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Opinión 07 01 2017

Guillier, tentación y dudas del político de moda en Chile


Autor: Rogelio Núñez









Publicado en Infolatam el 5 de enero de 2017

Infolatam

 

2017 es un año con claro sabor electoral en Chile que celebra comicios presidenciales en noviembre (primera vuelta) y muy posiblemente en diciembre (segunda vuelta). La figura de Alejandro Guillier se alza como la gran revelación de la campaña en la que los tradicionales referentes (Ricardo Lagos) están en crisis.

En pocos meses, a lo largo de la segunda mitad de 2016, Guillier paso de no estar ni siquiera presente en las encuestas de intención de voto a ser el candidato más competitivo de la coalición oficialista, Nueva Mayoría, en el poder desde 2014.

De hecho, el senador independiente Alejandro Guillier acabó 2016 con una excelente noticias: era el único precandidato de Nueva Mayoría que ganaría en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas de 2017 a todos los demás candidatos, según los resultados de una encuesta publicada por la consultora CERC-MORI.

Guillier, el candidato más competitivo del oficialismo

En primera vuelta, con todos los candidatos en el escenario, se mantenía como favorito el expresidente Sebastián Piñera (2010-2014), con un 23% de las preferencias, cuatro puntos más que en el sondeo del pasado octubre, de acuerdo con el “Barómetro de la Política” de esta consultora.

En ese escenario, Guillier se situaba en segundo lugar con un 19% y una subida de ocho puntos respecto de la encuesta anterior, mientras tercero aparecía el también expresidente Ricardo Lagos (2000-2006), que se mantiene con un 9% de las preferencias.

En este tiempo, en la segunda mitad de 2016, Alejandro Guillier se ha convertido en una tentación para los partidos que integran Nueva Mayoría y para el electorado en su conjunto.

Para los partidos de la Nueva Mayoría, Guillier encarna un liderazgo joven y renovador (frente a Ricardo Lagos quien es protagonista de la política chilena desde los años 80 y que ya fuera presidente entre 2000 y 2006).

Además, Guillier se ha transformado en un precandidato muy competitivo, el más competitivo porque es el único que tiene casi la misma intención de voto que Piñera y que puntúa muy por encima de Lagos.

Atrae a su propia fuerza (es independiente pero vinculado al Partido Radical) y es una figura atractiva para ciertos sectores del Partido Socialista.

De hecho, un grupo de parlamentarios del PS, del PPD e independientes han grabado un video de apoyo al actual senador y precandidato presidencial en el que inician su exposición afirmando: “Estoy con Guillier”.

El próximo 21 de enero, el PPD va a proclamar a Ricardo Lagos como su candidato pese a que al interior de esta fuerza el diputado Tucapel Jiménez y el senador Guido Girardi no son partidarios de apoyar al ex presidente.

“Tengo una muy buena opinión de Guillier, porque me parece una persona seria. Creo que es muy mala esta actitud de descalificar y ningunear a otro. Alejandro Guillier no es populista, tiene liderazgo propio y representa un castigo de la sociedad a la elite progresista por no cumplir con las expectativas. Él tiene interés por los temas del futuro, es honesto, íntegro. Ha demostrado un interés genuino por los temas de desarrollo del país”, apunta Giradi.

Por su lado, el Partido Socialista estudiará el próximo 21 de enero la posibilidad de llevar a cabo, o no, una primaria entre el propio Lagos y otros precandidatos socialistas (José Miguel Insulza y Fernando Atria).

Ricardo Lagos está viendo como parte de su electorado potencial se ha marchado hacia Alejandro Guillier quien no solo es el precandidato de Nueva Mayoría que más alto puntúa sino que además ha ido recortando distancias en este tiempo con respecto a Piñera.

Lagos apela a renovar la mística de los viejos tiempos (“si yo hubiese creído en las encuestas, las encuestas daban que perdíamos el plebiscito” de 1988)  pero la verdad es que los apoyos hacia su figura escasean en la ciudadanía y entre las fuerzas políticas.

Las dudas que despierta Guillier

Las incógnitas que despierta Guillier son fundamentalmente dos.

En primer lugar, si su candidatura y sus posibilidades de seguir arriba en las encuestas se mantendrán con el paso del tiempo. El temor a que padezca un fuerte desgaste a medida que se acerque la campaña es muy elevado, dado que hasta ahora Guillier ha navegado en la ambigüedad en cuanto a sus propuestas de gobierno.

En enero de 2016 nadie pensaba que Guillier fuera una carta presidencial. En agosto, la encuestadora Adimark señalaba que Guillier marcaba un 5%, igualando a Ricardo Lagos; en octubre ya lo superaba y en noviembre la distancia llegaba a 14 puntos a favor de un Guillier que acabó el año no solo como el único capaz de derrotar a Piñera en una segunda vuelta, según la encuesta Cerc Mori de diciembre.

En Chile ya ha habido otros casos de candidatos que emergieron con inusitada rapidez y que acabaron, también muy rápido, hundidos y fuera de la carrera presidencial.

En 2013 Laurence Golborne, un ex ministro de Piñera que forjó su popularidad al liderar el rescate de los 33 mineros de Atacama, se retiró de la carrera a la Presidencia de Chile, acorralado por dos polémicas que se remontan a su pasado como empresario cuando se perfilaba como el gran favorito para competir con Michelle Bachelet.

El líder socialista, Camilo Escalona, que apoya la candidatura de Lagos, lo ha explicado muy bien: “Ojalá perduré Guillier, ya que sería triste que una persona alcance tanta popularidad y después se desvanezca como la lluvia. Entiendo que la política es mucho más que eso y muchos se cambian por el exitismo. Acá hay muchos que critican el neoliberalismo, pero lo único que buscan es el exitismo a corto plazo. Soy franco y no oculto mi opinión. ¿Ahora? Cuáles son las ideas que tiene, cuál es su programa, qué propone para el país, quien lo va a sostener, qué alianza lo logrará mantener. Entonces hay que tener un proyecto político”.

En segundo lugar, Guillier ha emergido como el candidato más carismático y con más llegada para el electorado pero poco se sabe de cuáles son las claves que definirían su gestión.

Ha levantado muchas esperanzas y grandes expectativas pero la duda, y la desconfianza, es cómo lograría cumplir con lo que promete.

El temor es que se repita lo ocurrido con Michelle Bachelet quien llegó a la presidencia aupada por las esperanzas y expectativas que levantó en 2013 lo que le llevó a arrasar en las elecciones presidenciales de ese año. Luego, todas las expectativas que creó se fueron hundiendo progresivamente a lo largo de una gestión marcada por el fracaso de su proyecto reformista.

Como apunta el analista Patricio Navia en El Líbero, “el principal problema de Guillier es la necesidad de construir un concepto de campaña. Hasta ahora ha coqueteado con seguir el mismo camino que llevó a Bachelet II al poder en la campaña de 2013.  Lamentablemente para él, la mezcla de sonrisa rápida y la excusa de que las cosas ahora se harán bien porque las haremos entre todos suena demasiado parecido a lo que prometió ella. Eso constituye un problema”.