| Mayo 18, 2019, 7 18am

El oportunismo de la Corte Suprema



Autor: Daniel Muchnik


Tiene todas las características de un golpe contra el Poder Ejecutivo y con el sentido mismo de la aplicación de las leyes.
Más: es casi la demostración de que la Corte, con la excepción de su presidente, hace su juego político arriba de la calesita de los acontecimientos en un país cuyo poder de gobierno está golpeado y desobedecido.
Así, la Corte Suprema de Justicia pidió que el Tribunal Oral Federal N° 2, el mismo que llevará las causas por Hotesur y Los Sauces, le envíe el expediente (más de 50 cuerpos ) por el cual sería juzgada la expresidente Cristina Fernández por corrupción en la obra pública.
El Tribunal Federal tenía todo dispuesto para obrar el martes de la semana que viene. Sin expediente en su poder el juicio oral no se puede llevar adelante. No es la primera vez que la Corte se empecina en mojarle la oreja a los habitantes de la Casa Rosada, de generar un vacío y una desorientación sobre la marcha del país. Un país barrilete que gira según los caprichos de los vientos políticos, donde todas las piezas cambian de la noche a la mañana. La Corte viene pateando en contra desde hace meses.
Sorprendente: se archivó la causa, después de 22 años de inacción judicial, de la venta de armas donde estaban involucrados Carlos Menem y su ministro Carlos Corach.
Entonces, aunque lo desmienta, la Corte hace política. Bastó que el gobierno acumule torpezas, que Cristina Fernández se haya vestido de santa en su libro Sinceramente, donde acumula los mismos odios, los mismos desencuentros, las mismas definiciones banales, las mismas autojustificaciones de lo que fue injustificable, los mismos narcisismos y que luego aparezca formando parte en la primera fila del encuentro del Partido Peronista, del mismo partido del que se apartó largos años, para que la Corte cambie de rumbo. ¿Debilidad de la justicia o aprovechamiento de las circunstancias?
Hubo reacciones en contra, por supuesto. Y hasta promesas de cacelorazos como respuesta a la movida de la Corte. El fiscal Diego Luciani sostuvo que el material en poder ahora de la Corte no tiene que retrasar el juicio oral sobre los desaguisados de la obra pública en Santa Cruz que gobernó Néstor Kirchner y dejó una montaña de hechos en descubierto con contactos, gestores, secretarios millonarios y sobreprecios inexplicables. Del mismo modo el Procurador General de la Nación, Eduardo Casal, le pidió a la Corte Suprema que no se retrase el juicio al que nos hemos referido.
La Justicia tiene su propio tiempo. La causa sobre la naturaleza de la corrupción fue elevada a juicio oral hace un año y algunos meses y allí Cristina Fernández había sido señalada como “Jefa” de una asociación ilícita que defraudó al Estado en la concesión de obras públicas por 46.000 millones de pesos. El juez federal Julián Ercolini había procesado a la expresidenta dando por corroborada la existencia de un esquema de beneficios exclusivos y permanentes en favor de Lázaro Baéz en “detrimento de las arcas del Estado”.
¿Cómo contestó el gobierno? La voz cantante fue la del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que acusó a la Corte Suprema de “regirse según las encuestas de opinión pública”. Y ese funcionario de total confianza del presidente no dudó en agregar: “la decisión de la Corte genera mucha bronca en la sociedad porque hay una demanda concreta de que se haga justicia” contra el kirchnerismo. Agregó: “se debilita la credibilidad de todo el proceso judicial en un proceso de gran debilidad”.
Es una bola que ha venido rodando y chocó con estruendo en la Casa Rosa. Para los habitantes de Balcarce 50 se culpa a la economía como el origen de los problemas. Ellos saben, mucho antes que Jaime Durán Barba les hable en los oídos, que han perdido popularidad y que los problemas de la economía ahogan a la población.
En un comienzo el mismísimo gobierno de Mauricio Macri jerarquizó a Cristina Fernández y la subió al ring, para dirimir las futuras elecciones presidenciales, pensando que no se presentaría o lo haría sin el apoyo del peronismo que no es un partido sino un archipiélago disperso, cuya ideología cambia de acuerdo a las circunstancias. Pero después se subió Roberto Lavagna, rodeado de partidos progresistas diversos y un sector del radicalismo y su nombre fue aplaudido por los industriales, precisamente, que vienen bordeando dificultades abismales. Pero ahora se sumó otro, el gobernador de Córdoba, un contador público que en su momento integró el gabinete de Domingo Cavallo, pero que se ha convertido en un líder supervotado tras el fallecimiento de José Manuel de la Sota. No se sabe bien que orientación tendrá Schiaretti: si se volcará a las filas de
de Roberto Lavagna o a los otros gobernadores y militantes de Alternativa Federal, la cara visible del peronismo sin cristinistas en sus filas.
Se sabe que Lavagna esperaba el óptimo resultado conseguido en Córdoba para saber hacia que dirección rumbear, subido a su aureola de salvador de la economía cuando todos tenían los brazos caídos. Quiere cortarse solo o ir bien acompañado y si fuera posible, por los gobernadores y funcionarios que nada tienen que ver con la administración que cesó a fines del 2015. Ha trascendido que la ruptura institucional con Sergio Massa, donde participaba, se ha concretado habida cuenta de los acercamientos de Massa al hasta ahora odiado cristinismo.
Todo está en caída en la economía. El bajón interanual de la industria se acerca al 55 por ciento. Todo encerrado en un círculo vicioso. El gobierno le da la espalda a la industria, por su lado la industria va apagando las máquinas, cesando la producción, suspendiendo personal. El trabajo formal ha crecido como una gota de agua en un arroyo de montaña. Si bien hay pequeñas mediciones en el mes a mes que indican mejoras, el panorama global deja mucho que desear.
Los últimos datos de empleo son decepcionantes. Entre marzo y diciembre del año pasado se destruyeron más de 130.000 puestos de trabajo en blanco (que son los que sostienen a los jubilados). El empleo de calidad sólo saldrá airoso si hay demanda en el mercado, que los ingresos de la población mejoren. Si en el 2019 se vuelven a experimentar shocks cambiarios como los de 2018 (pase a la garantía del Fondo Monetario Internacional que cubriría con millonadas los agujeros en el país) el gobierno puede tambalear. También habrá pax-cambiaria si persiste la baja en la tasa de interés de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos.
Hay indicadores sueltos que no son para saltar de alegría. La consultora de Orlando Ferreres indica que en enero pasado la actividad económica fue 5,9 por ciento menor que el mismo mes del año pasado. Según el INDEC la industria está de capa caída. Para el Grupo Construya, que congrega a los que fabrican materiales para construcción, esta se contrajo más del 20 por ciento en el último año. ACARA (Asociación de Concesionarios de la República Argentina) publicó que las ventas de autos y motos están siendo 40 por ciento menor a hace un año atrás.
Pero si los indicadores interanaules son rotundamente negativos ¿a que se debe que el gobierno señale que ya se tocó fondo? Todo depende de como se mida la marcha de la economía, sin duda, si se siguen las cifras mes tras mes o si se efectúa con una comparación internanual
Algo que no se entiende -salvo por el apremio de fondos a través de una inmensa presión impositiva- son las cargas que buscó imponer el gobierno para las exportaciones, de las que después dio marcha atrás en cuestión de días, sin saber si se arrepentirá o no en el corto plazo.
Argentina debe pensar con claridad cómo, de que manera y con qué productos saldrá a encontrar nuevos o viejos mercados de consumo en el exterior. No conforma que después del viaje a Vietnam el presidente afirme, como si tratara de una victoria, que venderemos dulce de leche en esa región asiática. Es un producto anhelado, pero no consigue cifras considerables que alienten ni la producción, ni la exportación, ni brinden suficiente empleo.
El Fondo Monetario ha declarado que las condiciones no cambiarían si hay un cambio de gobierno. Pero son palabras: está la deuda, que se debe pagar y las exigencias que se deben cumplir en cualquier acuerdo con el organismo financiero.
La Corte se ha movido bajo un paraguas molesto: se llama oportunismo. 
Publicado en El Cronista el 16 de mayo de 2019.
Link https://www.cronista.com/columnistas/El-oportunismo-de-la-Corte-Suprema-20190515-0082.html