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Opinión 26 12 2018

Riesgo país ¿quo vadis?


Autor: Mario Brodersohn









Las últimas encuestas de opinión coinciden en que Mauricio Macri y Cristina Kirchner tienen la misma intención de voto en las elecciones presidenciales del 2019, esto es, que siguen abiertas las expectativas de que Cristina y la Cámpora pueden triunfar en las elecciones presidenciales.

Los operadores económicos sostienen que la simple sospecha de un triunfo del kirchnerismo nos lleva antes de las elecciones a una nueva corrida cambiaria que termina en un nuevo default de la deuda. Ninguno de los dirigentes del peronismo, sea racional o kirchnerista, tiene credibilidad en los mercados financieros internacionales como para acceder al refinanciamiento de los vencimientos de deuda pública del 2020 en adelante. Los operadores económicos dejan trascender que es perder tiempo y una ingenuidad política prestar atención a los tímidos intentos de Kicillof y la Cámpora de mostrar una predisposición favorable al rol de la inversión privada y a negociar con el FMI. No tiene ningún sentido analizar este camino por los resultados catastróficos económicos y político-institucionales que producirá.

Desde el mes de agosto el riesgo país argentino fluctúa dentro de una banda entre 600 y 800 puntos básicos (en el lenguaje decimal sería entre el 6% y 8% anual). El riesgo país se acerca a la banda superior cuando aparecen encuestas que le dan chances de triunfar a Cristina Kirchner o que las dos caras del peronismo, la racional y la kirchnerista, envían señales de que están dispuestos a hacer concesiones para unir al peronismo. Por el otro lado, el riesgo país se acerca a la base inferior cuando trascienden noticias de que en los primeros meses del 2019 aparecerán indicadores que revierten las tendencias recesivas y que la inflación en 2019 descenderá a la mitad de la del 2018.

Pero el tema que más preocupa a los operadores económicos es que semanas después de un acuerdo excepcional con el FMI por la magnitud del préstamo de 57.100 millones de dólares, el riesgo de insolvencia de la Argentina sea tan alto dado que duplica el riesgo de Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay y más que triplica el de Chile, Perú y Uruguay.

El alto riesgo argentino nos está sugiriendo que el triunfo electoral de Macri en las presidenciales de octubre 2019 es una condición necesaria pero no suficiente para achicar el riesgo argentino. Los operadores económicos no solo leen las encuestas sino también están llegando a conclusiones no muy favorables sobre el liderazgo de Macri en su gestión del gobierno. Hay dudas que el ADN político de Macri sea lo suficiente amplio, abierto y generoso como para concretar una coalición política que facilite acuerdos y consensos políticos para llevar adelante los cambios estructurales que demanda la economía.

Las marchas y contramarchas del Gobierno dan sustento a los que afirman que el Gobierno no tiene el carisma y el liderazgo que se necesitan cuando no se tiene mayoría parlamentaria ni presencia en los sindicatos.

Los desafíos que deberá enfrentar Macri, si es reelecto, preocupan no solo por su costo político sino porque reclaman un tratamiento urgente. El primer desafío es el tamaño del sector público y lo que ello implica en términos de sus exigencias de financiamiento. En el periodo kirchnerista el gasto público consolidado de Nación, provincias y municipios aumentó en pocos años en 20 puntos del PBI y llegó en el 2015 al máximo nivel histórico con el 47% del PBI .

El Gobierno acordó con el FondoMonetario Internacional equilibrar las cuentas fiscales operativas, esto es, un déficit fiscal primario de cero. Esta definición de déficit no incluye los intereses de la deuda pública y si los incorporamos como corresponde hacerlo, pasamos a tener un déficit fiscal financiero en el 2019 del 3,9 % del PBI (20.000 millones de dólares). En el 2019 ese déficit se financia endeudándonos con el FMI.

La Argentina tiene cerrado el acceso al mercado financiero internacional, por lo que los desembolsos del préstamo del FMI de US$57.100 millones están planteados coordinadamente con las exigencias de caja del Gobierno en el 2019. El FMI es actualmente la única fuente de financiamiento externo con que cuenta la Argentina para pagar los intereses y los vencimientos de la deuda. Para el 2020 no es suficiente la estrategia de un déficit primario de cero porque ello va a depender del acceso al mercado financiero para pagar los intereses de la deuda pública. Si no es posible sustituir el financiamiento del FMI por la banca privada internacional, no le queda otra alternativa al Gobierno que seguir ajustando para pasar a tener superávit primario para financiar parte de los intereses con nuestros recursos genuinos. Este es el desafío fiscal que va a enfrentar el próximo gobierno apenas asuma a fines del 2019.

El segundo desafío que enfrentará Macri es diseñar una estrategia para superar la histórica restricción externa al crecimiento económico. Luego de desperdiciar la explosión en el precio internacional de la soja, vuelve a entrar en escena la restricción externa al crecimiento económico tal como ha venido ocurriendo reiteradas veces en los últimos 70 años. Ahora, como en el pasado, las urgencias de corto plazo nos llevan a recurrir como último recurso a una profunda recesión que reducir, como variable de ajuste, drásticamente las importaciones. La prioridad pasa por alcanzar el equilibrio externo y a dejar para más adelante alcanzar el equilibrio interno en términos de menos desempleo, menos inflación y menos pobreza.

A partir del pico exportador en el 2012 de US$80.000 millones las exportaciones descienden a US$60.000 millones en el 2018 y enfrentan un déficit comercial externo en el 2017 de US$8.500 millones y en la cuenta corriente del Balance de Pagos de US$31.000 millones . No le quedó otra alternativa al Gobierno que contraer con un ajuste recesivo las importaciones en US$20.000 millones. El desafío pasa por elaborar una agresiva política exportadora que no debería dejar de lado en el debate, por ejemplo, que Chile exporta mineral de cobre por US$31.000 millones y la Argentina, que está en el otro lado de la misma montaña, exporta US$1.000 millones.

En los últimos 5 años el salario real de un trabajador registrado se redujo en un 15%, caída que lo lleva al mismo nivel que tenía 10 años atrás. Como resultado de esta caída, casi la tercera parte de la población argentina está en una situación de pobreza y de indigencia. Este es otro desafío que enfrentará el próximo gobierno: reducir esos índices de pobreza aumentando el salario real sin crear presiones inflacionarias.

Los tres desafíos que acabamos de sintetizar definen la herencia que deja y podría recibir Macri. Por supuesto, deberíamos incluir otras asignaturas pendientes como reformas en educación, jubilación, régimen electoral, relación financiera con provincias, etc.

Estamos lejos de repetir el escenario de fines del 2001 y el 2016. La herencia que deja el primer mandato para un segundo mandato sigue siendo muy delicada. Macri, si triunfa en las elecciones, al inicio de su segundo periodo debe asumir el liderazgo de una estrategia política que le permita contar con respaldo político para llevar adelante las reformas estructurales. Los operadores económicos pueden interpretar sus vacilaciones como una reedición de la falta de visión que mostró Macri en su primer mandato presidencial y actuar en consonancia con esta visión de la realidad política futura.

El objetivo primordial del próximo presidente debe ser buscar con amplitud y generosidad consensos políticos que contribuyan a concretar los impostergables cambios estructurales que se requieren para no caer en un escenario no deseado ni buscado de reestructuración global de la deuda pública así como Alfonsín, gobernando con generosidad, amplitud y visión de futuro, tuvo como objetivo central entregar el gobierno a otro presidente democráticamente electo.

Publicado en Clarín el 23 de diciembre de 2018.

Link https://www.clarin.com/economia/economia/riesgo-pais-quo-vadis_0_xuNndWAML.html