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Bisagra 03 01 2017

Aunque usted no lo crea el Mundo está cada día mejor










Los cambios del almanaque propician toda suerte de balances, cálculos y proyecciones. Veamos cómo le está yendo a nuestro atribulado planeta.

La inmensa mayoría de nuestros contemporáneos coinciden en afirmar que “así ya no se puede vivir” y que “el Mundo va a su autodestrucción”. Sin embargo los datos nos muestran un cuadro muy diferente: nunca la humanidad ha disfrutado de un periodo similar de crecimiento, paz y progreso. Así lo señala un detallado informe del diario El País de España.

Veamos algunas estadísticas según fuentes del Banco Mundial, Unicef, Our world in data, y Angus Maddison:

  • En el año 1900 sólo un 12 por ciento de la población mundial vivía en países democráticos, hoy ese porcentaje alcanza un 53 por ciento.
  • La esperanza de vida promedio en el mundo en 1950 era de 48 años, hoy es de 71.
  • En 1962 el porcentaje de niños que morían antes de cumplir los 5 años era del 18 por ciento, hoy no alcanza al 5 por ciento.
  • La pobreza extrema en el Mundo en 1960 era del 64 por ciento, es decir las personas que vivían con menos de 2 dólares por día, hoy es del 10 por ciento.
  • En 1990 el porcentaje de la población mundial con acceso a fuentes de agua protegidas de contaminación era del 76 por ciento, hoy es del 92 por ciento.
  •  El PBI mundial por habitante se triplicó desde 1950 a 2008. Pasó de 2.100 a 7.600 dólares per cápita.
  • Entre 1960-1980 las guerras provocaron 4 de cada 100 mil muertes. Desde el año 2000 han provocado menos del 0,5 por 100 mil.
  • En el 1900 el 78.59 por ciento de los habitantes eran analfabetos, hoy el 15 por ciento lo son.
  • El número de mujeres en los Parlamentos ha pasado del 11 por ciento en 1997 al 22 por ciento en 2015.

Sin embargo, a pesar de estas estadísticas auspiciosas, según un estudio del Instituto Motivación, el 87 por ciento de la población mundial cree que, en los últimos 20 años, la pobreza global ha permanecido igual o ha empeorado. Y es al revés: de todos los escenarios globales que ha vivido nuestra especie, éste que nos ha tocado vivir es, sin duda, el mejor.

Así lo afirma el escritor e historiador sueco Johan Norberg quien sostiene en su libro Progress: ten reasons to look forward to the future (Progreso: diez razones para mirar hacia adelante), que “el capitalismo es el sistema que más ha hecho progresar al ser humano y vivimos en el mejor momento de nuestra historia. El mundo está mejorando rápidamente. De hecho, nunca antes el mundo mejoró así de rápido, por cada minuto cien personas salen de la pobreza”.

También el historiador israelí Yuval Harari, autor de Sapiens, de animales a dioses, afirma  que “Durante el siglo XX la violencia produjo  5 por ciento de todas las muertes, y hoy  es responsable del 1 por ciento de la mortalidad global.

El filósofo francés Michel Serres demuestra  en su nuevo libro Darwin, Bonaparte et le Samaritain que “estamos viviendo la mejor época desde hace 3.000 años”.

Pero entonces, ¿Cómo es posible que exista la percepción de que emporamos cada día? Varias son las razones por las que esto sucede. Todas explican este comportamiento en forma parcial.

En primer lugar debemos tener en cuenta  que nuestro espíritu crítico también se ha desarrollado; ergo somos menos tolerantes a los errores o las injusticias y más exigentes con nosotros mismos y con nuestro entorno. Esta premisa nos hace sentir que no mejoramos o que, al menos, no mejoramos lo suficiente.

Un segundo motivo es que tenemos mejor acceso a las noticias y a la comunicación. Estamos más informados que nunca en la historia del hombre. Y en los medios de comunicación las malas noticias son las que despiertan mayor interés, las que más venden. (Esta nota que es optimista, por ejemplo, difícilmente figure en el ranking de Nuevos Papeles entre las más leídas). Las cámaras y los móviles hoy colocan on line ante nuestros ojos en forma permanente los desastres y las tragedias cotidianas. Esto nos da la sensación de que las malas noticias son más frecuentes de lo que eran.

También está el factor nostalgia. Cuando la gente piensa en el pasado tiende a atribuirle la condición de “aquellos viejos buenos tiempos”. En general se vinculan a su juventud, o a la etapa de crecimiento, o a momentos de éxito. Quizás lo que se añora no es aquel mundo de la juventud, sino la juventud misma.

Por último están las razones de la ciencia. Explicado en forma muy básica: hay varios estudios que demuestran  que el ser humano no está hecho para ser feliz. La biología nos impide estar satisfechos con nosotros mismos porque así nos mantiene activos, curiosos, alertas y ambiciosos.

Naturalmente vivimos muy lejos del mundo ideal, si es que éste puede llegar a existir, pero no cabe duda de que como especie hemos avanzado hacia aquello que denominamos progreso.  Claro que no todos los pueblos lo han hecho de la misma manera ni a la misma velocidad. En esta corriente global hubo algunos que nos empobrecimos y que retrocedimos varios casilleros. Lamentos aparte este es el tiempo de ponerse a trabajar para recuperarlos.