Opinión | Febrero 23, 2018, 10 43am

Bajo la superficie, hay un plan

El horizonte económico pasa por no caer en las soluciones fáciles como un fuerte ajuste.

Autor: Guido Lorenzo


Se están dando en forma aislada debates referidos a cuestiones de la macroeconomía. Algunos discuten acerca de la velocidad de reducción del déficit, otros cuestionan la política anti inflacionaria, otros están preocupados por la actividad y el empleo, embarrando la superficie, a la vez que no queda claro para algunos analistas si Cambiemos tiene un proyecto económico.
En nuestra opinión el plan existe: durante la década pasada, los beneficios, las rentas y los salarios se habían acomodado a un nivel que se correspondía a precios internacionales muy favorables. En ese contexto, repartir ganancias es fácil, la dificultad del Gobierno actual radica en repartir pérdidas (debido a que el mundo dejó de jugar en demasía a nuestro favor) sin que el humor social se deteriore. Argentina es un país que consume más de lo que produce como lo evidencia el saldo negativo de la cuenta corriente, para peor, necesita dólares para realizar ese consumo en el exterior.
Para afrontar este déficit crónico, el Gobierno está apostando a una combinación de tres estrategias: 1) Consumir menos, 2) producir más, ya sea por aumento de productividad o por mayor intensidad en el uso de factores y 3) bajar el tipo de cambio real que dejaría neutral a la cuenta corriente.
Algún ajuste en el ingreso disponible existe siempre que se estén corrigiendo precios regulados. Este año se implementan los Proyectos de asociación Público-Privada (PPP) y el gasto público productivo que apuntar a mejorar la productividad de los factores y, por último, a través de la reforma laboral que está demorada y el consenso fiscal, se busca mejorar el tipo de cambio para que la corrección del desequilibrio sea a través de una recesión con su posterior caída de importaciones.
Los puntos dos y tres llevan tiempo, el primero es el único que puede hacerse con un shock, pero es doloroso. Cambiemos eligió el camino del gradualismo e implementar estas combinaciones de políticas. El nivel de endeudamiento bajo recibido lo permite.
Aquí es donde se ve algo desacoplado del plan que terminó saliendo a la luz el 28 de diciembre pasado, la política monetaria. Justamente en el ritmo al que se reduce la inflación es el que genera grandes ganancias para unos y grandes pérdidas para otros. La política monetaria tiene un rol distributivo que a veces no se llega a notar.
La ansiedad por disminuir la inflación rápidamente terminó generando un dólar más atrasado, lo que no favoreció a corregir los equilibrios en el lado real de la economía y ahí es justamente donde el “gabinete económico” intervino para que el BCRA se acople al resto del plan.
Sucede que si bien se logró corregir parte de ese desequilibrio con la depreciación del peso que se vio desde diciembre, en unos meses nuevamente vamos a enfrentar el mismo problema. Quizás las condiciones para adoptar el régimen de inflation targeting no estaban dadas o se fue muy optimista respecto a la coordinación de un sendero bajista de precios generales sin gran resistencia por los sectores que sufren las pérdidas. Justamente, la tensión en los precios reflejan esta idea de que nadie quiere perder.
Más que un plan, hay un horizonte: no caer en las soluciones fáciles, como por ejemplo un fuerte ajuste. No obstante, avanzar en la agenda de productividad y lograr reducir el tipo de cambio que equilibre el frente externo son reformas que no solo llevan tiempo, sino negociaciones con distintos actores políticos, se requiere de un esfuerzo muy grande donde todos tienen que ceder algo.
La clave está en la capacidad de negociación de Cambiemos de generar consensos con esos actores y, en el plano estrictamente macroeconómico, definir el rumbo de la política monetaria, que sí parece no tener un plan claro, con un instrumento, la tasa de interés, difícilmente pueda controlar dos variables como el tipo de cambio y la inflación.