Opinión | Marzo 12, 2018, 4 05am

El día que casi me echan de la escuela por "machona"

Hace un tiempo, los estereotipos de género impedían la rebeldía. Hoy el reconocimiento de derechos se nutren de aquellas rupturas.

Autor: Karina Banfi


Eran los años '80, yo estaba en sexto grado de mi escuela en Bahía Blanca. En el fondo del patio donde pasábamos los recreos había apilados unos pupitres viejos, enormes y pesados. Llegaban hasta el techo. Solía jugar bastante con mis compañeritos varones, incluso ellos habían incorporado juegos nuestros como saltar la soga o el elástico. Una tarde, tomé la iniciativa y les propuse hacer algo diferente: trepar a los bancos a ver quién llegaba más alto. Enseguida se entusiasmaron. Yo me sentí bien, los lideré. Trepamos. Llegué alto.
Nos vio la maestra y se pudrió todo. Al grito de bajensé de ahí, mis amigos obedecieron inmediatamente y huyeron tan rápido que no sé si la maestra logró identificarlos. A mi se me complicó bajar y quedé atrapada entre el techo y la maestra esperándome abajo.
Terminé en la dirección, condenada a presentarme el lunes con mis padres y la libreta roja de amonestaciones firmada, si no, me prohibirían el ingreso a la escuela. El motivo de la sanción: tener actitudes impropias de una nena, un comportamiento “varonero”. Ese fin de semana fue horrible. ¿Tenía que explicar a mis padres que había tenido una actitud impropia? ¿Decirles que recibía un castigo porque me comporté, según las autoridades escolares, como una “machona”? Sufrí pensando cómo notificarlos. El domingo a la noche no aguanté más y en un ataque de llanto le mostré a mi madre la libreta roja y le supliqué clemencia. Leyó la nota con desaprobación y me dijo: “No llores, yo mañana voy a hablar con la directora”. No firmó la nota. Al día siguiente, nos presentamos en la dirección de la escuela. Mi madre me pidió que espere afuera. Nunca supe de qué hablaron, ella salió y me dijo: “ya está, quedate tranquila, andá a la clase”. Supe que me había defendido. Jamás pensé que ese momento marcaría tanto mi vida y que hoy se resignificaría. Podemos hacer cosas de varones, queremos hacer cosas que hacen los varones, pedimos las mismas oportunidades que tienen los varones. Esta anécdota la compartí hace pocas semanas en un encuentro que realizamos un grupo de líderes políticas de Cambiemos en Mar de Ajó. Allí nos reunimos mujeres dirigentes, legisladoras y concejales de toda la provincia de Buenos Aires bajo el lema de ¡Mujeres Arriba! El objetivo fue el empoderamiento de la mujer en la política. Sin duda, una tarea que hasta hoy resulta mayormente masculina en la Argentina. A todas nosotras nos unen estas historias de injusticias y de discriminación. Esa tarde descubrí que ellas habían pasado situaciones parecidas. Son los hechos que sacuden nuestras vidas.
Hoy transitamos el cambio y no lo hacemos solas, somos muchas. También tenemos hombres aliados. El cambio de paradigma es que no hay roles distintos.
Las categorías estáticas estigmatizan. El reconocimiento de nuestros derechos es resultado de conductas impropias. Cada vez que nos animemos a tener actitudes insolentes, estaremos dando un paso hacia la igualdad de oportunidades.
Publicado en Clarín el 10 de marzo de 2018.
Link https://www.clarin.com/opinion/dia-echan-escuela-machona_0_B1whtQ1Fz.html