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Opinión Abril 24, 2019, 5 13am

La cooperación con Haití en un proceso cambiante


Autor: Pedro von Eyken


Esta es mi tercera nota sobre Haití en Criterio. En ella describiré someramente las difíciles condiciones del país, la cooperación internacional para cubrir las urgentes necesidades de este atribulado país del Caribe y, last but not least, un valiente giro de política exterior de Haití en el contexto regional fundado en la Realpolitik.
Haití es un país sumamente vulnerable. Padece severos problemas estructurales y es el país más pobre del hemisferio occidental, con un ingreso anual per capita inferior a los 900 dólares. Varias circunstancias históricas coadyuvan a este estado de cosas. Señalo tres: a) la muy baja productividad de las actividades económicas, b) la extrema desigualdad en la distribución del ingreso, y c) un Estado muy frágil.
Hace más de dos siglos Haití se llamaba Saint Dominique y era considerado la joya caribeña de Francia. Había sido concebido en base al azúcar y la esclavitud. Una sangrienta rebelión de esclavos condujo a su independencia en 1804, por lo que fue un caso único en el mundo. A causa de su temprana independencia, los gobernantes de Haití procuraron que aumentara el número de colonias latinoamericanas que se independizaran. Por eso tejió alianzas con personajes emblemáticos como Simón Bolívar. En este contexto fue Haití el primer país del mundo en reconocer nuestra independencia, en 1817.
El arroz es el principal alimento básico de Haití. A pesar del largo período de dictaduras bajo Francois Duvalier, primero (1957–1971) y de su hijo Jean Claude, que asumió con 19 años, después (1971–1986), Haití era autosuficiente en arroz hasta mediados de la década de 1980. Fue a fines de esos años que un fuerte ajuste estructural y la liberalización comercial condujeron a una cada vez mayor dependencia de la importación de su alimento básico. Asimismo, al comenzar la década de 1980, una serie de factores internacionales llevaron a la economía hacia una dirección equivocada. Se destacan tres razones: 1) la pérdida de ingresos por la exportación de café; 2) el aumento de los precios del petróleo durante la década de 1970; y 3) las altas tasas de interés sobre la deuda externa. La corrupción y una mala gestión económica durante la era Duvalier, a pesar de haberle dado a Haití el orden que hoy, todavía, no pocos nostálgicos añoran, afectaron su economía.
Para colmo, dos graves desastres naturales de este siglo completaron el ya penoso cuadro: primero, el 12 de enero de 2010 la capital fue destrozada por un devastador terremoto que segó la vida de unas 300.000 personas y dejó a otras tantas desprotegidas, dejando a más de un millón de personas sin hogar. Produjo, además, una destrucción masiva de infraestructura. Desde ese desastre, grupos humanitarios del extranjero donaron grandes cantidades de ayuda en alimentos para esa enorme cantidad de personas que que se quedaron sin techo.
Segundo, en octubre de 2016, el fortísimo huracán Matthew empeoró una situación ya crítica, la seguridad alimentaria en Haití. Hoy, el 80% del arroz consumido en Haití se importa, principalmente, de EE.UU. Los alimentos importados han alcanzado un precio muy elevado, si se compara, por ejemplo, con los de la vecina República Dominicana. Ello reduce notablemente el acceso de los alimentos en los hogares más vulnerables de Haití, que superan ampliamente el 60 % de la población. Con más del 50 % de la población desnutrida, la falta de seguridad alimentaria conduce a la inestabilidad política.
Una prioridad del gobierno haitiano es la mejora del sector agrícola de Haití para poner fin a la dependencia de alimentos importados y la ayuda humanitaria. En eso se destacó nuestro país al mantener en Haití su emblemático programa Pro Huerta entre 2005 y 2016, que dio beneficios a más de 180.000 familias, centrados en la huerta familiar, y la  irrigación de agua. A mediados de 2016 el proyecto se discontinuó y aún se analiza su relanzamiento acotado al ámbito social, destinado a proveer seguridad alimentaria a la primera infancia haitiana. Es un  sector de la población haitiana de gran interés para la Primera Dama de Haití, Martine Moïse. Ello es tan así que posiblemente, a mediados de este mes, Madame Moïse acompañe a Buenos Aires a la Ministra de Asuntos Sociales de Haití, invitada por la Ministra argentina.
La Ministra haitiana, junto a sus colegas de Relaciones Exteriores y de Planificación y Cooperación Externa, fueron invitados por nuestro país a la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cooperación Sur Sur, que se celebrará en Buenos Aires del 20 al 22 de marzo.
Haití necesita cooperación para desarrollar sus instituciones y mejorar su infraestructura. Hay cooperantes grandes, como Estados Unidos, Taiwán, la Unión Europea y Canadá, que se ocupan de grandes obras de infraestructura. Pero también hay medianos y pequeños. Siete países latinoamericanos, además del nuestro, tienen embajada residente en Puerto Príncipe y proyectos de cooperación: Brasil, Chile, Cuba, México, Panamá, República Dominicana y Venezuela.  
Nuestro país posee otras áreas potenciales de cooperación con Haití: la educación terciaria del agro, la inseminación artificial para mejorar las razas lecheras,  la deportiva y los derechos humanos.  Nuestra cooperación bilateral no se circunscribe al nivel nacional. Además del área de Cooperación Internacional de la Cancillería,  la Provincia de Buenos Aires presta asistencia en la capacitación policial a través de la Escuela Juan Vucetich.
Noblesse oblige: entre 2008 y 2015, con independencia de los actuales procesos judiciales, debe decirse que Haití fue visitada por las dos más altas autoridades de nuestro país. En marzo de 2008 viajó la Presidente Cristina Fernández de Kirchner para visitar el contingente argentino de la fuerza de paz de la ONU. Dos veces viajó a Haití el Vicepresidente Amado Boudou, el 31 de diciembre de 2012, para pasar el último día del año con las tropas argentinas de la ONU y en junio de 2013 para inaugurar el Hospital Presidente Néstor Kirchner en Corail,  en el extremo sudoeste de Haití, obra en la que intervinieron la UNASUR, Haití, Cuba y Venezuela. 
Pero el giro más inesperado de política exterior lo dio Haití al votar contra el reconocimiento de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, en la OEA, el 10 de enero último. Venezuela es el principal acreedor de Haití y el que más ayuda le prestó en su historia. Haití hizo gala de la Realpolitik más bismarckiana: explicó que la amistad permanente es con el pueblo y no con el presidente de Venezuela. Para dar ese paso Haití consiguió financiamiento de sus mayores cooperantes, entre ellos, Estados Unidos, para desarrollar su economía. Sin perjuicio de ello, cabe resaltar que Haití, en 1986, luego de los 29 años de dictadura duvalierista, eligió regirse por una democracia pluralista, con mandatos acotados y libertados individuales. Todo ello debería ser tenido en cuenta por el Palacio San Martín en su agenda con Haití.
Publicado en Criterio en marzo de 2019.

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