Opinión | Enero 16, 2019, 5 11am

López Obrador y Bolsonaro: tan diferentes, tan semejantes...



Autor: Carlos Malamud


Con un mes de diferencia los nuevos presidentes de las dos potencias de América Latina, México y Brasil, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Jair Bolsonaro, asumieron sus cargos. Al compararlos se suele resaltar las diferencias, dada su ubicación en las antípodas políticas e ideológicas y su distinta valoración del estado y del mercado y de lo público y lo privado. Más allá de todo lo que los separa, visible en cualquier aspecto de la realidad, es posible distinguir numerosos puntos en común. El ejercicio tiene cierta utilidad, ya que al realzar las semejanzas se podrá profundizar en ciertas claves de la nueva realidad regional.
La comparación más clara surge del modo en que fueron elegidos, de su capacidad de canalizar el descontento social y aprovechar el voto del enojo. Sus férreas posturas contra la corrupción les dan un aire anti sistema, por más que los dos tengan una larga trayectoria política. De ahí su obsesión por impulsar reformas rápidas que reflejen tanto su voluntad de cambo como el cumplimiento de sus promesas electorales.
Esto no se acaba aquí, dadas las semejanzas que pueden establecerse en la forma de ejercer el poder y en el estilo personalista que quieren darle. Su impronta caudillista traspasa los partidos tradicionales, al aprovechar la crisis en que están inmersos y el descontento popular con la democracia y sus instituciones. Así, se han apropiado de uno de los dogmas políticos del peronismo: gobernar mediante
la relación directa entre el pueblo y el líder, evitando la intermediación de los partidos. Extremando la polarización social la convierten en una herramienta adecuada para movilizar a sus bases, según el modelo de los populismos de cualquier signo que nos rodean.
Al potenciar los extremos se elimina el centro político y la necesidad de moderación. Este camino, que entiende la política como conflicto, va cerrando los lugares de encuentro. Los extremistas, que no tienen adversarios sino enemigos, suelen primar el enfrentamiento sobre el consenso y reniegan de resolver las diferencias con discusión y negociación. Tanto Bolsonaro como AMLO tienen un componente autoritario que se refleja en su manera de gobernar. Los dos son partidarios de militarizar la seguridad y de recentralizar el sistema federal. Cuánto más poder concentre el gobierno será más funcional para su objetivo de convertir al presidente en el principal actor político.
Si bien ambos han llegado al gobierno a través de elecciones limpias, su aprecio por la democracia representativa y el liberalismo político es más bien escaso. Algo similar se puede decir en relación a los medios de prensa tradicionales, dado su control de las redes sociales y su preferencia por plataformas alternativas.
Tampoco se olvide el apoyo recibido de las iglesias evangélicas, mucho más claro en el caso de Bolsonaro, aunque nada despreciable a la hora de elegir a AMLO. Por ahora los dos tienen buena relación con Trump, uno obligado, el otro convencido, pero en el caso mexicano esto puede cambiar en cualquier momento.
Hay un último punto a mencionar, aunque éste solo podrá despejarse con el paso del tiempo. Es conocida la tradición aislacionista de Brasil y México y su resistencia a asumir algún tipo de liderazgo regional. Por eso es importante saber si más allá de sus diferencias Bolsonaro será una referencia para la derecha latinoamericana más dura y AMLO su equivalente en una izquierda cada vez más huérfana a partir de la crisis venezolana y de la salida del gobierno cubano de Raúl Castro.
Publicado en www.realinstitiutoelcano.org