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Opinión 17 06 2019

Un largo y sinuoso camino en la protección de la infancia


Autor: Lucrecia Teixidó









Los derechos sociales surgieron de la mano de las conquistas de los trabajadores de fines del siglo XIX. No es casual entonces que fuera en Inglaterra, cuna de la revolución industrial, donde se produjeron las primeras iniciativas dirigidas a los niños y niñas pobres que formaban parte del ejército de trabajadores.

El trabajo infantil fue el primer ámbito de regulación de las protecciones obreras. Aunque hoy parezca asombroso, se puso en discusión si era “natural” el ingreso al trabajo desde los 4 o 5 años o debía elevarse a los 9, si el máximo de horas diarias debía fijarse en 14 o 16, si las jornadas nocturnas afectaban o no a su salud y bienestar.

Estos temas estaban presentes en las reuniones de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1864, la Federación Internacional de Mineros en 1892, en los congresos socialistas de Zurich y Londres de 1893 y en la Federación Litográfica internacional en 1896. Y atravesaron la agenda política internacional. Se sucedieron así, la Conferencia Internacional del Trabajo de Berlín de 1890, los Congresos internacionales de Zurich y Bruselas de 1897, el Primer Congreso Internacional de Protección Obrera, la Conferencia Internacional para la protección legal de los trabajadores de París de 1900, la creación de la Asociación Internacional para la Protección de los Trabajadores y las Conferencias de Berna de 1905, 1906 y 1913.

El Tratado de Versalles que terminó con la Primera Guerra Mundial, fue un espacio de oscuridades diplomáticas muy bien descriptas por Keynes en su ensayo El Consejo de los cuatro (París, 1919), pero también el ámbito de otras iniciativas que buscaban reparar la destrucción de vidas y bienestar de millones de seres humanos y, por qué no, prevenir el avance comunista de una URSS victoriosa.

Una de ellas fue la creación de la Organización internacional del Trabajo en 1919. Su constitución hacía un expreso reconocimiento de la justicia social y los derechos de los trabajadores y ponía el eje en la jornada laboral, el trabajo infantil y de las mujeres. Este año se cumplen 100 años de la creación de la OIT. Los convenios de esta organización tripartita adquieren relevancia nacional al ser ratificados por cada Estado. Más temprano o más tarde los gobiernos deben dar respuesta a los compromisos asumidos, aunque cada uno lo hace a ritmos absolutamente dispares.

La Argentina no fue ajena a este proceso. Por una iniciativa socialista, sancionó en 1907 la Ley 5291 que pretendía regular el trabajo de mujeres y niños. Desde una perspectiva histórica, se pueden reconocer significativos avances en la protección de los derechos de la infancia, en la erradicación del trabajo infantil y la regulación del trabajo adolescente.

Pero la vida humana se mide en ciclos más breves. Aún con buenas leyes nacionales e internacionales, día a día niños, niñas y adolescentes pobres se incorporan al trabajo en el ámbito rural y en las infinitas modalidades del trabajo urbano. Y si no median acciones positivas desde el Estado, ya adultos serán mano de obra sin calificación y por tanto “desechable”.

¿Dónde están las causas? ¿En la complejidad de nuestro federalismo históricamente asociado a una concepción binaria de la acción política? ¿En las debilidades institucionales y administrativas nacionales, provinciales y/o municipales? ¿En prioridades políticas y asignaciones presupuestarias equivocadas?

Las promesas incumplidas de la democracia (los derechos vulnerados) no son ni serán reclamadas por sombras etéreas en un paraíso futuro, sino por las generaciones presentes, que son también las futuras.

Publicado en Clarín el 15 de junio de 2019.

Link https://www.clarin.com/opinion/largo-sinuoso-camino-proteccion-infancia_0_q3dypO_Y0.html