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Opinión 20 10 2019

Malvinas: ¿otra vez sopa?


Autor: Vicente Palermo









Confieso que me sorprendió. Aunque ya lo sabía: en política, cuando queremos decir algo importante, hablemos primero de Malvinas; y cuando no podemos, no queremos, o no sabemos de qué hablar, mejor hablemos de Malvinas.

Es económico y seguro, ofrece pocos riesgos a precio módico refugiarse en la retórica de la causa nacional, ¡todos la queremos tanto! En tiempos de, pongamos, grieta, ¡es tan lindo, tan reconfortante sentir algo que une a todos los argentinos! Zafamos, eso seguro.

Sobre todo si, al mismo tiempo que declaramos cerrar la grieta, excluimos de la argentinidad a los malos, a la minoría de los liberales que no quieren al pueblo ni a la patria, y que, naturalmente, han descuidado el cultivo de la causa Malvinas y por todo eso, por no saber ni siquiera en qué país viven, no deberán nunca más gobernar este pueblo maravilloso.

Malvinas patria y pueblo. Patria pueblo y Malvinas. Fue con este disparo mortal descerrajado por el presidente virtual, Alberto Fernández, que comenzó el primer debate presidencial, disparo que dio lugar a fuego malvinero a discreción por varios candidatos. El del Frente de Todos, primero en exponer sobre relaciones internacionales, estuvo dirigido a la cabeza de Mauricio Macri: “la globalización no nos obliga a entrar de rodillas… la primera obligación que tenemos… es volver a unir a América Latina… en estos años, el gobierno, se ocupó mucho de hacer comercio con el Reino Unido sobre las islas Malvinas… y olvidó nuestra soberanía… yo quiero que nosotros volvamos a reivindicar la soberanía… allí quedaron más de seiscientos soldados… que dieron la vida por la soberanía argentina…”.

Vaya con las titánicas tareas, volver a unir a América Latina y a reivindicar la soberanía en Malvinas, a la que parece que estamos obligados porque la dictadura, con el respaldo explícito de la inmensa mayoría de la sociedad, eso sí, mandó a la muerte a centenares de jóvenes.

Yo no me siento obligado a reivindicar soberanía en razón de aquellos asesinatos bélicos, pero parece que varios candidatos presidenciales se sienten. Macri, hay que decirlo, tuvo el temple de no malvinizar su intervención, del mismo modo en que no malvinizó la política externa de su gobierno, pero además de Del Caño fue el único.

Gómez Centurión invocó la soberanía en Malvinas y en la Antártida como causa nacional. Que en un debate presidencial argentino se hable del sector que alguna vez decidimos denominar Antártico Argentino es doloroso: equivale a abusar de la ignorancia de los oyentes, ignorancia cocinada y recocinada a lo largo de los años por el macaneo informativo público y privado – desde información oficial a manuales escolares.

La fusión de ambos diferendos – Antártida y Malvinas – como causa nacional no haría más que aumentar los costos de la frustración y el esfuerzo que sería necesario para desmontar la trampa estratégica en la que nos meteríamos. Lo peor es que Gómez Centurión pegó la cuestión a la militar, porque inmediatamente se refirió a la necesidad perentoria de incrementar la inversión pública en defensa (más adelante diría que es necesario reducir el gasto público). José Luis Espert formuló la conocida “malvinización light”: reivindicamos la soberanía, pero las Malvinas serán recuperadas cuando los cambios de fondo que proponemos brinden sus resultados y seamos una nación próspera y pujante – en otras palabras, a las Malvinas hay que merecerlas.

Si usted no cree en el mercado, no importa, hágalo por Malvinas. Roberto Lavagna no se quedó corto: “Malvinas es algo para nosotros absolutamente irrenunciable… necesitamos tomar conciencia de cómo las crisis internas debilitan la capacidad de negociación del país… están detrás de una política errática… entre la sumisión, la verborragia y situaciones conflictivas con el resto del mundo”.

Otro candidato que estima que las Malvinas se pueden “recuperar” pero en base a una condición; en este caso, dejar atrás las crisis internas. Fernández, Gómez Centurión, Espert y Lavagna. Cuatro de seis. No está nada mal. A la hora en que más necesario es proseguir, cada fuerza política a su modo, en un camino arduo, muy complicado, de integración activa al mundo global, sin olvidar que continuamos siendo una pequeña y modesta parte de su periferia, y que habrá que disputar intereses palmo a palmo, con maestría y a lo largo de mucho tiempo, a esta hora, digo, parece que decidimos volver a llenar de plomo nuestra mochila colocando en un lugar central de nuestra agenda internacional la cuestión Malvinas.

Es que la causa nacional manda. El tic del nacionalismo territorial llega en buena hora para candidatos que prometen consenso y eluden mencionar conflictos como no sea contra los “liberales”, pero también para aquellos que no eluden mencionarlos, aun pagando el costo de decir lo que la mayoría no quiere escuchar, como Espert.

Es que asumen todos que Malvinas es un talismán; eso creen, yo creo que equivocadamente. Creen que ante la opinión pública ligar la causa nacional con aquello que les interesa es la mejor forma de llevar agua para su molino: para Fernández, el aniquilamiento de los “liberales” como Macri, para Espert, el capitalismo próspero, pujante; para Gómez Centurión el presupuesto de la defensa nacional; para Lavagna la recomposición política interna que sólo él podría llevar adelante. Así, nos pasaremos la vida a los saltos entre Gran Malvina y Soledad. Las apariencias engañan: Gran Malvina no es la mayor isla del archipiélago y Soledad está mucho más poblada.

 

Publicado en Clarín el 19 de octubre de 2019.

Link https://www.clarin.com/opinion/malvinas-vez-sopa-_0_SZaM84RD.html