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Opinión 17 09 2019

Singapur, entre la utopía y la distopía: el extraño combo de potencia económica, alto desarollo y un orden cuasi autoritario


Autor: Fernando Pedrosa y Cecilia Noce









Singapur está en boca de todos. Cualquier ranking asociado al desarrollo encuentra al país del Sudeste Asiático en los primeros puestos. Sea que mida cuestiones macro o microeconómicas, seguridad pública, innovación o educación, ahí esta Singapur en lo más alto de la tabla. Esto incluye el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas que mide el nivel de vida y el de Percepción de corrupción en el sector público, donde Singapur muestra un lugar envidiable entre los países con menos corrupción del planeta.

La República de Singapur, así es su denominación formal, es más una ciudad Estado que, a diferencia de las europeas, no tiene al pasado como la base de su identidad, sino el futuro. Esto es así, sobre todo, porque es un país que recién en el año 2015 cumplió sus primeros 50 años de vida independiente. Tampoco es extenso su territorio. Todo lo contrario. Singapur se compone de 64 islas que ocupan un poco menos de 720 kilómetros cuadrados lindantes con la península malaya, con la cual está comunicada por puentes.

Singapur, la imaginación al poder

Tratándose de un país de pequeñas dimensiones, su posición geopolítica puede considerarse débil por las diferentes amenazas externas que existen en la región. Sin embargo, transformó esas desventajas en sus mejores armas a partir de una posición privilegiada en los flujos comerciales del continente y de una apertura hacia el mundo sin distinciones ni complejos. Por sus puertos se trasporta el 30 % de todo el comercio asiático, es un gran receptor de inversión extranjera y a la vez es visitada cada vez por más turistas, al punto que esta actividad es uno de los principales ingresos del país.

Condicionada por la falta de territorio y la escasez de recursos naturales, Singapur se concentró en las industrias con valor agregado y con fuertes inversiones en tecnología e innovación. La ciudad cuenta con médicos robots, taxis sin conductor, todo tipo de sensores para evaluar minuto a minuto el nivel de contaminación o el estado del tráfico y una cantidad incontable de cámaras que controlan los pasos de cada ciudadano.

Pero lo que ha sido clave en el despegue económico del país fue convertirse en un centro financiero global, basado en la calidad de sus recursos humanos y la solidez de sus instituciones financieras, entre ellas un Banco Central, considerado el mejor del mundo.

Una sociedad diversa

Quien recorre las avenidas de Singapur se encuentra frente a una ciudad de diseño, limpia, ordenada y que combina espacios que recuerdan las principales metrópolis occidentales mezcladas con la influencia oriental, especialmente china. La ciudad se corona con la Bahía de Singapur donde se erige el Marina Bay Sands, un paradigmático hotel de 5 estrellas que es un icono de la ciudad con sus tres torres de 200 metros cada una.

La influencia china no es casual. De los casi 6 millones de habitantes, la gran mayoría es de origen chino (73%). La segunda etnia son los malayos, que constituyen casi el 14% de la población y luego los de origen indio, que llegan al 9%. Pero además de ellos, casi el 20% de los habitantes de Singapur son ciudadanos extranjeros no residentes, que se encuentran allí por motivos laborales. Esta diversidad se refleja también en las varias lenguas oficiales: mandarín, malayo, inglés y tamil.

¿Valores asiáticos o autoritarismo secas?

El padre fundador de la Singapur moderna fue Lee Kuan Yew, a la vez Primer Ministro desde 1959 hasta 1990 y quien diseñó un sistema de liberalizacion económica, pero con un alto control social y centralización del poder político.