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Opinión Octubre 08, 2019, 6 15am

Octubre, mes decisivo para la Unión Europea


Autor: Carlos Pérez Llana


Existe un “plazo fijo” en Europa que vence el 31 de octubre: la retirada de Gran Bretaña de la Unión. Todo hace pensar que el Primer Ministro Boris Johnson cumplirá sus promesas y que el Brexit se hará realidad. Días pasados, en el Congreso del Partido Conservador, anunció que tiene contrapropuestas para negociar con Bruselas -que buscan reemplazar las salvaguardias en Irlanda-, pero su proyecto político es visible: retirarse de Europa y mantenerse en el poder.
Poco parecen importarle las implicancias de la desintegración. Esta verdadera regresión registra escasos antecedentes geopolíticos tan potentes, tal vez equivalente al enclaustramiento del Imperio chino decidido en el siglo XV. Allí también fracasó una elite.
Los costos que pagará Londres resultan imposibles de evaluar, entre otros la probable secesión escocesa. Todo lo demás incluye una agenda abierta atravesada por expectativas de dudosa viabilidad, por ejemplo convertirse en una “Singapur europea” fuertemente vinculada al comercio y a las finanzas globales. Tal vez, la apuesta que más le cabe es la opción por una plataforma off-shore que ofrezca ventajas fiscales a los inversionistas. Indudablemente el país de la “moderación”, que postulaba E. Burke, será cosa del pasado.
A pesar de las previsiones que se han venido tomando en Bruselas, existen muchos interrogantes acerca de la continuidad del proyecto europeo. Europa enfrenta una agenda de desafíos de difícil resolución.
Veamos algunos. Hoy el “directorio germano- francés” no está en condiciones se imponer su estrategia. En Berlín el fin del ciclo Merkel está a la vista y sin reemplazo. No se trata sólo de un problema de liderazgo político, se trata también de los interrogantes económicos del “modelo alemán”. Por tratarse de una de las economías más abiertas, sus excedentes comerciales se estrechan en el medio de las guerras comerciales. Además, la industria automotriz, su ícono, está condenada tecnológicamente y sus empresas pueden llegar a perder el 50% de su valor.
Como se sabe, es un país que ahorra, que viene sustituyendo a China como compradora de Bonos americanos y que no invierte sus excedentes en Europa. En Francia, una economía más cerrada que sufre menos el proteccionismo, tampoco existe una masa crítica capaz de soportar los costos del liderazgo. Son culturas económicas y políticas diferentes. Además, con la llegada de Emmanuel Macron, París apostó a un liderazgo de sustitución. Sin la potencia financiera británica y sin una economía alemana virtuosa, buscó rentabilizar una supuesta “ventana estratégica”.
Esta “oportunidad” para Francia explica el involucramiento en una arriesgada operación de reconfiguración política en la Unión cuyos resultados están comenzando a observarse. Las nuevas autoridades de Bruselas en gran medida constituyen un subproducto de diseño francés.
Los representantes de los “partidos históricos” han perdido protagonismo -social demócratas y social cristianos- mientras que los países euro-centrales se han visto fortalecidos en la repartición de los altos cargos en Europa y en el mundo. Sino cómo explicar que una economista búlgara -K. Georgieva- presida el Fondo Monetario Internacional? En la arquitectura macronista, un Sur revitalizado y el reconocimiento del ascenso de las fuerzas liberales y ecologistas, operan como contención a las fuerzas económicas de la Europa del Norte.
Ese clivaje se puso de manifiesto en la elección de la nueva conducción del Banco Central Europeo y en el diseño de las políticas monetarias de una institución que bajo la conducción del italiano M. Draghi salvó a Europa de la crisis económica del 2008. Los países nórdicos, Alemania y Holanda, el Grupo Hanseático, no impulsaron la elección de C. Lagarde y ahora están cuestionando la política de baja de tasas que dejará como herencia Dragui. Desde Berlín, sede de la ortodoxia, la clave pasa por el ahorro y la deuda baja, no por el consumo. Las inversiones necesarias, v.g en infraestructura o el financiamiento de las políticas energéticas post- carbón, constituyen une herejía para la doxa monetarista.
Finalmente, atenazada por el conflicto estratégico chino-americano, con un crecimiento en baja, amenazada por las inmigraciones que alimentan el populismo, y sin poder mantener la idea de “Europa potencia comercial” - está cuestionado el instrumento de la OMC donde Airbus acaba de ser penalizada- ,en Europa renacen viejos temores.
Queda claro que la retirada americana del mundo es más que un dato, gane quien gane las elecciones; se sabe que Europa debe invertir mucho más, v.g en Inteligencia artificial y en informática cuántica; que tiene que revisar su política hacia Moscú, reconversión que Macron persigue para tratar de reincorporar Rusia a Europa, como acaba de suceder con el retorno de Moscú al Consejo de Europa, y debe buscar en Asia, más allá de China, y en América Latina nuevos formatos de relaciones.
Desafortunadamente el Acuerdo Mercosur/Europa no ha nacido en las mejores circunstancias. Los obstáculos de la diplomacia climática, y el tropismo pro-americano de Bolsonaro, alejan a Brasilia de algunos radares europeos. Si los astros se alinearan tal vez tendríamos una segunda oportunidad. Es notable, en un mundo en plena reconfiguración, América Latina se ha auto-devaluado estratégicamente hablando.
Publicado en Clarín el 6 de octubre de 2019.
Link https://www.clarin.com/opinion/octubre-mes-decisivo-union-europea_0_SuVnluKe.html

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