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Septiembre 19, 2019, 10 29am

Zulema Maza y su mirada de un tiempo incierto y hostil


Autor: Gabriel Palumbo


La soledad es ambigua. Como el fracaso, le ha prestado históricamente un áurea falsa pero prestigiosa a la creación artística. Para la vida personal, en cambio, no es una gran idea. Tanto no lo es que nos hemos llenado de likes y de apps para no estar solos, para no caer en la trampa de encontramos con nosotros mismos en algún momento del día.
La relación entre la soledad y el presente es el tema que recorre la muestra de Zulema Maza en el Pabellón de las Artes de la UCA, en el barrio que menos se parece a un barrio en Buenos Aires: Puerto Madero. Entrando más de lleno en la exposición, curada por Cecilia Kavanagh, directora del espacio, es probable que el tema nos sea solo o exclusivamente la soledad, sino las maneras de trabajar con ella, de exorcizarla mediante la presencia del otro.
Maza, que empezó como grabadora y que fue buscando otros registros expresivos, es una artista visual integral, que usa los soportes como un vehículo de comunicación. En El presente está solo, la centralidad la tiene un video, la mayor cantidad de obras son fotografías intervenidas digitalmente y la narración se completa con instalaciones conceptuales muy claras y de un timing asombroso.
El video, como la obra fotográfica, tiene dos protagonistas humanos excluyentes, más allá de la soledad. La artista visual francesa Ligeia Ozanne y Félix Maqueda, un joven argentino que vive en Miami. Ambos juegan el juego propuesto por Maza a la perfección. Su apariencia es distante pero no al punto de rechazar; más bien convoca y promueve el diálogo y el encuentro. Sobre ambas figuras se despliega una gran cantidad de recursos estéticos. Grafías, intervenciones digitales, transparencias y superposiciones complejizan el paisaje humano sin desvanecerlo del todo, como buscando un complemento, una conversación posible pero aún no realizada.
En el video, génesis de la exposición, la figura de Ozanne se hace protagonista. Comienza improvisando unas notas en su violín (una parte de su estadía en Buenos Aires la costeó tocando a la gorra en Puerto Madero) hasta llegar a Bach. El fondo blanco, casi tanto como la piel de la modelo, solo se corta por su remera negra, trazando un dibujo vivo y potente visualmente que sirve para conducir al espectador a una serie de imágenes universalmente desoladoras. Una balsa con emigrantes forzados, la pobreza extrema y la guerra son en realidad signos de la dureza del presente. Campos de refugiados, alambrados de púas amenazantes y manifestaciones en algún lugar de mundo. La mirada de Maqueda busca en medio del humo y se encuentra con mujeres con las bocas mudas, pidiendo por otras mujeres. Todo puede pasar en cualquier lado, repetirse hasta el infinito y truncar la biografía de generaciones y generaciones. El llamado de Maza a pensar usa a Ozanne como si fuera un pincel o un buril. Sus intentos de llamar la atención al espectador-ciudadano se vuelven más y más radicales. El violín, dulce, deja paso a una pandereta que busca en el espacio una posibilidad de diálogo, luego, el instrumento musical desaparece y vemos un arma. Un revólver busca la víctima fuera del cuadro, va de derecha a izquierda y vuelve. Se queda en el centro, apunta, y bajo el manto impasible del rostro de la modelo, dispara, como cerrando la posibilidad, extenuada de tanto buscar inútilmente. Funde a negro.
La apuesta de Maza es política. Hay en toda su obra y también en esta exposición, una voluntad de enunciación política y social muy clara y contundente. Es conocida su activación en las problemáticas de la mujer y ha trabajado intensamente con colectivos populares y de trabajo ambiental.
En El presente está solo, este rol de activismo lo toman dos instalaciones. En una de ellas dos maniquíes femeninos están dispuestos en la sala. Uno de ellos de espaldas y otro mirando a una pared, como pagando una penitencia. Ambos están vestidos con un traje de trapos de piso. La alegoría es tan evidente como potente, y funciona a la perfección.
En otro plano, la instalación “El mar de la adversidad” amplía el registro político con un tema actual. Una gran pileta en medio de la sala contiene un mar de desechos plásticos que combina el efecto estético con el político. En la manufactura de la obra hay también una continuidad del discurso. El material fue provisto por una organización popular que se encarga de reciclar plásticos para favorecer el medio ambiente. Maza recupera, así, una parte de la tradición del arte social argentino, sumando su estilo y su mirada contemporánea. El recurso es muy eficaz. Vista desde uno de sus lados, la inmensa llanura de agua hecha de desechos sirve de explanada a una serie de cinco fotografías intervenidas que muestran una secuencia dramática imponente en la figura de su modelo estrella.
Menos literal pero igualmente o más poderoso resulta el mensaje de otra de las obras de la muestra. En “Moneda Nacional”, Zulema Maza explora otra soledad y otra incertidumbre. Lo individual da paso a lo colectivo. La angustia personal se vuelve nacional y el arte la vuelve un artefacto, un artificio formal, mezcla de símbolo y brutalidad. En realidad son dos obras, pero aquí están presentadas como una sola. Una vitrina con dos estantes de acrílico transparente sirve de muestrario a un número incalculable de billetes argentinos de muchas épocas, todas pasadas y todas malas. Pesos Ley 18.188, Pesos Argentinos y Australes son la demostración ostensible del fracaso argentino, de su imposibilidad y de su falta de compromiso con la mínima racionalidad. Las monedas tiradas en el piso de la instalación completan el mensaje. Los sueños también están allí, es tanto el presente como el futuro lo que muestra Maza en Moneda nacional, recordando al espectador donde está y cuáles son las reglas del juego.
La muestra de Zulema Maza desafía al tiempo. Como en el verso borgeano, no sabemos qué esperar de ese tiempo, si traerá o no buenaventuras. Mientras tanto, el arte hace su trabajo de orfebre solitario, de puente invisible entre el pasado y el presente, entre la memoria y el olvido.

Zulema Maza. Artista plástica

Zulema Maza nació en Buenos Aires y estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. Desde entonces desarrolló una brillante carrera que la llevó a recibir el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, el Primer Premio Municipal Manuel Belgrano en Grabado, La Beca Miró en Barcelona, el Premio de Honor de la Trienal del Cairo y el Premio Konex en dos oportunidades, entre otras distinciones.
 
Publicado en Revista Ñ el 14 de septiembre de 2019.
Link https://www.clarin.com/revista-enie/arte/zulema-maza-mirada-tiempo-incierto-hostil_0_y9YLoQl.html

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