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Opinión Junio 24, 2019, 6 14am

El nuevo mapa político, rumbo a las PASO


Autor: Liliana De Riz


Hoy asistimos a un reagrupamiento de las fuerzas políticas en dos grandes coaliciones, Juntos por el Cambio y Frente de Todos, que modifica la estructura de la competencia partidaria inaugurada en las elecciones de 1946.
Ya no hay un polo peronista y un polo no peronista. Los integrantes de las principales fórmulas presidenciales son o tienen origen peronista, a excepción de Macri. Esta reestructuración es síntoma de la crisis del peronismo, que no pudo alumbrar un liderazgo unificador pero conservó una importante base electoral, es gobierno en la mayoría de las provincias y municipios y cuenta con el apoyo de la mayoría de los sindicatos.
El nuevo mapa político también refleja la debilidad de Cambiemos en un contexto de desencanto de sus votantes por el mal desempeño de la economía.
La sorpresiva decisión de Cristina Fernández de autonominarse vicepresidente y elegir como candidato presidencial a un crítico de su gestión, precipitó los realineamientos, dentro y fuera del arco peronista.
Cambiemos amplió su espacio al peronismo no kirchnerista al incorporar como candidato a vicepresidente a Miguel Pichetto, uno de los legisladores más importantes que tuvo el peronismo en el Senado en los últimos años.
Sorpresa mata sorpresa. Con esta fórmula presidencial, Macri busca asegurar el apoyo implícito de gobernadores peronistas para lograr las reformas que se propone.
El formato bipolar del espectro político, armado alrededor de las fórmulas presidenciales, terminó desdibujando a Alternativa Federal como opción del peronismo no kirchnerista y sus aliados del GEN y el socialismo. El retorno de Massa al polo kirchnerista y la integración de Pichetto a Cambiemos-- ahora como coalición Juntos por el Cambio- reducen a esta fuerza política a un papel testimonial.
En estas primarias (PASO) hiperpolarizadas, en las que no habrá competencia interna, el voto estratégico tenderá a imponerse por sobre el voto de opinión o de creencia, como si se tratara de un ballotage. Es prematuro conjeturar sobre la estabilidad de los nuevos realineamientos. Lo cierto es que las siglas con que se los identifican suelen durar poco.
Cambiemos, la coalición electoral triunfante en 2015, llevó al poder al primer presidente que no es radical ni peronista y está a punto de culminar su mandato; esta es una novedad en la democracia inaugurada en 1983, habituada a interregnos no peronistas que no completan su mandato.
El PRO, constituido por muchos peronistas, ha demostrado ser una maquinaria de poder eficaz, capaz de sobrevivir en un sistema político que fue el cementerio de las terceras fuerzas. Desde 1983, el Partido Intransigente, la UceDé, el MODIN, la AR de Cavallo, intentaron romper sin éxito el bipartidismo peronista-radical. El PRO lo ha logrado. Ahora, Cambiemos ensancha hacia el peronismo su base de apoyo, redefiniendo la estructura de la competencia por el poder.
Acaso los realineamientos en curso anuncian un nuevo modo de organizar el conflicto social entre un polo de centro izquierda y un polo de centro derecha. La UCR y el PJ, no fueron ni son partidos ideológicos. Ambos nacieron como partidos “atrapa todo” con débiles vínculos ideológicos y voluntad de abarcar un amplio espectro social. El PRO reivindica no ser un partido ideológico, tal vez convencido de que el secular fracaso de la izquierda y de la derecha en Argentina tiene que ver con la delgada sintonía que establecen con los votantes.
A la luz de las políticas que se llevaron a cabo en el gobierno de Cristina Fernández y de Mauricio Macri, ¿se puede afirmar que el clivaje derecha/izquierda es un buen ordenador de las diferencias? El kirchnerismo propugnó un régimen económico de capitalismo controlado por el Estado, en el que el Estado fue el botín del mandamás de turno y la prebenda fue a parar a manos amigas. El intento de insertar en el peronismo algunas banderas de la izquierda revolucionaria de los años 70 fue resistido por los “anticuerpos” que sigue conservando el peronismo. La fórmula presidencial pergeñada por Cristina Fernández en el Frente de Todos busca ahuyentar los temores de radicalización.
El conflicto entre los defensores del mercado y los defensores del estado de bienestar es real, pero no ayuda a caracterizar lo que está en juego hoy. La oposición que hoy mejor refleja el esquema bipolar es la que existe entre los que defienden un capitalismo de amigos y para quienes el término reforma es sinónimo de achicar el estado de bienestar, y los que quieren un capitalismo moderno que enfrente el desafío de dar respuesta a los problemas estructurales que alimentaron el atraso y concilie estabilidad y reformas para gestar en democracia una economía competitiva y una sociedad de movilidad social.
Los partidos hoy son maquinarias electorales necesarias para llegar a poder, pero es bueno tener presente lo que Tulio Halperin Donghi precisó hace tiempo: son confederaciones de caudillos provinciales que se unen por conveniencia en el plano nacional y como ocurrió entre 1880 y 1916, no se organizan alrededor de una dirección central. Esta es la trama del sistema político en la que habrá que enhebrar los consensos para enfrentar los formidables desafíos del próximo mandato presidencial.
Publicado en Clarin el 23 de junio de 2019.
Link https://www.clarin.com/opinion/nuevo-mapa-politico-rumbo-paso_0_fKnQIZKhh.html

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