| Enero 15, 2017, 9 39am

Rigoberta Menchú: “Creía que tenía que dar la vida por mi pueblo, y mi pueblo estaba en otra cosa”

Rigoberta Menchú nació en Uspatán, una pequeña localidad indígena guatemalteca. Como reconocimiento a su lucha por los derechos humanos y de los pueblos originarios en 1992 recibió el Premio Nobel de la Paz y en 1998 el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, fue dos veces candidata a ocupar la presidencia de su país y es embajadora de buena voluntad de la UNESCO. Conversamos con ella en la Feria del Libro de Guadalajara en donde nos habló de Donald Trump, del Papa Francisco, del momento político actual y de la tensión que existe entre la construcción de políticas públicas eficientes y sustentables y la ansiedad de las sociedades por encontrar respuestas urgentes.

Autor: Luis Quevedo





Soy municipalista como política, me gustaría ser alcaldesa aunque sea en un pueblo de 17 familias, diseñar políticas públicas entre todos pero políticas públicas con presupuesto, porque las políticas públicas sin presupuesto son como los celulares sin batería.

Rigoberta Menchú tiene modales serenos pero firmes, ojos negros y escrutadores, a veces opacos, a veces brillantes, es baja, rolliza y viste un traje típico pintado con la tradicional policromía caribeña, habla un español cruzado por modismos mayas, se expresa con la forma pausada de una predicadora y con la sensata convicción de quien sabe adónde debe dirigirse, siente que es una personalidad internacional, no lo disimula y confiesa que “Yo creo que no hay una sociedad ideal, también de eso ya me convencí, antes yo creía que tenía que dar mi vida por mi pueblo, y mi pueblo estaba en otra cosa, no le importaba, y porqué yo tengo que pretender que los demás deben parecerse a mí o yo debo parecerme a ellos, porqué no soy yo como soy, y porqué no valoro lo que yo tengo, entonces ese pensamiento de que si tú no eres pobre ya no sos revolucionario, si tú no vives en un barrio pobre entonces ya sos uno de los ricos que son insensibles. Y lo peor es que esas creencias contribuyen a formar barreras económicas que nos van llevando a un aislamiento espiritual,  porque antes creíamos en un solo Dios y ahorita parece que Dios está aflorando en todas partes de distinta manera, estoy segura que si yo lanzo mi religión aquí en Guadalajara muchos de ustedes se van a plegar a mi religión, estos son los temas que yo creo que hay que discutir”.  
 
¿Cómo construir políticas públicas sustentables que disminuyan la pobreza en América Latina?
Lo primero que creo es que tenemos que tener un profundo sentido de los procesos. Muchas veces queremos que las cosas estén ya. Y yo lo veo mucho con las elecciones, la pasión que tienen los electores cuando están a punto de votar un presidente. Creen que el presidente que va a llegar es un superhombre, digo hombre porque sólo los hombres ganan las elecciones (ríe con picardía), el superhombre que dice que va a hacer todo, que va a cambiar, todo, y sabe que no puede hacer todo, ¿porqué? Porque todo país está regido por códigos, por leyes, por reglamentos, por parlamentos, hay un montón de normas que pasar antes de que tú cambies algo. Pero, sin embargo, todo el mundo cree que sí y más si el partido o el político tiene mucha plata, entonces se creen que se van a volver magnates todos…
¿Está pensando en Donald Trump?
Sí estoy pensando en nuestro vecino de aquí arriba, que es el presidente de los magnates, por supuesto que los magnates van a salir triunfando porque entre ellos sí se van a entender, entre ellos sí se van a hacer conciliaciones, entre negocios y más negocios no se tiene en cuenta lo humano, sólo hay dinero y el dinero es ambicioso, es una enfermedad hoy por hoy, pero los pobres creen que esto va a cambiar y a los cuatro años, o dos años se acaban las esperanzas, en mi país Guatemala ni siquiera tardó un año para que un presidente actor que ni siquiera era político que se supone que no sabe robar, etcétera, etcétera, ya la gente está frustrada y otra vez viene la gente con sus manifestaciones y sus pancartas para decir que ese señor no está bien. La euforia de la gente dura muy poco. Es una gota de agua. Entonces yo creo que esa cultura, ese quehacer ciudadano, ese prototipo de ciudadanía no sirve, y el ser humano tiene que empezar a razonar un poco más y yo tengo mucha esperanza que nosotros cada día podamos hacer una meta de participación generacional en donde nuestras nuevas generaciones que se preparen bien que no ganen los espacios porque son muy chulos, como se dice en Guatemala, sino que ganen porque trabajan, porque tengan valores, y eso lo podemos hacer las mujeres porque somos más las mujeres que compartimos estos principios. Podemos hacer algo como despertar esa pasión por enseñar principios y valores a nuestros hijos, educar a las empresas, obvio si yo no encuentro una muñequita morena en el mercado pues voy a tener que comprar una muñequita rubia, y el empresariado tiene una misión social también que hacer y esta mañana estuvimos con el Consejo Económico y Social de Jalisco y ese fue nuestro mensaje, decirle al empresariado que tiene una gran oportunidad para impulsar culturas, principios, valores, apoyando ediciones de libros, trabajos académicos, investigaciones, que hacen posible aplicar políticas públicas negociando quizás entre la sociedad organizada y la no organizada y entre el Estado y los poderes económicos, porque todos somos necesarios, este es un tiempo en el que debemos ser multidisciplinarios.
En este cambio cultural es imprescindible trabajar con los jóvenes…
Por supuesto,  la juventud, la juventud es sustancial en toda la historia de los seres vivos del planeta porque la sabiduría es un crecimiento personal, mientras más temprano tú trabajes para encontrar una solución a tus problemas más temprano tú serás un dirigente que puede enfrentar los problemas de tu pueblo para ser una luz para los demás. Pero si esperas a que te digan que tú tienes aquí un lugar quédate tranquilo que no sucederá.  Los jóvenes tienen que buscar su espacio, pelear por su lugar, su propio ser, y para eso hay que leer mucho, a pesar de que la tecnología es tan eficiente, yo no puedo vivir sin la tecnología,  sin el wahtsapp, sin internet, es imposible, pero a pesar de eso se debe estudiar, capacitarse, leer libros, conocer otras culturas.
Usted que está en contacto con los grandes dirigentes del Mundo ¿Cómo ve las ideas que ellos tienen para el desarrollo y progreso de los pueblos?
A esta altura hay mucha información de los valiosa que es la contribución de los distintos pueblos, sus culturas, el significado que tienen las distintas identidades, y me parece perfecto que un gran dirigente como por ejemplo el Papa Francisco sea alguien que llame la atención porque sus mensajes causan mucho impacto, especialmente entre los católicos, sobre los temas de la pobreza, la desigualdad, ya que ha vivido en un continente donde ha visto él mismo las desigualdades sociales, qué bueno que esto pase. Lo que a mí me preocupa es que ante un gran mensaje uno lo escucha, coincide  y se queda con la conciencia bien tranquila y ya no se hace nada. Y lo que todos tenemos que hacer es tener de verdad una política clara sobre cómo queremos materializar esa idea en la práctica. Por ejemplo que bueno sería poder hacer una calificación del arte de los pueblos originarios de América y ya no decirle artesanías, sino arte. Un arte que escribe el tiempo, es sabiduría ancestral, los estados tienen la obligación de cuidar sus culturas.
¿Y qué piensa Rigoberta Menchú como política?
Primero yo creo en el municipalismo, soy municipalista como política, me gustaría ser alcaldesa aunque sea en un pueblo de 17 familias, diseñar políticas públicas entre todos pero políticas públicas con presupuesto, porque las políticas públicas sin presupuesto son como los celulares sin batería. Entonces políticas públicas, presupuesto y fiscalización de los pueblos. Se supone que todos somos honrados pero a la hora de hacer las cuentas las cuentas no cierran, y hay pueblos originarios que han tenido presupuestos desorbitantes con mucha plata y cómo se usó esa plata, ah…. Vaya a saber… hay más de 18 millones de personas que pertenecen a los pueblos originarios sólo en México, en Guatemala hay más de tres millones y muchísimos más en Latinoamérica, hay que hacer que ellos se transformen en dirigentes, científicos, gestores de políticas públicas, hay que darles trabajo, educación, por eso creo que es muy importante llamar a la acción real y no a la simbólica porque eso no funciona.