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Opinión 10 04 2019

General Enrique Mosconi: El gran militar del desarrollo de la energía argentina


Autor: Eduardo Lazzari









El relato de la historia argentina de los años que van desde 1880 a 1930, considerados los de mayor desarrollo del país en los aspectos sociales, económicos, políticos y educativos, suele considerar a la expansión de la agricultura y la ganadería como el eje de ese proceso de crecimiento y consolidación nacional, apalancado por la inmigración, que aportó la mano de obra necesaria, lo que sumado a la correcta inserción de la economía argentina en el mundo, provocó un inédito período de desarrollo argentino.

Sin embargo, vamos a dedicarnos hoy a un personaje, cuya sola biografía es una demostración de que aquella etapa de la Argentina se debió a una decisión de todos los factores políticos, que tuvo por norte la conversión del país en uno de los más modernos y dinámicos de su tiempo, y sobre todo con un equilibrio entre los sectores sociales, lo que facilitó la ubicación del país entre los líderes de Sudamérica y fue ejemplo para el mundo.

La figura ya legendaria del general Enrique Mosconi es el ejemplo acabado de la libre participación de las voluntades individuales en el proceso del desarrollo argentino que forma parte de la memoria colectiva y un espejo para el tratamiento de los temas argentinos.

 

Infancia y formación

Enrique Carlos Alberto Mosconi nace en la ciudad de Buenos Aires, el 21 de febrero de 1877, en la medianía de la presidencia fundadora de Nicolás Avellaneda. Era hijo de un inmigrante italiano de profesión ingeniero ferroviario, Enrico, que llega al país contratado para tender vías en el interior del país, y de María Juana Canavery, una criolla de ascendencia irlandesa. Su tío Ángel, hermano de su madre, iba a ser decisivo en la futura vocación militar de su sobrino, al que influyó notablemente contándole sus peripecias como expedicionario al desierto, bajo el comando de Julio Argentino Roca. Tuvo cuatro hermanos y la familia se traslada a Italia por razones laborales del padre. Al morir la madre de Enrique, vuelven a la Argentina, y Enrico vuelve a casarse, esta vez con una condesa, María Luisa Natti. El recuerdo del deseo de su madre y la presencia de su tío militar lo convencieron de entrar al Colegio Militar de la Nación, decisión que toma el 26 de mayo de 1891, luego de terminar la escuela primaria, a los 14 años.

Oficial del ejército e ingeniero civil

En 1894 recibe su primer grado militar como subteniente en el arma de infantería. Recibe el diploma de honor y es el primero de su promoción. Su primer destino fue el Regimiento de Infantería de Río Cuarto, antigua comandancia de frontera, donde comienza a redactar un reglamento para la infantería de campaña, detallando los procedimientos para el manejo de los explosivos y las instrucciones necesarias para la construcción de puentes. El año 1896 va a ser fundamental en la carrera de Mosconi, ya que lo trasladan a Buenos Aires, lo ascienden al grado superior y comienza a estudiar ingeniería civil en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde se gradúa siete años después. Es uno de los protagonistas de ese tiempo notable en que los militares solían estudiar alguna carrera universitaria, lo que les daba roce social y una relación muy activa con sus colegas civiles y su ambiente. Con el fin del siglo XIX, le encomiendan trabajos topográficos en la zona andina de Mendoza y luego en la Patagonia para inspeccionar el posible trazado de ferrocarriles desde el Neuquén, impulsado por la ley de fomento de los territorios nacionales N° 5555, escrita por el perito Francisco Pascacio Moreno y José María Ramos Mejía. Su trabajo final en la Universidad proponía la realización de represas hidráulicas en el lago Nahuel Huapí y los río Limay y Negro, con el fin de hacerlos navegables. En 1903 es trasladado al arma de ingenieros del Ejército nacional. En 1906 es enviado a Europa como miembro de una comisión de profesionales para el estudio de la energía hidráulica y el gas para producir electricidad. Permaneció hasta 1909, habiéndose incorporado al ejército alemán en el regimiento 10 de Westfalia, cursando paralelamente en la Academia Militar germana el curso de artillería e ingeniería militar. Allí nace su ideario industrialista. A su regreso es jefe del batallón 2 de Ingenieros y vuelven a enviarlo a Francia y al imperio Austro-Húngaro para asimilar conocimientos en tendidos telegráficos y ferroviarios. Regresa al país al estallar la Gran Guerra. Llega a ser subdirector general de Arsenales de Guerra del Ejército en 1915, cargo que ocupa durante toda la primera guerra mundial, hasta 1918. Este hecho resalta la estima por sus condiciones, ya que mantiene el cargo durante la transición entre los gobiernos conservador de Victorino de la Plaza y radical de Hipólito Yrigoyen.

Pionero de la aeronáutica argentina

En 1920 alcanza la Dirección General del Servicio de Aeronáutica del Ejército, siendo un promotor extraordinario del poder aéreo, basado en la incorporación de aviones, la preparación de oficiales pilotos. Desde los inicios de la aviación militar argentina, junto a Jorge Newbery y Aarón de Anchorena, fue promotor de la primera escuadrilla aérea, la Escuela de Aviación y la primera base aérea, todo con sede en El Palomar, en las afueras de Buenos Aires. En 1970 fue reconocido como “Precursor de la Aeronáutica Argentina” por medio de una ley nacional. Sus ideas respecto de una aviación moderna influyen en la creación en 1927 de la Fábrica Militar de Aviones, en Córdoba, la primera en toda Sudamérica. Su conocimiento del mundo de la aviación lo puso en contacto con una situación grave que influyó notablemente en sus ideas sobre el petróleo. En tiempos de la primera guerra mundial, Mosconi estaba a cargo de la instrucción de los aspirantes a piloto, y las petroleras extranjeras, que eran las únicas que podían suministrar nafta para aviones, se negaron a hacerlo, incluso a cualquier precio, por las condiciones del mercado. Allí Mosconi relacionó para siempre la disposición de combustible con la defensa de la soberanía, ya que de no contar con los derivados del petróleo, no se podía mover la flota de guerra, no podían volar los aviones de combate y no podía movilizarse ninguna tropa del ejército. Esto llevó a Mosconi a defender la necesidad de contar con una empresa petrolera estatal, y además alimentó su enfrentamiento con las petroleras no argentinas. Del Servicio Aéreo fue transferido por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear a la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, por entonces dependiente del Ministerio de Agricultura.

Directo general de Yacimientos Petrolíferos Fiscales

 

El presidente Hipólito Yrigoyen, en línea con las ideas de los gobiernos conservadores, que sostenían la propiedad estatal de los yacimientos de petróleo, crea la Dirección Nacional de YPF hacia fines de su primer gobierno, el 3 de junio de 1922. Siendo Mosconi el candidato más indicado por su preparación profesional, sin embargo se demora el nombramiento del director por la desconfianza visceral que Yrigoyen tenía por los militares que no adherían abiertamente a su partido. Es por esa razón que el general Mosconi llega al puesto recién el 16 de octubre de ese año, en una de las primeras decisiones que toma Alvear, que también nombra a otro “general ingeniero civil” en su gobierno: el ministro de guerra Agustín Pedro Justo, con quien Mosconi no se llevaba nada bien.

Para entender a Mosconi a cargo de YPF hay que recordar su relación con el ingeniero Enrique Hermitte, que era el funcionario público que participó del descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia en 1907, creador de la doctrina estatal respecto de los yacimientos. La tarea de Mosconi convirtió una dependencia menor del gobierno en la primera empresa petrolera estatal de la historia mundial, dentro del sistema capitalista. El único antecedente era la empresa “Anglo-Persian Oil Company”, creada por el almirantazgo británico junto a empresarios petroleros, que era mixta, es decir con capital estatal y privado. Y además YPF fue la primera petrolera en abarcar todo el proceso productivo, ya que exploraba, extraía, destilaba, distribuía y vendía petróleo y naftas.

Son palabras del general Mosconi: “No queda otro camino que el monopolio del Estado pero en forma integral, es decir, en todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el transporte y el comercio… sin monopolio del petróleo es difícil, diré más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial las organizaciones del capital privado”. El primer aporte del estado argentino, a través del presupuesto nacional, fue de ocho millones de pesos, para el funcionamiento integral de la que por entonces se empieza a llamar “empresa” y deja de ser una dependencia burocrática, que pasa a ser reconocida como YPF.

Su combate contra los monopolios extranjeros de combustibles fue una de sus obsesiones, y es recordada su pelea contra la empresa estadounidense “Standard Oil” en Salta, donde las concesiones del gobierno provincial atentaban contra la política buscada por Mosconi. Logró su cometido luego de ocho años de formidables enfrentamientos contra los norteamericanos, sus representantes locales y el gobierno provincial. Esta doctrina estatal petrolera ha tenido una larga presencia en el debate sobre la energía argentina.

Una decisión de gran impacto fue fijar un precio fijo para todo el país, eliminando las diferencias que establecían las empresas privadas, logrando conquistar de esa manera una gran porción del mercado, apoyada también en la instalación de centenares de surtidores en las calles y las rutas de todo el país, promoviendo además la producción de los mismos en el país, algo que benefició sobre todo a Siam, una fábrica de amasadoras mecánicas de pan que se reconvirtió para ser la principal fabricante de surtidores de Sudamérica.

 

La destilería de La Plata

En la estrategia de Mosconi la posibilidad de destilar el petróleo que la Argentina extraía era uno de los objetivos fundamentales. Por entonces se importaba petróleo y naftas. Así fue que en negociaciones con empresas estadounidenses, firma un contrato para levantar una destilería en la zona del puerto de La Plata, bajo la modalidad “llave en mano”, es decir entrega de la planta funcionando. Las obras comenzaron el 14 de enero de 1925 y el 23 de diciembre de ese año fue inaugurada por el presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, el gobernador bonaerense José María Cantilo y el director de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el general ingeniero Enrique Mosconi. Era la décima refinería de petróleo del mundo por su capacidad, construida en once meses, hecho que demostraba la capacidad del gerenciamiento de YPF.

Además Mosconi estableció la prioridad empresarial en Comodoro Rivadavia, bautizada así en homenaje al primer ministro de Marina del país, Martín Rivadavia. Mosconi decidió invertir ingentes sumas para mejorar la producción del combustible fósil y por esa razón estableció campamentos, perforó nuevos pozos y promovió la electrificación de la extracción. Vale recordar que fue inflexible en el tratamiento de las huelgas en la empresa, llegando a militarizar a los obreros para que no se detuviera la producción.

Propuso la nacionalización de los yacimientos petroleros a través de una ley del Congreso Nacional, pero las disensiones en el partido de gobierno, la Unión Cívica Radical, por las peleas entre “personalistas” (seguidores de Yrigoyen) y “antipersonalistas” (seguidores de Alvear) postergó su tratamiento hasta mediados de los años 30, cuando ya Mosconi no tenía influencia en los asuntos políticos vinculados a la energía.

 

Retiro y muerte

En 1930, ya fuera de YPF por decisión del gobierno de facto de José Félix Uriburu, su condición de militar radical lo hace sospechoso y se produce una anécdota que no por graciosa, deja de ser infame. Un capitán del ejército lo llama por teléfono a su casa para pedirle a Mosconi que sea el padrino de su hija recién nacida, dándole la fecha, el horario y el lugar de la ceremonia. Quienes espiaban al general pensaron que era un mensaje en clave para iniciar una conspiración, y detuvieron a los dos militares, que pasaron un tiempo encarcelados. El prestigio de Mosconi, que había sido presidente del Círculo Militar, tanto en los ambientes civiles como militares, causaba terror en el gobierno dictatorial de Uriburu y por eso la exageración en la reacción ante un mensaje tan inocente.

El último servicio militar del general Mosconi fue como Director de Tiro del Ejército en 1932, lo que claramente constituye una forma poco sutil de quitarlo del medio por parte del presidente Agustín P. Justo, su colega adversario. Mosconi sufre una hemiplejia que lo inmoviliza en 1933, por lo que es retirado del servicio activo como general de división. Sufre el hecho de ser ignorado por su sucesor en YPF, el ingeniero Ricardo Silveyra, que lleva a cabo una tarea en la línea de Mosconi y ubica a la empresa petrolera como la líder del país. En esos años de la década de 1930 escribe y publica su testamento ideológico como libro: “El Petróleo Argentino – 1922/1930”. En esos años de olvido la Academia de Ciencias de Río de Janeiro le otorgó la “Medalla de Oro” al mérito.

Enrique Mosconi muere el 4 de junio de 1940, en su casa de la calle Aráoz 2592, que compartía con sus hermanas en Buenos Aires, en el barrio de clase media de Palermo. Su cuenta bancaria en el Banco de la Provincia de Buenos Aires tenía un saldo de $ 9,90.- y aún debía cuotas del préstamo del Banco Hipotecario Nacional con el que había comprado el inmueble en que vivía. Fue sepultado en el cementerio porteño de la Recoleta, y se construyó un mausoleo en su honor, costeado por YPF.

 

Homenajes

Hay que decir que la Argentina ha estado a la altura del personaje y los homenajes en su honor se cuentan por centenares. Tres ciudades llevan su nombre, en Chubut, Formosa y Salta. Dos aeropuertos vinculados a la actividad petrolera también, en Tartagal y en Comodoro Rivadavia. El correo argentino ha emitido estampillas con su rostro. Calles, avenidas, puentes, plazas, escuelas y monumentos se encuentran en todos los rincones del país, e incluso un centro de estudiantes universitario se llama “Enrique Mosconi” y se ha fundado un instituto especializado en temas energéticos llamado igual.

Pero sin duda el mayor reconocimiento es que la tradición empresaria de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales argentinos se difundió por todo el continente, con la creación de Ypfb en Bolivia en 1936, Ancap en Uruguay en 1931, CNP (luego Petrobras en Brasil) y Pemex en México, ambas en 1938. De hecho en el edificio central de Petrobras hay un busto que lo reconoce como pionero de la política petrolera regional. La privatización de la petrolera argentina en la década del 90 convirtió a los Yacimientos Petrolíferos Fiscales en la sigla YPF, que es solo una marca. Su estatización en 2012 no estuvo exenta de polémicas, pero no significó la recuperación del nombre original. YPF es una marca cuyas letras solo son la memoria de una sigla perdida.

La herencia para todos los argentinos de Enrique Mosconi es la tarea ejercida con profesionalismo, austeridad y honestidad, virtudes que de ser puestas en práctica por todos los ciudadanos, sin duda, nuestro país hoy sería.

 

Publicado en El Litoral el 24 y el 31 de marzo de 2019.

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