menu
Opinión 07 09 2019

CIDH: Una misión que cambió la historia


Autor: Santiago Cantón









Más de una década antes, en el 2000, el canciller de Fujimori, Fernando de Trazegnies, rechazaba la “interferencia externa” de la OEA exclamando frente a los excesivamente respetuosos 34 cancilleres de la región, que el Perú era como su casa y el anfitrión es el que decide quién entra y quién no.

La lista de rechazos a la supervisión de organismos internacionales es interminable. Lamentablemente, siempre fue así y lo continúa siendo. La modernidad líquida parece no haber alcanzado al principio de soberanía, que con sus casi cuatro siglos de vida continúa alimentando violaciones a los Derechos Humanos en todo el mundo.

Sin embargo, hace 40 años, con las mismas manos con las que desaparecía, torturaba y ejecutaba a miles de personas, la dictadura argentina firmó la carta para invitar a la CIDH. El 6 de septiembre de 1979, los integrantes de la Comisión Interamericana llegaban al Hotel de Retiro.

Quizá no lo sabían, pero iban a cambiar en esos 14 días la historia de Argentina y de la propia CIDH ¿Qué pasó para que una dictadura, muy consciente de su accionar criminal, aceptara una misión internacional para que los evaluara en DD.HH.?

Hubo factores nacionales e internacionales que llevaron a la dictadura a tomar su decisión. A nivel internacional, el mundo cambiaba rápidamente. El Mayo de 1968 en Francia, la retirada de EE.UU de Saigón en 1973, le agregaron valores y principios morales a un mundo que se despertaba lentamente de un orden mundial conservador luego de la Segunda Guerra Mundial.

El 20 de enero de 1977 asume en EE.UU. Jimmy Carter, y en su discurso inaugural no deja dudas que los vientos estaban cambiando: “Nuestro compromiso con los derechos humanos debe ser absoluto...los poderosos no deben perseguir a los débiles y la dignidad del ser humano debe fortalecerse”. El mundo tomó nota.

En septiembre de 1978, el vicepresidente de EE.UU. Walter Mondale y el dictador Videla acordaron la visita de una misión de la CIDH. Con miles de desaparecidos, torturados, ejecutados y bebés robados, la decisión de Videla no se basó en una repentina aceptación del issue Derechos Humanos sino algo mas coherente con su raíz amoral; desbloquear un crédito multimillonario del Export-Import Bank de EE.UU. para financiar la construcción de una fábrica de turbinas que abastecería a Yaciretá.

Pero mas allá de los factores internacionales para lograr la visita de la CIDH existió un factor que trasciende a todos los otros, la voz de la víctimas: “Después de haber golpeado, no sé si 20.000 o 30.000 puertas para saber algo, y siempre con resultado negativo, recurro a Ud. para rogarle, con las pocas fuerzas que me quedan, si puede informarme algo, cualquier cosa referente a el, pues mi vida no tiene sentido. Es terrible, como un desgarro, una herida que sangra desde hace mas de dos años, que sólo la llegada de mi hijo sano y salvo la puede curar”. Antes de la visita de 1979, más de mil cartas escritas a mano por madres argentinas desde todos los rincones de la República, alteraron la paz diplomática de Washington DC, e interpelaron a los miembros de la CIDH. Como en muchas ocasiones, víctimas de violaciones a los derechos humanos movilizaban a la Comisión como última instancia, frente a la impunidad asesina de la Justicia argentina. La larga fila de las madres frente a las oficinas de la OEA, desafiando la violencia criminal de la dictadura, permitió que la CIDH regresara con mas de 5000 denuncias de desapariciones.

La visita de la Comisión fue el comienzo del fin de la dictadura. El Informe presentado en 1980 ante los cancilleres del hemisferio, hizo visible en todo el mundo la magnitud de las violaciones, especialmente la práctica de la desaparición forzada como mecanismo para implantar el terror y la impunidad. El Informe de la Comisión iluminó los crímenes de Lesa Humanidad que ocurrían en la oscuridad y el silencio. Pero la visita también fue un punto de inflexión para la CIDH. El impacto mundial del Informe, gracias a su rigurosidad y la capacidad de la Comisión para actuar de forma independiente frente a los propios Estados miembros de la OEA, forjaron una CIDH que durante los últimos 40 años ha sido crucial en defensa de los DD.HH. para cientos de millones de personas en las Américas.

La voz de las víctimas es el principal pilar que sostiene el funcionamiento de los órganos nacionales e internacionales. La voz de las víctimas no distingue entre violaciones de dictaduras, autoritarismos o democracias. La voz de las víctimas construyó el Informe de la CIDH hace 40 años en Argentina y lo continúan haciendo hoy por los estudiantes de Ayotzinapa en México, o por los miles de ejecutados en Venezuela y Nicaragua, o por los millones de migrantes en el mundo entero que solo buscan una vida libre de violencia.

Publiado en Clarín el 6 de septiembre de 2019

Link https://www.clarin.com/opinion/cidh-mision-cambio-historia_0_NBT9JbshX.html