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Opinión 28 11 2018

Jorge Alejandro Newbery pionero de la aeronavegación argentina (2ª parte)


Autor: Eduardo Lazzari









Jorge Newbery era un espíritu progresista que encajaba perfectamente en los aires de época que campeaban en la Argentina durante los años del Centenario. El entusiasmo social, sumado al progreso económico general, hacían posibles los pensamientos en el sentido de los avances científicos y tecnológicos. Y Newbery era un hombre metódico y experimentador, que encontró en los vuelos un gran incentivo para su aporte a la sociedad de su tiempo.

Hombre del aire extraordinario

Newbery entendió que la disputa entre los aeronautas, es decir los entusiastas del vuelo en globo,  y los aviadores, que veían el futuro en los vuelos controlados de los aviones, no era un campo de lucha sino un enorme terreno para la experimentación. Por eso, si bien termina aceptando el triunfo del avión, debido a la posibilidad de elegir el momento y el destino de los vuelos, y no depender de las condiciones atmosféricas y climáticas, sin embargo logró algunos records en globo que quedaron registrados en la historia de la aeronavegación universal.

El vuelo que realizara con Aarón de Anchorena hasta Conchillas el 25 de diciembre de 1907 fue el  pionero del cono sur. El Aeroclub Argentino lo nombra presidente en 1909 y lo encabezará hasta su muerte en 1914. Debido a las ventajas de la casa de Ernesto Tornquist, “Villa Los Ombúes”, en las barrancas, cerca del barrio de Belgrano en Buenos Aires, desde allí se realizarán las ascensiones en globo y se instalará la sede del Aeroclub.

Newbery , luego de la tragedia del “Pampero”, que costó la vida a su hermano, decidió seguir adelante con los vuelos. Ello provocará una grave crisis familiar que terminará con su matrimonio.

El 28 de diciembre de 1909 realizará un ascenso con el globo “Huracán” con el que logrará el record sudamericano de distancia y permanencia. Llegó al Brasil luego de recorrer 550 kilómetros, y permanecer en el aire 13 horas. Fue el cuarto vuelo más extenso del mundo para su tiempo. El 5 de noviembre de 1912 logró el record sudamericano de altura, al llegar a los 5.100 metros.

Vale destacar que todos estos records Newbery los logró sin contar con asistencia respiratoria de  ningún tipo. En sólo tres años realizó más de cuarenta ascensos registrados.

La actividad de los aviones en Buenos Aires se realizaba en el aeródromo de Villa Lugano, construido por el Aeroclub Argentino, presidido por Newbery, quien obtiene su brevet (registro personal) de aviador en 1910, y para 1912, ya se dedica exclusivamente a los aviones. En esos inicios pioneros, cuando ya el avión era el futuro, comenzó la discusión sobre el tipo de aeroplano: monoplano (que se impuso a lo largo del tiempo) o biplano.

Vale aclarar que esta clasificación se refiere a la cantidad de alas superpuestas a cierta distancia. Newbery era partidario del monoplano.

Como ya se dijo, en 1912 se funda la Escuela Militar de Aviación, donde la instrucción y la dirección fueron compartidas por Jorge Newbery y Enrique Mosconi. En 1913, en ocasión de las celebraciones del 25 de mayo, se realizó el primer desfile aéreo de nuestra historia con cuatro aviones, uno de los cuales condujo Newbery. El 24 de noviembre de 1912 cruzó el Río de la Plata en un Bleroit, llamado “Centenario”, y fue el primer hombre en regresar en el día. El 10 de febrero de 1914 alcanzó el record mundial de altura, en un Morane Soulnier, llegando a los 6225 metros. Esta marca no fue homologada porque sólo superó al anterior record en 65 metros y la reglamentación establecía 150. Pero fue reconocida en el mundo y fue una noticia universal.

Accidente, muerte, mausoleos y homenajes

Uno de los objetivos que se había propuesto Newbery era el cruce de los Andes en avión, a la altura de sus más altas cumbres. Para ello se encontraba entrenando en el aeródromo de Los Tamarindos, en las afueras de Mendoza, muy cerca del solar histórico del campamento del Ejército de los Andes, en El Plumerillo. Una leyenda urbana cuenta que el gran aviador quiso seducir con su arte de volar a una bella joven provinciana.

Lo sabido es que el avión Morane Saulnier perteneciente a Teodoro Fels, al mando de Newbery y con la compañía de Benjamín Jiménez Lastra, su amigo olvidado por la historia, despegó para realizar una serie de acrobacias. Newbery siempre llevaba consigo una foto de su madre, pero en el vuelo fatal esa foto quedó en el hotel donde se alojaba. A las 18,40 hs. del domingo de carnaval, su nave se precipitó a tierra y provocó su muerte y gravísimas heridas a su acompañante. La llegada de la noticia a todos los rincones del país causó una pesadumbre nunca vista hasta entonces. Era el 1° de marzo de 1914.

El impacto que provocó la muerte de Newbery fue inmenso. Su cadáver fue embalsamado. El ferrocarril Pacífico dispuso un tren especial para transportar los restos del prócer del aire desde Mendoza a Buenos Aires.

A lo largo de los mil cien kilómetros del trayecto, el público se congregó en las estaciones y en algunos sectores de la vía. El tren debió detenerse en múltiples ocasiones para los espontáneos homenajes de la gente. Finalmente, su funeral en el cementerio de la Recoleta fue multitudinario y el más concurrido hasta entonces en el país.

Uno de los grandes oradores de la época, Belisario Roldán, le dedicó estas palabras: “ha caído  para siempre el que tenía el corazón abierto a todas las emociones puras y la mano lista para todas las lealtades, el que no necesitó dejar de ser bueno para ser glorioso… como si hubiera querido ella misma (la Providencia) conducirlo de una vez a las alturas mayores de donde no se vuelve, pero donde no se sufre…”.

Años después, se levantó un mausoleo dedicado a Newbery en el cementerio de la Chacarita, obra del artista Hernán Cullen Ayerza, que fue sufragado por suscripción popular. Se inauguró en 1937 y es una muestra más de la popularidad que la figura de Jorge Newbery mantenía en el país. El imponente monumento muestra, construido en bronce, un peñasco de los Andes, sobre el cual yace el cuerpo de Newbery, cual Dédalo, rodeado por cinco cóndores, que expresan asombro y tristeza por la escena.

En todo el país comenzaron a fundarse clubes con su nombre, que son más de cincuenta, en todo el país. En la ciudad de Santiago del Estero hay un barrio con su nombre, en el que existe un club que lo homenajea.

Cientos de calles y avenidas lo recuerdan, y el aeropuerto doméstico de la capital del país se llama “Aeroparque Jorge Newbery”. Un gigantesco monumento se levanta en la base aérea de Morón, provincia de Buenos Aires, y aún se retrasa la construcción de la gran estatua del prócer como homenaje nacional.

Una terrible decisión, tomada hace pocos años, ordenó bajar los cuadros de Newbery de las dependencias de la Fuerza Aérea Argentina, y se lo reemplazó como prócer inspirador por Manuel Belgrano. La razón esgrimida en forma solapada, de la que fui testigo, es que Newbery era un “cajetilla”, un “dandy”. Es de esperar la reparación de esta injusticia.

Es Jorge Newbery uno de los grandes hombres del país, pero su actividad en pos del progreso  nacional se dio en tiempos de paz, y los argentinos solemos conmemorar con más entusiasmo nuestras gestas épicas. Recordar a Jorge Newbery es acercarnos a lo mejor de la historia argentina del siglo XX.

Publicado en El Liberal el 25 de noviembre de 2018.

Link https://www.elliberal.com.ar/noticia/458378/jorge-alejandro-newbery-pionero-aeronavegacion-argentina-2-parte