Opinión | Marzo 26, 2017, 7 42pm

24 de Marzo: una lección para reafirmar el valor de la Democracia

Una mirada desde el presente a la nohe mas negra de nuestra historia.

Autor: Emilio Cornaglia


El fundamentalismo político había teñido nuestros días de manera silenciosa pero inexorable, en un lento ocaso de la Argentina: el 24 de Marzo de 1976 cayó la noche más negra de nuestra historia, dando paso al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional encabezado por la Junta de Gobierno Militar, integrada por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.

A poco de haberse cumplido un nuevo aniversario del Golpe de Estado de 1976, la historia nos brinda otra oportunidad para ejercitar la memoria, dilucidando la verdad -si es que hay una- y encontrando elementos para afianzar la justicia. El 24 de Marzo, como triste recordatorio del terrorismo de Estado en la Argentina, nos trae una lección que reafirma el valor de la Democracia.
Las Dictaduras en la Argentina se sucedieron a lo largo de 53 años, iniciándose en 1930 con el Golpe de Uriburu a Hipólito Irigoyen, quien fuera el Primer Presidente electo por el voto popular. Luego vendría el Golpe del 43, una reacción a la "Década Infame", en el que Rawson, Ramírez y Farrel se sucedieron como Presidentes de Facto, y donde el joven Coronel Perón -a cargo de la Secretaría de Trabajo- forjó la alianza laborista-nacionalista con los sindicatos que lo llevó luego a la Presidencia. El mismo Perón sufriría otro Golpe con la Revolución Libertadora de 1955, que lo desalojó del Poder Ejecutivo y lo obligó a exiliarse en Paraguay -recibido por el Dictador Stroessner- desde donde escapó luego a Nicaragua, Panamá y Venezuela -siempre protegido por sus Dictadores- para tomarse en República Dominicana un avión que lo depositaría en Madrid, así inició su exilio europeo al amparo de otro ilustre Dictador: Francisco Franco. El Gobierno de Arturo Illia, electo democráticamente en 1963, sería interrumpido con otro Golpe de Estado encabezado por el General Onganía en 1966. El 24 de Marzo de 1976 se daría lectura al Comunicado numero uno de la Junta de Comandantes Generales, fraguando así la llegada de la noche más negra de la historia Argentina.
?Si bien nuestro país arrastraba un largo período de interrupciones democráticas, la última dictadura militar tuvo una serie de características propias que fueron -en parte- consecuencia de tensiones internas del propio partido de Gobierno y de presiones que llegaban desde el extranjero. Las primeras se relacionan con la carrera desquiciada entre las distintas facciones del Peronismo por controlar el poder en el país: algunas acciones de grupos guerrilleros armados, como el ERP o los Montoneros, llevaron adelante medidas como el secuestro y fusilamiento de Aramburu o la "operación traviata" -con la que asesinaron a Rucci-, las cuales fueron contestadas en un contrapunto siniestro ejecutado, en algunos casos, directamente por el Gobierno -como la Operación Independencia, que buscaba "aniquilar la guerrilla en Tucumán”-, en otros, por parte de grupos parapoliciales o paramilitares al amparo del propio Estado, como la Alianza Anticomunista Argentina, creación perversa de José López Rega. Las presiones del extranjero bajaban desde los Estados Unidos, con la Doctrina de Seguridad Nacional que impuso Gobiernos dictatoriales en Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
El fundamentalismo político había teñido nuestros días de manera silenciosa pero inexorable, en un lento ocaso de la Argentina: el 24 de Marzo de 1976 cayó la noche más negra de nuestra historia, dando paso al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional encabezado por la Junta de Gobierno Militar, integrada por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti. La escalada de violencia y muerte que azotaba al país desde años atrás iba llegando al punto máximo de la parábola: el terror se había generalizado y perfeccionado a través de herramientas y mecanismos siniestros. Los secuestros de militantes, los robos y saqueos, las ejecuciones a plena luz del día, la intimidación permanente, los vuelos de la muerte, los fusilamientos, la apropiación indebida de bebés, la tortura en los centros clandestinos de detención, conformaron las aristas de un plan sistemático de desaparición de personas ejecutado por la última Dictadura.
?La salida de ese laberinto fue posible gracias a la convicción democrática de Raúl Alfonsín, quien se opuso a la Guerra de Malvinas y denunció el pacto militar-sindical -desnudando el acuerdo entre la cúpula militar y la conducción del peronismo y los sindicatos que buscaban tender un manto de olvido sobre el pasado reciente- empezando a mostrar una luz al final del túnel. Salir de la Dictadura era necesario, y posible. Con un 51,7% de los votos, Alfonsín fue electo Presidente de la Nación, y tras cinco días de asumir impulsó la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y promovió el Juicio a las Juntas Militares que estuvieron al mando de Argentina en la última Dictadura. En ese Juicio, único en el mundo, se recibieron mas de ochocientos testimonios que permitieron comprobar la existencia de un plan sistemático, los cuales darían pie al memorable alegato de Julio César Strassera: “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: "Nunca más”.
A 41 años de la llegada de la última Dictadura militar, reafirmamos nuestra conciencia acerca del inconmensurable valor de la Democracia y el rechazo al autoritarismo y la violencia. Muchos episodios de la historia, como los levantamientos carapintadas -que pusieron en riesgo la vigencia del Estado de Derecho-, o el encumbramiento de César Milani al mando de las Fuerzas Armadas, pretendiendo ponerlas al servicio de un proyecto político mas que al servicio del Estado y la Democracia, evidencian una innegable vocación autoritaria, intentando avasallar la voluntad popular expresada en las urnas. En una Democracia que alcanzó su madurez, podemos decir que ya aprendimos la lección de la historia: repudiamos el genocidio y los levantamientos antidemocráticos, no queremos nunca más carapintadas ni genocidas, rechazamos a Milani y a Gómez Centurión.