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27 11 2016

Roger Chartier: “Vivimos en la época de la digitalización de las relaciones”


Autor: Luis Quevedo









En “La mano del autor y el espíritu del impresor” usted explica cómo la construcción de un texto en los Siglos XVI y XVII era un trabajo colectivo. ¿El rol del impresor es hoy el del editor?

No exactamente, porque en los siglos considerados no existía la figura del editor que sea solamente editor, entendido en el sentido de publisher, es decir la persona que moviliza recursos para publicar un libro asumiendo la responsabilidad de selección de los textos, impresión y comercialización. En el Siglo XV esta tarea la podía hacer un impresor, como era el caso de los grandes editores de Venecia. Luego este papel lo desempeñaron los grandes libreros que hacían imprimir por encargo libros a los impresores y que aseguraban la circulación de los libros, pero ellos decidían el catálogo. Así la distinción en inglés entre publisher y editor es muy útil, porque por un lado el publisher es quien va a financiar la edición y el editor es quien decide sobre el texto final que se publicará. En todas nuestra lenguas romanas hay una confusión entre estos roles porque nosotros no tenemos esa distinción y hablamos para todos los casos de editor. Recién a partir del siglo XIX surgen los editores que van a ser solamente editores, aunque pueden tener una librería como Gallimard, o un taller tipográfico, pero su definición es la de ser editor.

El rol de los editores o los impresores, o los libreros que asumieron funciones de editor, supone una intermediación entre el manuscrito del autor y el lector. ¿Cómo se da esta relación hoy en el mundo de la cultura digital, en donde la autoedición es tan accesible para todos?

Me gusta la distinción que hace Robert Darton entre la comunicación electrónica que puede ser una forma de publicación o de autoedición, y la edición electrónica que supone una serie de mediaciones, es decir la construcción de un catálogo, una política editorial, un trabajo de editing, que sí podría considerarse como un trabajo de edición más respetuoso de lo que debe ser la labor editorial. Y que introduce como en el mundo de la imprenta entre el autor y el lector una serie de intervenciones sobre el texto. Considero que la autoedición, aunque existe, es todavía marginal en el mundo editorial.

¿Los tiempos digitales actuales han cambiado la forma de leer?

Sin duda, como explico en mi libro, la textualidad electrónica hace que se reemplace la unidad libro  por otro soporte de lectura y es el mismo soporte, la pantalla de la computadora por ejemplo, el que hace aparecer frente al lector los distintos tipos de textos que antes eran distribuidos en objetos distintos. Se crea así una continuidad textual que ya no diferencia géneros. Un cambio trascendente sin duda. La metáfora de la navegación digital lo expresa muy bien, la nueva forma de leer es discontinua, fragmentaria, inmediata, espontánea.

Sin embargo se editan en todo el mundo cada vez más libros en papel

Así es, en primer lugar el 95% de los libros que se editan en todo el mundo son en soporte papel, con excepción de los Estados Unidos en donde el libro electrónico está más desarrollado. De todas maneras es muy interesante y  tal vez podría definir un porvenir, pero aún son expresiones menores.

En el mundo digital resulta muy difícil determinar cuáles son las prácticas culturales efímeras y cuáles  las permanentes.

Los historiadores son lamentables profetas. Creo que lo importante, lo esencial en el mundo digital es la digitalización de las relaciones humanas, del mundo social, la relación con las instituciones, la digitalización de las relaciones del mercado ya que 95% de los libros comprados son impresos pero muchos de ellos son comprados por internet, es decir que existe una tensión entre los libros impresos y los libros digitales y también con las librerías; sin olvidar la digitalización de la relación entre los individuos con todo  el abanico de las redes sociales que impone condiciones efímeras, inmediatas, espontáneas, fragmentadas y utilizan textos abiertos, móviles muy adecuadas al mundo digital y que pueden coincidir con el mundo del espectáculo. No podemos obviar la discusión de la legitimidad de la digitalización de las colecciones de libros en las bibliotecas o los diagnósticos sobre lo que implica para los textos del pasado la lectura fragmentada, segmentada, intertextual de la pantalla. Todo esto es fundamental y lo interesante sería estudiar desde el punto de vista sociológico, con más rigor, las conductas de los nacidos digitales y no solamente de todas estas prácticas culturales sino también de las correspondientes categorías mentales, como la amistad, la identidad, el espacio público, la intimidad, la privacidad, son nociones que evolucionan de una manera inédita.

El Mundo de hoy está caracterizado en lo político por la vuelta o el surgimiento de los populismos  nacionalistas, en lo económico por el proteccionismo de los mercados, en lo social por la xenofobia y el rechazo a las migraciones, la elección de Trump y el Brexit, son algunos ejemplos. ¿Cómo ve usted esta situación?

Pésima, como la ven casi todos, con excepción de los que defienden esas tesis. Lo veo muy mal. Pero este tema es más una cuestión de los ciudadanos que de los historiadores. Hay varios niveles, un nivel que sería de rechazo y de una forma u otra de oposición a esta tendencia, porque consideramos que destruye el espacio democrático y los valores tradicionales, después lo que los intelectuales de las ciencias sociales deberían hacer es intentar entender cuáles son los mecanismos que producen estas reacciones, para dar herramientas y poder limitarlos o acabar con ellos. Deberíamos también buscar en la literatura, hay una obra de Bertolt Brecht, La irresistible ascensión de Arturo Ui, que tendría que leerse nuevamente y representarse nuevamente, porque es una obra sobre el miedo como instrumento de manipulación del poder tiránico. Y eso es algo que hemos visto en las situaciones que usted menciona.