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30 06 2022

Una política exterior inconfesable


Autor: Maximiliano Gregorio-Cernadas









Aun en el supuesto caso de que Rusia terminase triunfando militarmente en esta guerra que ha iniciado, lo cierto es que, desde una perspectiva más vasta que el mero escenario de las operaciones bélicas, saldrá de este conflicto irremediablemente derrotada a nivel estratégico internacional, en el que ya ha perdido y continuará perdiendo mucho más de lo que pueda llegar a ganar.

Tal paradoja se vincula a la naturaleza complejamente interconectada del tablero internacional, en el que todo movimiento de piezas por parte de las superpotencias puede alterar las percepciones y realidades del mundo, produciendo balances deficitarios entre costos y beneficios totales, aun de exitosos avances acotados a ámbitos militares, materiales o geográficos puntuales. 

En efecto, la agresión sobre Ucrania ha disparado innumerables, severas y perdurables consecuencias negativas para Rusia, que esta nación deberá saldar a lo largo de muchos decenios más, incluso cuando el mundo comience a olvidar el nombre de Vladimir Putin.

Sin necesidad de ser experto ni aliado occidental, el planeta condena la responsabilidad de Rusia en haber abierto las gateras de los cuatro jinetes del apocalipsis, sin certezas acerca de cuándo ni cómo se detendrán, causando incertidumbre, inseguridad y desconfianza global, que constituyen los enemigos mortales del progreso humano. 

° Su irresponsabilidad e imprevisibilidad como jugador global ya ha producido, y lo hará aún más, graves distorsiones a los flujos mundiales de energía, alimentos, inversiones, comercio, transporte, migraciones y muchos otros aspectos, sin contar el más grave de todos sus efectos, como es la amenaza a la supervivencia de la humanidad ante el mayor riesgo del empleo de armas de destrucción masiva.

En el plano multipolar internacional, Putin ha logrado despertar y abroquelar a un Occidente que parecía aletargado, inconsistente y escéptico durante la era de Donald Trump, lo cual parece haber sido un efecto colateral no calculado. Numerosos Estados que antes se sentían seguros conviviendo entre Occidente y Rusia, hoy hacen fila clamando para ingresar cuanto antes a los sistemas de la U.E. y de la OTAN.

° ¿Hasta dónde China acompañará a Rusia a medida que el descrédito internacional de ésta progrese inevitablemente como consecuencia de los desajustes mundiales que ha desencadenado? ¿Cuánta imaginación hace falta para asimilar las amenazas que las potencias autocráticas representan para el globo? Desde la mirada del mundo democrático y capitalista, todo lo que Rusia haga en este conflicto podría afectar a China por propiedad transitiva, a menos que ésta tome su distancia.

En una escala regional, esta agresión ha despertado el ancestral temor de toda Europa central y del Este, y la sumará al insondable arcón de resentimientos que esas regiones conservan contra Rusia, que tanto sacrificio había costado a Gorbachov morigerar. ¿Cómo pueden sentirse los habitantes de esos países medianos e indefensos, condenados por la geopolítica a convivir por siempre al alcance de la garra del gran oso ruso? Más aún, toda Europa se ha abocado súbitamente a desembarazarse de la dependencia de la energía rusa, lo cual constituye una jugada global suicida para un país al que le había costado tanto esfuerzo construir ese enorme poder de influencia.  

Hasta el término “ruso”, lamentable e injustamente, consciente o inconscientemente, ha alcanzado en el lenguaje coloquial del planeta una connotación estrechamente ligada a ese ataque, prejuicio que tomará muchos años a los rusos inocentes poder despejar, como ya lo han demostrado varios artistas y deportistas estrellas internacionales.

Con su decisión, Putin ha forzado a gobiernos afines alrededor del mundo a tomar alguna distancia y dar explicaciones de sus contactos con Rusia. 

° Un ejemplo es la Argentina, que hasta pocos días antes de la invasión se ofrecía generosamente para ser su puerta a Latinoamérica, construir una central nuclear y cooperar en el campo militar. La jugada de Putin no sólo ha obligado al Gobierno argentino a detener contra su voluntad ese promisorio impulso asociativo sino que, además, lo ha empujado a sobreactuar y acercarse a los EE.UU., al menos pour la galerie, como se advierte en la prensa, donde conspicuos “antiyanquis” argentinos se toman fotos sonrientes con el embajador norteamericano y otros emisarios de ese país, algo inconcebible antes de la invasión. No fue magia, fue el FMI y Putin, podrían decir irónicos en Washington.

° Argentina se ha ganado desde el Presidente Raúl Alfonsín, con enorme esfuerzo, tras la trágica experiencia de la Guerra de Malvinas, un vasto prestigio internacional en materia de paz, desarme, no proliferación y seguridad internacional, como lo demuestra el entendimiento con Brasil en estas materias, la presidencia argentina del OIEA y el rol destacado de Argentina en los foros de no proliferación y en los mercados de tecnología nuclear, lo cual no puede ser despilfarrado actuando ambiguamente ante países que alteran el sistema de seguridad y estabilidad mundial y que representan todo lo contrario a la reputación que supimos adquirir.

Al igual que el Papa y a contramarcha del mundo, el Gobierno argentino continúa con una política zigzagueante en esta materia, que aspira puerilmente a disimular la supuesta política sutil y ecuánime de adular en secreto a Rusia y sus aliados (Cuba, Venezuela, Nicaragua, etcétera) y en público a Occidente cuando, en rigor, no pasa desapercibida ni es convincente, pues nadie ignora que ella oculta la inconfesable intención de apoyar a Rusia y sus aliados, y que sólo se ha sometido circunstancialmente y por conveniencia, desconociendo que la mejor diplomacia se basa en la confiabilidad y no en el doblez, como creen los aficionados. 

Rusia ya ha perdido en el plano global y el daño causado a nuestra Política Exterior por haber quedado asociada al descrédito ruso permanecerá en la memoria de cualquier Cancillería extranjera. Sólo nos resta no perseverar en el error y deslindarnos claramente de esa alianza internacional pues, de lo contrario, los disparos que Rusia está auto infligiéndose en sus propios pies, pueden impactar en los nuestros, aún más severamente en el futuro, como cuando, entre otras consecuencias, se realice una investigación internacional acerca de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante este conflicto, y otra vez Argentina, que se ufana con justicia de ser campeona internacional de los Derechos Humanos, se quede sola, refunfuñando otra vez contra Nürnberg, como lo hizo una vez Juan Perón.

Publicado en El Economista el 28 de junio de 2022.