| Enero 07, 2019, 7 14am

El soñador que sigue soñándonos



Autor: Luciana Sabina


Jorge Luis Borges admiraba profundamente a Sarmiento. En uno de sus poemas de mayor fuerza y belleza lo describe como aquél que "Noche y día camina entre los hombres, que le pagan (porque no ha muerto) su jornal de injurias o de veneraciones.
Abstraído en su larga visión como en un mágico cristal que a un tiempo encierra las tres caras del tiempo que es después, antes, ahora, Sarmiento el soñador sigue soñándonos". 
Allí, conceptuándolo como el "soñador que sigue soñándonos", Borges toca la fibra más íntima del prócer, aquella que se ve claramente en la construcción de un observatorio en la Sudamérica en pleno siglo XIX.
El ritmo que impuso durante su presidencia era avasallador y pocos se encontraron a la altura. 
Entre las primeras medidas que tomó Sarmiento, encontramos la de proyectar un observatorio nacional. Consideró para el proyecto a Benjamín A. Gould, astrónomo estadounidense que había conocido en su viaje por Norteamérica. Así,  al mes de asumir, escribe a su amiga Mary Mann, residente en aquél hemisferio: "No me olvido nunca de la buena disposición del Profesor Gould, a quien no me ha sido posible arreglarse su asunto, porque el Congreso se disolvió al día siguiente de mi recepción y no pudieron votarse fondos nuevos". Su idea era contratarlo de inmediato por lo que pide a Mary que indague el sueldo que pretendía el astrónomo, con el fin de presentar el proyecto a la Cámara Legislativa en Mayo. Mann envía sus requerimientos en el siguiente vapor.  
Al cumplir exactamente un año como primer mandatario leemos en otra misiva a Mary: "Le escribo (…  ) para anunciarle que es ley ya la creación del Observatorio astronómico, lo que puede a mi nombre comunicarle a Mr. Gould, a fin de que se vaya preparando para venirse". 
 
Inspira la simpleza de estos actos, cuando significaron tanto para nuestro país. 
Aunque no todo fue tan sencillo. Las dificultades que enfrentó Sarmiento a la hora de llevar a cabo tamaño proyecto fueron muchas. Fundamentalmente se cuestionaba el uso de tantos recursos para algo tan específico, cuando las urgencias eran numerosas y aún estábamos en guerra con el Paraguay. El sanjuanino respondía: "Es anticipado o superfluo, se dice, un observatorio en pueblos nacientes y con un erario o exhausto o recargado. Y bien: yo digo que debemos renunciar al rango de nación, o al título de pueblo civilizado, si no tomamos nuestra parte en el progreso y en el movimiento de las ciencias naturales."
Sin duda, su visión a futuro no era compartida por las mayorías, pero mientras aquellas pasaron por la vida sin pena ni gloria, Domingo Faustino construía futuro. 
Finalmente, el 24 de octubre de 1871  se inauguró en Córdoba el Primer Observatorio nacional. 
Aquél día, en compañía de Gould el Presidente Maestro dio un discurso memorable al público presente y a las generaciones venideras: 
 "Cuando levantéis, señores, vuestros ojos esta noche, después de ponerse la Luna, hacia el cielo estrellado, y esforzando vuestra atención se os presenten las más pequeñas estrellas, una en pos de otra, no hallaréis ni una sola cuya posición y magnitud no esté ya registrada por alguno, sino por más de uno, de los astrónomos de vuestro Observatorio."
Inspirándonos en su ejemplo, nos preguntamos si no vendría bien elevar un poco nuestros ojos en pos de una mirada más ambiciosa que cotidiana.
Publicado en Los Andes el 8 de diciembre de 2018.
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