menu
Opinión 19 07 2019

El Mercosur tiene mucho que aprender del modelo europeo


Autor: Luis Rappoport









Después de veinte años de marchas y contramarchas, el Mercosur cerró un acuerdo de asociación estratégica con la Unión Europea. Es, quizás, el acontecimiento más importante que protagoniza nuestro bloque de naciones, el más cerrado al comercio internacional del mundo. Abre formidables oportunidades para el desarrollo económico, el fortalecimiento de la democracia y la mejora de las condiciones de vida de la población de nuestras cuatro naciones.

Se abre un nuevo proceso, será importante perseverar y aprender de Europa y, también, de nuestros errores. Hay un primer paso: saber qué es y qué hace la Unión Europea.

La Unión Europea es la construcción colectiva de paz, democracia y cooperación más importante de la historia de Occidente. Y, como parte de esa construcción, protagoniza una de las experiencias más interesantes de gestión del desarrollo. Esa gestión tiene un enfoque territorial para equilibrar el desarrollo relativo de los distintos países y regiones europeas y, de esa forma, promover en todos ellos la cohesión social, un alto nivel de vida y el goce de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Esa gestión del desarrollo conforma un triángulo: 1) fondos, 2) instituciones y, 3) capacidades técnicas. El 100% de los “Fondos Estructurales” (el principal rubro del presupuesto comunitario, y cerca del 0.5% del Producto Bruto de Europa) y buena parte de los fondos científico tecnológicos y educativos, conforman el primer punto del triángulo.

El segundo punto, de las instituciones europeas se ordena con dos principios: el de subsidiariedad y el de cohesión. El primero define el concepto de una gobernanza multinivel donde la gestión debe estar lo más cerca que sea posible de los ciudadanos. Esto permite afianzar la democracia y, además, facilita la innovación y de difusión de la tecnología –particularmente entre las pymes- porque esta se da con más eficacia en los ámbitos locales: una pyme metalúrgica que debe incorporarse la revolución de la industria 4.0 lo organiza con un centro tecnológico local y a través del trabajo conjunto con empresas de software locales.

El tercer punto del triángulo es una de las prioridades europeas: como las acciones tienen un vector crítico en regiones y municipios, los funcionarios de esos niveles deben tener las capacidades técnicas para gestionar las políticas públicas para el desarrollo, junto con la academia y las empresas.

En definitiva, buena parte de las políticas de desarrollo europeas se opera desde el nivel regional (equivalente a nuestras provincias) a través de un sistema de fondos condicionados a estrategias locales, programas operativos extremadamente detallados, monitoreos de desempeño y control de los impactos, sustentados en evidencias e información sistemática. Las estrategias buscan la especialización a través de la integración de la ciencia, la tecnología y la innovación con la actividad empresarial local.

El Mercosur y, particularmente los países federales, Argentina y Brasil, tienen mucho para aprender y adaptar del modelo europeo. Brasil está dando pasos hacia el equilibrio de sus cuentas públicas y tiene organizaciones (como el Sebrae, el Embrapa, el Int, entre otras) que van a ser claves, y dio una señal importante con la creación de un ministerio del desarrollo regional y urbano.

Nosotros tenemos fortalezas, que debemos aprovechar y debilidades que debemos superar. En el nivel nacional construimos un camino hacia el equilibrio macroeconómico –que permitirá, si persistimos, “tener” una moneda y crédito-, los acuerdos comerciales facilitarán el acceso a los mercados y las leyes sobre emprendedorismo, pymes y servicios del conocimiento son pasos en el camino.

Se prevé un calendario para la reducción del impuesto distorsivos, entre otros, el de los Ingresos Brutos. Más generalmente, en la medida que racionalicemos el gasto público podremos reducir el peso del Estado sobre las empresas y sobre el empleo. El Cofecyt (Consejo Federal de Ciencia y Tecnología) -pese a estar descapitalizado- es un ámbito federal apto para una política federal de ciencia y tecnología. Y, quizás, nuestra principal fortaleza está en el INTI y el INTA, dos organizaciones de excelencia, con presencia en todo el territorio nacional y capacidades científicas y tecnológicas como para cooperar con las estrategias provinciales de desarrollo.

Varias provincias tienen políticas, marcos normativos y organizaciones para la gestión del desarrollo y, recientemente, participaron de programas de fortalecimiento de sus capacidades con la cooperación europea.

¿Qué falta?: en primer lugar un “Fondo de Federal para el Desarrollo Provincial y Urbano”, con una gobernanza que asocie a las provincias con la Nación, y una estructura técnica independiente con el protagonismo central del INTI y el INTA. Y el fortalecimiento de las capacidades de en los tres niveles de gobierno (Nación, provincias y municipios), que hagan posible una gestión multi-nivel del desarrollo.

En segundo lugar, más y mejor “educación”, la competencia entre países y regiones es una competencia entre sistemas educativos. Los del Mercosur deberán, en poco tiempo estar a la altura de los de la Unión Europea. En tercer lugar y sobre todo, perseverancia y continuidad.

La buena noticia es que, como parte de su tradición, la Unión Europea tiene y seguirá teniendo, disposición a cooperar en el fortalecimiento institucional y técnico de los países del Mercosur para que el acuerdo sea, crecientemente, un acuerdo entre pares.

 

Publicado en Clarín el 18 de julio de 2019.

Link https://www.clarin.com/opinion/mercosur-aprender-modelo-europeo_0_btY43syGy.html