| Febrero 23, 2019, 1 15pm

Carciofi: “Hacer el G20 facilitó el préstamo del FMI”



Autor: Danila Terragno


Ricardo Carciofi



Veinte Manzanas conversó con Ricardo Carciofi sobre la demorada recuperación de la economía argentina y las perspectivas en un año austero y electoral. Carciofi es investigador de CIPPEC y del Instituto Interdisciplinario de Economía Política UBA-CONICET.
Realización: Ernesto Samandjián.
 
¿Por qué hay una promesa recurrente de parte del gobierno de que la recuperación vendrá “el próximo semestre”?

Hay dos promesas porque fueron dos momentos de recesión. El primero, luego de que en enero del 2016 el gobierno adoptará las medidas de unificación cambiaria y la economía -por ese impacto- comienza un periodo de recesión. El gobierno en ese entonces pensaba que en algún momento del segundo semestre se comenzaría a crecer y, efectivamente, eso ocurrió. Esa recuperación se extendió desde la última mitad del año 2016 y hasta abril de 2017 cuando empezó el desplome de mano de una crisis cambiaria que se extendió durante todo el 2018 y hasta hoy. La discusión ahora es cuándo viene la recuperación de este segundo episodio de recesión.

¿Crecer es algo que la Argentina no está pudiendo lograr desde hace cuánto tiempo?

Desde el 2011 a la actualidad, la economía no crece y va a terminar con un producto per cápita más bajo que ocho años atrás.

¿Cuál es el tema principal que tenemos que resolver para crecer?

Si fuera uno solo es más fácil, pero es un combo de situaciones. Están focalizadas en dos áreas principalmente. Por una parte es la cuestión fiscal, que tiene una complejidad particular y repercute en el resto, y por otro la solvencia externa de esta economía, es decir, la capacidad que tenemos para generar dólares genuinos de manera que, con esos dólares genuinos, podamos comprar lo que necesitamos para poder invertir, para poder consumir.

Hay una serie de gestos de lo que el Presidente Macri llama “inserción inteligente al mundo” que antes no estaban presentes, como haber sido sede de G20, de la OMC y estar haciendo los deberes para ingresar a la OCDE...

Hubo gestos pero también decisiones. El gobierno efectivamente lanzó esa fórmula, un tanto peculiar en cuanto a la elección del nombre, de “inserción inteligente en el mundo”, con un planteo muy diferente a lo que era a fin de 2015, y obtuvo logros muy concretos. En primer lugar, regularizó los mecanismos de administración del comercio. Cuando el gobierno de Cambiemos se inicia, la Argentina arrastraba una disputa con la OMC por el sistema de control de las importaciones. Eso se resolvió. Segundo: la regularización del mercado cambiario. Las normas que había eran esotéricas. Los cambios fueron importantes para el flujo del comercio y la inversión.Tercero, una activa negociación en materia comercial mediante la cual el Gobierno destrabó obstáculos en algunos mercados y obtuvo resultados, como es el caso de cítricos o de Asia. Finalmente, me animaría a afirmar que el hecho de que la Argentina se hubiera ofrecido como sede de la reunión del G20 influyó positivamente en la gestión con el Fondo Monetario.

Sin embargo, la balanza comercial sigue siendo negativa y continúan las retenciones a la exportación. ¿Cómo es?

En algunas cosas hubo un exceso de optimismo. La lluvia de inversiones no ocurrió. El acuerdo con la Unión Europea, si uno revisa los diarios, el Gobierno creía que lo iba a encontrar la vuelta de la esquina. Eso no ocurrió. Y vos dijiste bien, estamos con retenciones. Pero no nos olvidemos que la primera decisión que toma el Gobierno el mismo enero del 2016 es bajar las retenciones porque creía que por ahí iba a ir y en lo que terminamos hoy es en un programa de emergencia, producto de la crisis cambiaria, que obligó a desandar parte del camino. Esto aconseja que en estas cuestiones hay que caminar con mucho cuidado.

Uno de los primeros anuncios que hizo el nuevo ministro de Economía de Brasil fue decir el Mercosur era una cuestión menor. ¿No hizo más que verbalizar lo que todo el mundo sabe, es decir, que el Mercosur no está funcionando?

En rigor no era ministro en ese momento, le pusieron un micrófono el día
que habían anunciado el resultado de la elección y él después dijo que había sido un error y que la idea de Brasil es mantener el Mercosur.

O sea que sí es posible que con Brasil exista esa conversación y se empiece a impulsar el Mercosur a pesar de ese traspié original.

Efectivamente no está funcionando y hay que hacerlo funcionar y me parece que este es el momento, aprovechando que la Argentina tiene la presidencia pro témpore del Mercosur. Bueno ya no es necesario ser más paciente, ya están definidos del otro lado de la frontera: ¿qué queremos acá? Y me parece que hay que empezar ya con la letra fina, que es: ¿qué objetivos queremos y cómo vamos a alinear los instrumentos? Porque este Mercosur tal como está a nadie le sirve.
 
¿A nosotros lo que más nos interesa es que crezca Brasil, no tanto qué política económica adopte?

Nosotros tenemos una balanza negativa con Brasil y le exportamos alrededor del 20% de nuestras exportaciones, es decir que 2 de cada 10 productos o servicios que exportamos, van a Brasil. Hay análisis que muestran que la economía argentina es mucho más sensible al nivel de actividad en Brasil que al tipo de cambio en Brasil.  Entonces si Brasil crece, a nosotros nos ayuda.

Los otros socios comerciales que tenemos hay dos que son muy importantes: China y Estados Unidos.

Así es.

Si tuvieras que elegir entre uno de los dos...

¡No! No estamos en condiciones de elegir entre los dos.

Si te obligan porque la guerra comercial se profundiza...

Hay un punto interesante sobre la guerra comercial y es que afecta más a las economías que se encuentran más integradas en las cadenas de valor globales. Hay un ejercicio del Fondo Monetario al respecto: si se profundiza la tensión comercial -dependiendo por ejemplo de lo que suceda el 1ro. de marzo cuando EEUU tiene que tomar una decisión pendiente sobre tarifas con China-, la predicción es que los países que estamos menos integrados, como la Argentina y también Brasil, salimos favorecidos. En el último episodio, cuando los chinos le pusieron aranceles a la soja de EEUU, cayó la soja en Chicago, obviamente, pero subió en Paranaguá, Brasil. Justo era un momento en que nosotros no teníamos soja disponible, pero hubiera subido también acá. No digo con esto que debamos alentar estos escenarios y obviamente hay que estar muy atentos a las agendas geopolíticas de los países.

¿Son compatibles un presupuesto austero, como el que se aprobó para 2019, con un año electoral?

De sueños se hace la vida pero después están las realidades. El Gobierno no tenía mayor opción. Hay una cuestión importante: no te olvides que ese presupuesto también fue aprobado por buena parte de la oposición, lo cual habla que hay una comprensión de la gravedad de la situación que excede al oficialismo.

¿Qué debería priorizar el gobierno que asuma a fin de este año?

Primero, tiene que llegar con una situación relativamente normalizada. En ese caso, tendría que proponerse ya no déficit cero primario sino superávit primario. La prioridad es crecer y para eso, insisto, hay que tener solvencia en el frente externo. A medida que crecemos se va haciendo más tolerable el problema fiscal. Si hay alguien que escucha estas palabras podría decir “¿Ahora querés superávit? ¿Entonces cuándo van a empezar a bajar los impuestos?” Es cierto que el nivel de la presión impositiva es muy grande y está afectando efectivamente la competitividad del sector privado. Es un problema. La cuestión es amalgamar la solvencia externa con el programa fiscal. Eso es lo que está en el centro de cosa.