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Diciembre 23, 2018, 10 55am

Luciana Sabina: "En el siglo XX la Navidad adquiere centralidad a partir de las fiestas de caridad"


Autor: Diego Dib





En la víspera de Navidad, la historiadora mendocina se ocupa de contarnos como se desarrollaban los festejos locales desde la época de la Colonia.
¿Cómo era en los territorios del Virreynato del RIo de la Plata la conmemoración de la Navidad, Año Nuevo, Reyes?
En esta época el espíritu era más religioso. En los Virreinatos era muy importante el pesebre. En las crónicas de Ricardo Tello Devotto en la Lima del siglo XVIII leemos que “todos los vecinos armaban sus nacimientos una semana antes de la Navidad para que los amigos de los solares los fueran a ver”. Cada invitado llegaba a la casa con una vela encendida y era recibido con alguna bebida. En Buenos Aires eran los niños, debidamente acompañados, quienes visitaban los "nacimientos" por la noche, y poco después de las 10 regresaban a sus hogares a participar de la ceremonia a que daba lugar la distribución de juguetes del árbol de Navidad. Todos ellos se vestían obligadamente de blanco. Los templos se abrían a las 24 hs para recibir a los feligreses. Además, se celebraban "misas del gallo" no sólo en los principales, sino en todos.
¿Qué cambios se producen en el siglo XIX e inicios del XX?
Durante esta época aún la Navidad tiene sabor colonial, sin embargo se agregan algunas innovaciones, como bailes luego de las 24. Había uno en particular con mucha concurrencia, cerca de la plaza de Once. La revista Caras y Caretas del 23 de Diciembre de 1916 recuerda como eran las Navidades de 1860: “Durante el día 25 –leemos–, empleábase la mañana en descansar y en asistir de nuevo a la iglesia, siendo de rigor oir las tres misas reglamentarias de la fecha. Y por la tarde, sucedíanse diversiones de carácter francamente popular organizadas por las autoridades o por los vecindarios, las que se realizaban en las plazas de la ciudad. Carreras de sortija en la plaza de las carretas y en Palermo, palo jabonado, aeróbatas blondinescos, muñecos de goma con premios de dinero en una mano y un látigo en la otra para azotar al audaz que pretendiera apoderarse de él, y otras de idéntica naturaleza se desarrollaban desde mediodía hasta la caída de la tarde”.
¿Que referencias tenemos sobre estas fechas en la época de Rosas?
Sobre este tema son muy valiosas las investigaciones de Omar Freixa, quién especificó que “en Navidad y Año Nuevo, se congregaban alrededor del Restaurador y éste les devolvía el gesto. En la víspera de las festividades, cada nación enviaba un delegado para tratar con él y su familia. No había música. Rosas luego enviaba su delegación, incluidas a las damas federales, encabezadas por Manuelita. En Nochebuena estallaba la algarabía. La fiesta consistía en comer, beber, cantar y, también, hacer candombe. Rosas se fundía entre la multitud, aunque al comienzo se presentaba vestido con uniforme y revistaba las filas de alegres bailarines. Más tarde se hacía ver como soldado, engañando y entreteniendo a los negros que al comienzo lo veían desaparecer y, preguntándose dónde estaría, luego lo reencontraban vestido como uno más, tras la pequeña broma. Finalmente, se mostraba ataviado como paisano, y a caballo”.
¿En que momento estos festejos de Navidad o Año Nuevo adquieren una centralidad y transversalidad?
Sin duda alguna en el siglo XX, desde principios de este la Navidad comienza a tener una centralidad que podemos observar en las fiestas de caridad, así como en las publicidades de los diarios donde vemos anuncios sobre grandes ventas y se empieza a hablar de “canastas navideñas” con productos actualmente típicos, como el pan de navidad.
¿Es solo la inmigración europea la que nos trae una navidad de esas características (grandes comilonas, regalos, etcétera) o también el marketing inlfuye, sobre todo a partir de la década del sesenta?
Sin lugar a dudas la inmigración influyó mucho en nuestro modo de festejar las Navidades. Pero esto ocurre incluso antes. En diciembre de 1828, el inmigrante inglés afincado en Buenos Aires, Michel Hines armó el primer árbol de Navidad en Argentina. Se trató de un abedul que iluminó con velas, y llenó de adornos y regalos. Lo hizo en su casa para sus hijas, pero todos los vecinos que pasaban cerca pudieron observarlo maravillados. Esto sucedió en cercanías a la Manzana de las Luces.   
Ya en en el siglo XX, la llamada Tregua de Navidad durante la Primera Guerra Mundial tiene una gran trascendencia histórica, ¿por qué? ¿hay otros casos similares para destacar?
Te referís a las llamadas “Treguas de Navidad”, ceses no oficiales de las hostilidades que tuvieron lugar durante la Navidad de 1914 a lo largo del frente occidental. Sabemos de la existencia de las mismas gracias a misivas de los soldados, algunas fotos y ciertas publicaciones en diarios locales; sin embargo, se buscó que el conocimiento de dichas circunstancias no se masificara, lo que dificulta la tarea del historiador.
Si bien, fue algo que las autoridades observaron con desagrado y lograron evitar en las sucesivas Navidades, tomando medidas específicas (como rotar cada cierto número de meses a los soldados de sus trincheras, evitando que se familiarizaran con el enemigo, o bombardeando las zonas en Nochebuena), en muchos casos, suboficiales y oficiales se unieron, siendo parte de las negociaciones de paz, mientras que los generales no intervinieron para evitar los hechos.
El historiador británico Malcolm Brown, señala que se trató de la manifestación de una tradición presente en enfrentamientos precedentes, como la Guerra de Crimea, la Guerra Civil Norteamericana y la Guerra de los Boers, entre otras. Aunque considera a este episodio como el ejemplo de mayor magnitud en su tipo.
Un tiempo de paz en tierra de nadie, del que fueron parte, principalmente, alemanes y británicos, aunque  franceses y belgas también participaron, en menor medida. Los habitantes de aquellas míticas trincheras no eran más que jóvenes, casi adolescentes, despertando a la vida de la peor forma. Por algunas horas dejaron de lado sus banderas, para observarse cara a cara, estrechar sus manos y compartir lo poco que tenían a su alcance. Según las diversas fuentes consultadas, durante las treguas se cantó, se intercambiaron obsequios y hasta algunos señalan que se produjo un partido de fútbol, en el que venció Alemania a Inglaterra por tres tantos contra dos; aunque este es un dato refutado por diversos historiadores, entre ellos Brown.
En 1983 Paul McCartney eligió esta temática para el video de “Pipes of Peace”, producido por Hugh Symonds. La misma historia se cuenta en la película francesa Joyeux Noël, film altamente recomendable por su calidad argumentativa y su fidelidad histórica.
Sir Arthur Conan Doyle en una descripción célebre, se refirió al hecho como “un episodio humano en medio de todas las atrocidades que han manchado la memoria de esta guerra”. Es precisamente  la dimensión humana de este evento, relativamente desconocido, lo que conmueve y atrae en un siglo, en el que nuestra concepción de la guerra ha cambiado de manera drástica. Se trata de la manifestación de una cualidad presente en las sociedades occidentales de antaño, pero que comenzó a agonizar durante la misma Gran Guerra y a la que terminará de dar muerte el horror del Holocausto.
 

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