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Opinión Mayo 15, 2019, 6 14am

Populismo, marxismo y “pobrismo”


Autor: Julio Montero


El populismo latinoamericano se piensa como heredero de la izquierda marxista. Muchos de sus seguidores lo interpretan como una evolución del ideal revolucionario, mejor preparado para sobrevivir en el mundo globalizado. No obstante, la doctrina populista se distingue del marxismo en varios aspectos. El más evidente es su apertura al discurso de los derechos, una artefacto contra-mayoritario distintivamente liberal.
En textos como “La cuestión judía”, Marx condenaba abiertamente los derechos individuales como un emergente ideológico de la sociedad burguesa que encubría relaciones de dominación y fragmentaba la comunidad.
Pero hay otras diferencias importantes. El sujeto histórico de marxismo era el proletariado: una clase compuesta por trabajadores industriales a la que Marx veía como todopoderosa. Dado que producía la riqueza ya tenía el poder; solo necesitaba tomar consciencia de su situación y posibilidades.
Por otra parte, Marx despreciaba al lumpen proletariado, un sector parasitario carente de habilidad productiva al que la burguesía podía seducir fácilmente. Y la sociedad comunista que avizoraba no era un suburbio de Caracas, ni un paraíso de subsidios, empleo público y planes sociales. Su hipótesis era que la reunificación del trabajo y los medios de producción liberaría plenamente las fuerzas productivas, generando tal opulencia que todos podríamos dedicarnos a actividades genuinamente humanizantes. En la utopía marxiana no hay lugar para los pobres.
En cambio, el centro del relato populista lo ocupa el pueblo, una categoría borrosa que abarca a marginados, desocupados y excluidos, aunque puede extenderse a la baja burguesía según convenga electoralmente. En contraste con el proletariado, el pueblo populista no es un gigante dormido.
Es un sujeto pasivo e impotente; el consumidor infantilizado de los medios reaccionarios y la propaganda neoliberal. No puede pensar por sí mismo ni organizarse y carece de vida propia. Por eso necesita un líder que lo interprete, lo represente y lo sacuda de la apatía mediante la retórica agonista.
El populismo también se aparta de Marx porque no aspira a erradicar la pobreza. Su propuesta es mejorar el acceso del pueblo a bienes de consumo superfluos, dejándolo en lo esencial tan pobre como antes. En suma, una filosofía del pobrismo.
En 1979 un grupo de intelectuales de izquierda, liderado por G. Cohen, J. Roemer y J. Elster, se reunió en Londres a discutir sobre el futuro del socialismo. Su conclusión fue que éste debía desembarazarse de sus viejos dogmas: renunciar al determinismo histórico, abjurar del autoritarismo, y convertirse en una doctrina no clasista, igualmente preocupada por el bienestar de todos.
El populismo no sólo es regresivo respecto de esta nueva izquierda, sino también del marxismo tradicional. Su exaltación del caudillismo mesiánico y el pueblo desposeído sintoniza mejor con la doctrina social de la Iglesia que con un ideario emancipatorio. A pesar de todo, Marx estaba completamente convencido de que la era burguesa era mil veces preferible al medioevo.
Pubicado en Clarín el 14 de mayo de 2019.
Link https://www.clarin.com/opinion/populismo-marxismo-pobrismo_0_VFO5GwR-v.html

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