Opinión | Diciembre 06, 2018, 6 16am

Una Argentina más conectada al mundo



Autor: Marcelo Stubrin


Hace un año, la Argentina recibió de Alemania la Presidencia del G20. En esa ocasión se revelaron las tres prioridades temáticas que guiarían los debates durante 2018: el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo y un futuro alimentario sostenible.

Pasó un año con 167 reuniones de representantes gubernamentales y de la sociedad civil, que recogieron los insumos propuestos por la ONGs, empresarios, científicos, sindicatos y jóvenes de todo el mundo.
Durante esta maratón diplomática, la Argentina bregó por hacer oír la voz de los países del sur. Los que tienen altos índices de desempleo y para los que el avance de una nueva economía puede representar una amenaza de exclusión antes que una oportunidad. Los que en pleno siglo XXI carecen de autopistas, energía segura, aeropuertos o fibra óptica, toda una hipoteca sobre el desarrollo de sus ciudadanos.
Los que deben esforzarse por la seguridad alimentaria de sus poblaciones mientras cuentan con una capacidad de producción ociosa o ineficiente. La visión argentina en estos y otros temas -propia de un país emergente- representó a cabalidad las preocupaciones de América Latina, una región que aun es desigual, relativamente pobre y a la que las turbulencias globales afectan particularmente.
Este trabajo se vio atravesado por serios conflictos que surgieron durante el año y que llegaron especialmente fuertes y cruzados a la Cumbre de líderes en Buenos Aires: China y Estados Unidos opuestos en una guerra comercial sin precedentes; tensión militar entre Rusia y Ucrania, cuyo eco resuena fuerte en Occidente; la incertidumbre del Brexit; la muerte del periodista saudita Kasogghi; tribulaciones políticas internas en Estados Unidos y Francia; Merkel -reaseguro del multilateralismo- en autoanunciada retirada.

Y una Argentina golpeada por la crisis económica de los últimos meses, tanto como amenazada por las dudas que surgieron sobre su capacidad para organizar y garantizar la seguridad y buena marcha de las discusiones entre los gigantes del mundo.

¿Resultados? El comunicado final revalorizó el multilateralismo comercial de la OMC y llamó a corregir fallas. Destacó la importancia de un orden internacional basado en reglas. Mostró que la mayoría de los países del mundo entienden la amenaza del calentamiento global. Reconoció la importancia de cooperar para enfrentar las causas del masivo aumento de refugiados y la crisis humanitaria resultante.
Señaló el camino a seguir por el mundo en educación, trabajo, inclusión social, equidad de género, salud, y políticas monetarias y fiscales que garanticen la estabilidad y el crecimiento. Y sobre el final, Buenos Aires sirvió de escenario para la reducción de tensiones entre Trump y Xi, lo que permite ser optimistas sobre la capacidad de dos grandes para sentarse en una mesa y encontrar respuestas moderadas a desafíos profundos.
Difícilmente una reunión de líderes sea solución per se para los problemas que aquejan a nuestro mundo de hoy. Pero el G20 en Argentina demostró que las diferencias no son un límite al diálogo, ofreciendo a la próxima presidencia japonesa una base sobre la cual seguir trabajando por el consenso y profundizar los logros alcanzados.

Para la Argentina fue una prueba de fuego superada. Porque pudo erigirse en mediador de buena fe en base a un esfuerzo diplomático inédito en su historia reciente, y porque todo esto pudo hacerse en paz y garantizando las voces de grupos que representan el disenso, sin gases lacrimógenos, heridos o detenidos. Así, el G20 deja un país más conectado al mundo, con un lugar bien ganado que preservar y con oxígeno para enfrentar el futuro. No es poco.
Publicado en El Tiempo el 2 de diciembre de 2018.
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