| Noviembre 11, 2018, 11 31am

Mónica Beltrán: "El desafío de hoy es solucionar la permanencia y el egreso de los estudiantes"



Autor: Diego Dib





Mónica Beltrán es autora de La Franja, editado en 2013, su libro recorre la experiencia universitaria de la agrupación reformista y radical que, desde hace décadas protagoniza la lucha política en las universidades nacionales. En este reportaje señala las razones de ese predominio, la vigencia de otras agrupaciones reformistas y el consenso general sobre los principios de la Reforma Universitaria, a cien años del grito de Córdoba y del Manifiesto Liminar.
A 100 años de la Reforma Universitaria, ¿cuál es el legado de los principios reformistas que aun hoy perduran?
La universidad argentina actual es reformista y todos sus principios se ponen en práctica, excepto los concursos de oposición docente, ya que en algunas universidades no se regularizaron la totalidad de los concursos docentes. Pero en general, la reforma se instaló y no la discute casi ningún sector político dentro de la universidad. Después de años en los que se enfrentaron reformistas y antireformistas, hoy esa pelea no sobrevivió el siglo XX.   
Creo, sin embargo, que hay que pensar qué tipo de peleas deberían dar los reformistas de hoy, cómo se actualizan sus reclamos y sus principios en una sociedad 2.0 con muchas exigencias de conocimiento para quienes ejercen las distintas profesiones y con gran movilidad en todo el mundo en el ejercicio de la mayoría de las disciplinas. 
¿Por qué no hay otras agrupaciones universitarias estudiantiles que permanezcan en el tiempo más allá de las reformistas (como la Franja o el MNR)?
Creo que las agrupaciones reformistas tienen siempre un proyecto universitario y además pueden captar los intereses de los estudiantes, tengan la ideología política que tengan. Son agrupaciones más flexibles en lo ideológico y muy respetuosas de la pluralidad de pensamiento.
Además, en el caso de la Franja, supo “despegarse” de los problemas políticos que tuvo el radicalismo en el gobierno, siendo crítica con sus dirigentes partidarios a nivel partidario y haciendo real ese concepto de que la Franja es autónoma del partido radical. Así logró retener la conducción de la FUA de forma ininterrumpida desde la recuperación democrática hasta la actualidad. 
Otras agrupaciones intentaron hacer pie en las universidades, como la JUP en los setenta o la UPAU en los ochenta, ¿cuál fue el derrotero de las mismas?
Nacieron ante la necesidad de espacios políticos externos al movimiento estudiantil y no tuvieron un proyecto propio para la universidad, actuando generalmente a control remoto de partidos políticos que disputaban más cuestiones externas de la universidad que las propias que interesan a los estudiantes.
¿Por qué Franja Morada sigue siendo la agrupación predominante en el movimiento estudiantil?
En el caso de la Franja específicamente creo que es central su trabajo en la formación política de los cuadros militantes, lo que hace que de generación en generación se vaya transmitiendo una manera de trabajar y de pensar la política universitaria, lo que permite el recambio generacional y la continuidad del trabajo militante en las aulas.
La universidad fue siempre un semillero de dirigentes para el radicalismo y la Franja fue el espacio donde ese semillero nació y se formó para jugar luego en las ligas mayores.
¿Cuáles crees que son los nuevos desafíos que la universidad debería afrontar que no se preveían hace cien años?
Uno de sus desafíos es lograr solucionar la permanencia y el egreso de los estudiantes. Si bien la universidad pública es gratuita y de acceso libre para la totalidad de los argentinos, siguen siendo muchos los años que les lleva a los estudiantes egresar y un porcentaje aún alto de jóvenes no terminan sus estudios de grado. Es complicado mantener determinado ritmo de estudio para los estudiantes que además trabajan, que son un número importante del estudiantado. 
Esto crea una brecha por situación económica entre los jóvenes que concurren a universidades públicas y tardan más años de los debidos para recibirse y los que van a las universidades privadas y muchas veces sus padres los financian y se reciben a tiempo. 
Además, las universidades privadas son cada día más en la Argentina y hay carreras que se dictan en sus aulas que empiezan a tener mucho reconocimiento, a veces más que las públicas, porque ofrecen carreras sólidas y reconocidas por su excelencia académica en el mundo del trabajo. Esto en sí no sería un problema si la oferta de la universidad pública fuera similar, pero no ocurre en todos los puntos del país. 
Personalmente entiendo que la defensa de la educación pública y laica estaría dentro de los idearios reformistas. El fortalecimiento de la universidad pública, en ese sentido, con competencias disciplinarias sustentadas, con gran nivel académico, con buena oferta horaria y de cátedras con diversas orientaciones, donde haya debate político y académico de avanzada, es también uno de los desafíos de la universidad actual.