Opinión | Abril 13, 2018, 4 13am

Héctor José Cámpora, el presidente más nombrado y bastante poco conocido

Un político gris protagonizó la presidencia democrática más compleja de la historia.

Autor: Eduardo Lazzari


La historia política de los últimos quince años en la Argentina le otorgó a Héctor José Cámpora una gran presencia, a tal punto que una agrupación que alcanzó cargos públicos y relevancia notable, lleva su nombre. Sin embargo, analizar la biografía del fugaz presidente argentino depara la sorpresa de encontrar una historia que aleja la imagen mítica que forma parte del debate cotidiano de hoy del hombre real que estuvo cerca del poder y lo ejerció por poco tiempo.
 
Infancia, familia y profesión
 
Cámpora nació el 26 de marzo de 1909 en la ciudad bonaerense de Mercedes, un centro urbano donde confluían tres ramales ferroviarios. Era el séptimo hijo de Pedro Cámpora, un comerciante que poseía un almacén de ramos generales, y el cuarto de su segunda esposa Juana Da Maestre. Sus abuelos paternos habían llegado al país desde Génova a mediados del siglo XIX. Se recibió de bachiller en el Colegio Nacional de su ciudad natal. Corría la década de 1920 y la Argentina disfrutaba de un tiempo de gran prosperidad económica. Decidió estudiar medicina y rindió examen de ingreso en Rosario, pero no logró aprobarlo, por lo que tomó el rumbo de Córdoba, donde estudió odontología, obteniendo su graduación en 1933. San Andrés de Giles iba a convertirse en su destino, abriendo allí su consultorio como dentista en 1934. Cámpora fue el primer odontólogo de la ciudad. Es bueno recordar que antes de los dentistas, se encargaban de la extracción de dientes y muelas los peluqueros, cuya habilidad en el tema sin duda era dudosa. La simpatía personal de Cámpora lo hizo rápidamente conocido y comenzó un romance con María Georgina Cecilia Acevedo, una muchacha porteña perteneciente a una familia propietaria de campos en la zona de Giles. Se casaron en la iglesia de San Andrés Apóstol el 15 de abril de 1937. El matrimonio tuvo dos hijos, Héctor y Carlos. Para Cámpora significó una notable mejora en su condición social. Se instalaron en una casa que actualmente se conserva con todo el mobiliario que pertenecía a la pareja.
 
Carrera política
 
El golpe de estado del 4 de junio de 1943, protagonizado por el Ejército en soledad, sin apoyo de sectores civiles, fue la ocasión en que Cámpora inauguró su vida en la política. El gobierno militar fue eligiendo comisionados municipales entre personajes no comprometidos políticamente. Las pesquisas en San Andrés de Giles elevaron al cargo a Cámpora, que era querido sobre todo por su participación en el Club Almafuerte, el más importante del pueblo. Su desempeño fue correcto y en 1944 conoce al coronel Juan Perón. Dos años después es elegido diputado nacional y el 4 de junio asume su cargo. Su adhesión sin fisuras a las posiciones oficiales lo catapulta a la presidencia de la Cámara de Diputados desde 1948 hasta fines de 1952. Fue amigo de Juan Duarte, el hermano de la esposa del presidente Perón, Evita. Sin duda, este hecho contribuyó a su ascenso político, así como también las sospechas sobre la actuación pública de Duarte y su suicidio en 1953, impulsaron su ocaso. En 1954 dejó de ser diputado y regresó a Giles. De su actuación parlamentaria se recuerda su “verticalismo” frente a las posiciones del Poder Ejecutivo, y su maltrato a la oposición. En una ocasión se discutía poner el nombre del presidente Juan Perón a las principales plazas del país. Cámpora bajó a su escaño, y dijo que era necesario “llamar Juan Perón a todas las plazas de la República”. Este y otros hechos cimentaron su fama de obsecuente y a la vez, de leal a Perón a cualquier precio. El golpe de estado de 1955 lo envió preso a Río Gallegos, junto a Jorge Antonio, un empresario cercano a Perón y a Guillermo Patricio Kelly, un oscuro y legendario personaje. Planearon la fuga desde el penal y lo lograron en un auto en el que se dirigieron a Chile. Descubiertos, fueron perseguidos y soportaron varios tiroteos. En medio de los tiros, Cámpora, que no era un hombre habituado a estos eventos, propuso a sus compañeros de aventura detenerse, volver a Río Gallegos y “dejar esto para mañana”. Por supuesto no le hicieron caso y cruzaron la frontera.
 
Exilio y resurrección política
 
Cámpora se reencontró con su esposa en Chile y permanecieron allí hasta la extinción de las causas judiciales en su contra. Retornaron a San Andrés de Giles, donde volvió al ejercicio de su profesión. Su vida cambiará radicalmente cuando en 1971 Juan Perón lo elige, desde Madrid, como su delegado personal. Su actuación contribuyó al proceso que terminó con la proscripción del peronismo y su candidatura a la presidencia. Allí, descubrió por primera vez su popularidad y sobre todo, la facilidad de su verba para complacer al auditorio. Quizá sin pensarlo se fue convirtiendo en la expresión política de los sectores de la izquierda peronista, que lo bautizaron “Tío”. Su discurso fue adquiriendo un lenguaje revolucionario, totalmente extraño a sus antecedentes. El lema de la campaña electoral fue “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.
 
Presidencia de la República
 
El 11 de marzo de 1973 se realizan las elecciones nacionales y el Frejuli obtiene el 49% de los votos, que no le alcanza para superar el balotaje. Pero el retiro de la fórmula de la UCR, Balbín-Gamond, permitió la consagración de Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima al frente de la administración nacional. El 25 de mayo Cámpora asumió la presidencia, bajo la mirada de los presidentes Salvador Allende de Chile y Osvaldo Dorticós de Cuba. Este apoyo internacional alarmó a los sectores militares y económicos del país, precipitando además el enfrentamiento entre los diversos grupos que formaban el movimiento peronista. Es, hasta hoy, el único odontólogo que llegó a la presidencia de la República Argentina. En Santiago del Estero, era elegido por segunda vez Carlos Juárez como gobernador. En esos años se realizan diversas obras públicas en la capital, La Banda y Las Termas, siendo quizá el máximo logro la creación de la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Eran tiempos muy convulsos desde la perspectiva política. La apertura de las cárceles por la fuerza antes de la sanción de la ley de amnistía y los enfrentamientos entre sí de los sectores peronistas por la posesión de las oficinas públicas causó una pésima impresión sobre la verdadera autoridad del presidente. El 20 de junio se produce el retorno del general Juan Perón junto al presidente Cámpora desde Madrid. En el avión se cuenta que Perón le preguntó la hora a Cámpora, y éste contestó “La que Ud. diga General”. Estos hechos acentuaban la impresión de su falta de carácter. Ese día se produce una brutal batalla entre los sectores del movimiento peronista, en el marco de la multitudinaria manifestación en las cercanías de Ezeiza. Desde ese momento, Perón muestra con claridad su enojo por el manejo de Cámpora y el 13 de julio se produce su renuncia. Ello desemboca en la convocatoria a nuevas elecciones presidenciales, en las que triunfa la fórmula Juan Perón-María Estela Martínez de Perón, por más del 60%. Cámpora es nombrado embajador en México, pero por su cercanía con los sectores de la izquierda peronista, en uno de los últimos actos de Perón antes de su muerte, remueve a Cámpora de su cargo, y en un hecho insólito, no se le agradecen los servicios prestados. Nunca había ocurrido algo así en la historia diplomática argentina.
 
Nuevo exilio y muerte
 
Producido el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, se refugió en la embajada de México en Buenos Aires, compartiendo su estatus como refugiado con Juan Manuel Abal Medina (padre), comenzando uno de los más serios conflictos diplomáticos que tuvo el gobierno de Videla, que se negó a conceder el pasaporte a Cámpora, a quien consideraba uno de los responsables de lo ocurrido entre 1973 y 1976. En este cautiverio, Cámpora vio deteriorarse su salud hasta que le diagnosticaron cáncer en la garganta, que no pudo tratar adecuadamente debido al encierro que padecía. Ya en la fase terminal de su enfermedad, y luego de dificultosas negociaciones entre Argentina y México, obtiene un salvoconducto para viajar al país azteca, donde se instala en Cuernavaca y muere el 19 de diciembre de 1980. Once años después sus restos son traídos a la Argentina, frente a la indiferencia popular y sobre todo de la clase política, que en escaso número concurre al funeral que se realiza en el Congreso Nacional. Fue sepultado en el cementerio de San Andrés de Giles, donde una sencilla tumba compartida con su esposa y su hijo menor, siempre cuenta con flores que expresan el cariño y el respeto que, más allá de las consideraciones históricas y políticas, los gilenses tienen por su más ilustre vecino.
 
Publicado en El Liberal el 8 de abril de 2018.
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