Opinión | Marzo 06, 2019, 6 13am

El avión es más seguro que el hospital



Autor: Jorge Elías


En 2018 murieron 556 personas en el mundo como consecuencia de 15 accidentes aéreos, según la Aviation Safety Network (ASN), especializada en el monitoreo de catástrofes. Las cifras sorprenden en virtud del récord de 2017, considerado el año más seguro de la historia de la aviación. Indican, en contraste, que hubo un accidente aéreo mortal cada 2,54 millones de los 37,8 millones de vuelos realizados en 2018. Se trató, así y todo, del tercer año más seguro desde 1946 y del noveno en cantidad de víctimas. En realidad, cada año mueren más personas por errores médicos e infecciones en el hospital.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha concluido que es más arriesgado y peligroso estar internado que viajar en un avión. El ingresado en un hospital, abunda en detalles, tiene un 10 por ciento de probabilidades de contraer alguna enfermedad por fallas en su cuidado. Uno de cada 300 contagios puede llevarlo a la muerte. La perspectiva de perecer en un accidente aéreo es infinitamente menor: apenas una en 10 millones. Más gente muere, a su vez, por picaduras de abejas que por ataques de tiburones. En menor proporción, unas 100 por año mueren por atragantarse con bolígrafos.
Esto significa que es más beneficioso y barato invertir en un club de millaje que en un plan de salud, en repelente que en arpones y en agendas electrónicas que en elementos de escritura. El cambio de hábito puede ser contraproducente si afecta nuestro ánimo. La depresión está al acecho en todos los rincones del planeta. La padecen 300 millones de personas, de la cuales 800.000 se suicidan, según la OMS. ¿Cómo se supera? Con una internación, en casos graves, o con un viaje en avión, bien lejos, de modo de apartarse de los factores que la han desencadenado, entre otras alternativas.
De ir uno a un hospital estará más expuesto a contraer un mal capaz de dejarlo seco que a 10.000 metros de altura y sin paracaídas. La confusión es tan clara como la contradicción. Si uno visita otro país, quizá no sepa que puede ser embestido por una legión de abejas capaz de quitarle la vida. Y si se queda en casa, quizá no sepa que, de puro aburrido, darle vueltas y vueltas al bolígrafo en la boca como si fuera un chupetín puede llevarlo a la tumba sin escalas, atragantado o intoxicado.
En menudo aprieto se encuentra uno si alguien descubre que está atorándose con un bolígrafo. Tras el alarmante diagnóstico, el atribulado paciente deberá ser trasladado a un hospital para los exámenes de rigor. Esa instancia acrecentará la posibilidad de contraer alguna peste durante los estudios, así como de ser picado por una abeja en el trayecto de su casa a la ambulancia y de la ambulancia al hospital. Raro que ocurra en un avión.
Publicado en El Interín el 4 de marzo de 2019.
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