas instituciones, tales como el Fondo Monetario Internacional y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Pero el movimiento más importante provino de la OCDE, con su mandato del G20 para proponer alternativas al actual sistema tributario internacional, incluidos los efectos de la digitalización.
Después de décadas de inacción, el proceso podría avanzar muy rápidamente. Tras la reciente publicación de su propuesta, la organización realizará una final en 2020, sentando las bases para el nuevo sistema. Después de esa fecha, será prácticamente imposible influir en el proceso de reforma.
Es por eso que debemos dar la alarma a los países en desarrollo. Ya no pueden decir que no tienen voz en el proceso. La OCDE les ha dado un lugar en la mesa de negociación al crear un grupo llamado 'Marco Inclusivo'. Con 134 miembros, este es el escenario donde se decidirá el sistema fiscal global del mañana.
Desafortunadamente, a pesar de su nombre, no jugamos en igualdad de condiciones dentro de este 'Marco Inclusivo'. Los países ricos tienen mayores recursos humanos, políticos y financieros para que sus opiniones prevalezcan. Con la mayor concentración de sedes multinacionales, también son las más influenciadas por las presiones corporativas, a expensas de sus propios ciudadanos y del resto del mundo. Pero al negarse a darse cuenta de lo que está en juego, los países en desarrollo también están incumpliendo sus responsabilidades.
Dos pilares
La propuesta de reforma de la OCDE se basa en dos 'pilares'. El primero es establecer claramente dónde se generan las ganancias corporativas a efectos fiscales. El ideal, por el cual ICRICT, la comisión de reforma fiscal que presido, ha estado luchando durante años, sería tratar a las multinacionales como empresas individuales. Las ganancias totales deben ser gravadas donde operan, de acuerdo con factores objetivos, como el empleo, las ventas, los clientes digitales y los recursos naturales consumidos.
En este campo, sin embargo, las propuestas de la OCDE no son lo suficientemente ambiciosas ni justas, como explicamos en nuestro último informe. La parte de las ganancias que se redistribuiría internacionalmente se limitaría a los llamados "residuales" de las ganancias totales de las multinacionales. Peor aún, este principio solo se aplicaría a multinacionales muy grandes y la asignación de estos beneficios dependería únicamente del volumen de ventas, excluyendo el empleo y otros factores que favorecerían a los países en desarrollo.
El segundo pilar es el establecimiento de un impuesto corporativo mínimo efectivo a nivel global. Algunos países en desarrollo temen que, al abandonar el arma de los incentivos fiscales, ya no podrán atraer inversiones de las multinacionales. Sin embargo, la evidencia de que estos incentivos atraen inversiones es controvertida, según una investigación del FMI.
Aún más importante, si la comunidad internacional acuerda una tasa suficientemente alta (ICRICT aboga por al menos un 25 por ciento, la tasa promedio en los países desarrollados), esto pondría fin a la carrera hacia el fondo que estamos presenciando, con las multinacionales como únicos ganadores. Esta medida eliminaría la razón de ser de los paraísos fiscales y garantizaría que todos los estados tengan acceso a los recursos esenciales para el desarrollo.
Soluciones alternativas
En ausencia de un consenso internacional, algunos países han optado por encontrar soluciones alternativas. Este es el caso de Francia, que gravará con un 3% la facturación de las empresas del sector digital. Otros, como México, están considerando la posibilidad de obligar a plataformas como Uber o Netflix a pagar el impuesto al valor agregado sobre los servicios prestados en el país.
Si bien es una buena iniciativa para gravar los ingresos que ahora se están escapando, es imposible compartimentar la economía digital y tomarla como el único objetivo de la reforma: cada vez más empresas utilizan tecnologías digitales como parte de sus actividades comerciales. Y no es a través de tales medidas únicas que los estados emergerán de déficits y curas de austeridad repetidas.
Es hora de que los países en desarrollo se movilicen. El aumento de sus recursos fiscales es la única forma de mejorar el acceso a la salud y la educación, para buscar la igualdad de género o la lucha contra el cambio climático. Si los jefes de estado y los ministros de finanzas de estos países continúan subestimando la importancia de estos debates, pronto se verán obligados a aceptar un nuevo sistema fiscal internacional que no les convenga. Los ganadores seguirán siendo los mismos, pero será demasiado tarde para quejarse.
Publicado en www.socialeurope.eu el 6 de noviembre de 2019
Link https://www.socialeurope.eu/international-tax-emergency-a-critical-time-for-developing-nations-to-speak-up
 

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