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29 10 2019

¿Chau Grieta?


Autor: Luis Quevedo









Las elecciones presidenciales del pasado domingo parecen haber logrado lo que nunca antes: satisfacción general. Están contentos los que ganaron y están contentos los que perdieron. Las explicaciones de este fenómeno, múltiples por cierto, deben tener muy en cuenta dos aspectos centrales: la recuperación del sistema político y el equilibrio en la representación.

El escrutinio provisorio señala que el Presidente electo Alberto Fernández reunió 12.473.209, es decir 267.771 votos más respecto de las PASO, y el Presidente Mauricio Macri sumó 10.470.607 voluntades, 2.348.918 más que en las PASO. Macri creció 10 veces más que Fernández entre una y otra elección, para terminar sumando ambos el 86,30 por ciento del electorado. Las demás candidaturas perdieron votos entre las primarias y las generales, incluso los votos en blanco y los votos nulos se vieron reducidos.   Una elección polarizada, 48,10 a 40,38 (descontando los blancos y nulos). En porcentaje, Alberto Fernández perdió 1,5 puntos y Mauricio Macri ganó 7,5, una gran remontada del voto oficialista.

Está muy dicho que la denominada Grieta conspira contra la solución de los problemas estructurales que la Argentina debe superar. Y es así. Pero a no confundir polarización electoral con grieta. No son lo mismo. En la Primavera Alfonsinista del ‘83 hubo polarización (91,91%), también en 1989 (84,59%), y en 1995 (79,24%), y en 1999 (86,65%), todas elecciones en donde aún tenía vida el sistema político basado en el bipartidismo, pero en ninguna de ellas se construyó una grieta.

En la Navidad de 2001 saltó todo por el aire: el sistema político basado en el bipartidismo, la representación de los dirigentes y sus estructuras, y emergió el “sálvese quien pueda” de la mano de una crisis que terminó sembrando  las semillas del régimen populista (y la Grieta) que todos conocemos.

Hay Grieta cuando uno de los términos de la polarización niega al otro, cuando aparecen las ideas y prácticas hegemónicas, cuando no se respetan ni aceptan las reglas de la Democracia (o se pretende mutarlas a piacere), cuando uno es la Patria y el otro no, cuando uno ocupa legítimamente el poder y el otro lo “usurpa” y cuando las “creencias” reemplazan a las razones y los argumentos. Superar la Grieta es superar las tendencias totalitarias y de exclusión. Ambas partes tienen que aceptarse, discutir y consensuar políticas públicas para mejorar la vida de los argentinos. Eso se llama Política, ni nueva ni vieja. Política a secas.

¿Qué explica entonces la satisfacción general por el resultado? Lo explican las esperanzas (declaradas y secretas) compartidas por parte de la mayoría de los dirigentes y ciudadanos que confían en el equilibrio político del resultado. Lo explica el  40% de votos de votos logrado por Juntos por el Cambio que son muchos y la gran participación popular en el último tramo de la campaña. Lo explica la convicción de que tal cantidad de Diputados, Senadores, Concejales, Intendentes y Gobernadores no podrán ser ignorados por el nuevo Gobierno. También lo explica la recuperación del Sistema Político, cuyos engranajes parece que han vuelto a funcionar,  siendo su foto emblemática la de un Presidente que se va invitando a desayunar al Presidente que viene, para conversar respecto del traspaso de las cuestiones de Estado.

Que las esperanzas, con el correr de las semanas, vayan diluyendo las amenazas que durante las campañas cobraron vida. Sin candidez, apostemos a que gane la Política.

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