Opinión | Abril 24, 2019, 4 14am

Ahogar a la diplomacia solo le sirve al régimen de Maduro



Autor: Alejandro J. Lomuto


La semana pasada, las instalaciones y los activos de Venezuela en Costa Rica quedaron a cargo de María Faría, la representante diplomática designada por el presidente encargado, Juan Guaidó.
Ello sucedió después de que los diplomáticos nombrados por la administración chavista abandonaran Costa Rica al cumplirse el plazo de 60 días que el gobierno costarricense les había dado tras reconocer a Guaidó como presidente legítimo de Venezuela.
El presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional, Francisco Sucre, opinó en su cuenta oficial en Twitter que, de ese modo, “Venezuela logra otro triunfo y propina otra derrota al régimen usurpador”.
La diplomacia tiene su razón de ser como herramienta para la resolución pacífica de controversias. Como se basa en la negociación, sus caminos no suelen ser los más directos y rápidos. Pero la Historia está llena de ejemplos que prueban su eficacia.
Por supuesto, la diplomacia tiene sus reglas. Una de ellas es la reciprocidad en las relaciones entre países. Si la república A expulsa de su territorio al embajador de la república B, esta no tardará en adoptar una medida similar.
Algo así ocurrió la semana pasada entre Venezuela y Costa Rica: una vez que sus diplomáticos debieron marcharse del país centroamericano, el régimen de Maduro expulsó al encargado de negocios costarricense en Caracas, Danilo González.
De ese modo, la representación de Costa Rica en Caracas, que ya no tenía embajador, queda reducida a tareas consulares y administrativas ?que, de todos modos, se verán notablemente dificultadas?, pero sin dirección política.
Ahora, supongamos que los más de 50 países que reconocen a Guaidó como gobernante legítimo de Venezuela imitaran a Costa Rica y resolvieran expulsar de sus territorios a todos los diplomáticos venezolanos designados por la administración chavista. ¿Se trataría, en la lógica de Sucre, de 50 y tantos “triunfos” y 50 y tantas “derrotas del régimen usurpador”?
La primera consecuencia, formal y directa, sería que Maduro ?que conserva todos los resortes fácticos del poder? expulsaría de Caracas a todos los diplomáticos de esos países.
Así, los ciudadanos de todos esos países residentes en Venezuela, así como los venezolanos que tengan o deseen tener cualquier tipo de relación con esos países, quedarán desprotegidos. Esas embajadas, por ejemplo, han facilitado la emigración de miles de venezolanos no solo otorgándoles visas sino, en muchos casos, colaborando con su inserción laboral en los países de destino.
Peor aun, quedaría desprotegida la oposición al chavismo. Aunque parezca ocioso, vale recordar que en una de esas embajadas están refugiados Roberto Enríquez y Freddy Guevara, y que la presencia en Maiquetía de embajadores y encargados de negocios de esos países blindó el regreso de Guaidó a Venezuela a comienzos de marzo, luego de su gira sudamericana.
“Vísteme despacio, que tengo prisa”, dicen que dijo Napoleón Bonaparte, aunque no está probado que sea él quien lo dijo, al menos por primera vez. “El que se calienta [pierde la calma], pierde”, dicen que solía recomendar el expresidente argentino Carlos Menem.
La historia de la oposición al chavismo está plagada de frustraciones. La gran mayoría de ellas, debido a la impaciencia y la frontalidad de sus impulsores, que a menudo olvidaron que en política, el camino más corto entre dos puntos no es la recta.
Tampoco lo es en este caso. Que más de 50 países reconozcan a Guaidó es un gran avance y un elemento de presión que el régimen chavista no puede subestimar. Que esos mismos países le sirvan en bandeja a Maduro su retirada de Venezuela podría ser un retroceso decisivo para el proceso político en marcha.

(El autor es periodista, editor de Internacionales de la agencia de noticias Télam y miembro del grupo Key Opinion Leaders del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI-KOL). Esta opinión es personal)