| Noviembre 08, 2018, 5 06pm

Trump el ignífugo



Autor: Alejandro Garvie


A poco de haber concluido las elecciones de medio término en los EE.UU. el presidente norteamericano se anota la victoria en el Senado y podría endilgar la derrota en la Cámara al Partido Republicano. No hubo “Ola azul” de los demócratas, pero si un gran triunfo para reforzar límites institucionales.
En los EE.UU., el partido del presidente ha perdido bancas en el Congreso en casi todas las elecciones de medio término desde 1789. Donald Trump no se sustrajo a esa tendencia. Si bien republicanos y demócratas festejan, por haber retenido el Senado los primeros y haber conquistado la Cámara de Representantes, los segundos; podríamos decir que el sistema de balance de poder es el que triunfó: la mano invisible de los Padres Fundadores parece haber funcionado muy bien.
Objetivamente, al presidente le han recortado parte del gran capital político que obtuvo hace más de dos años atrás. Y eso es una buena noticia. El nuevo equilibrio de fuerzas refleja la polarización de la sociedad que en el plano electoral muestra que en las grandes ciudades ganaron los demócratas y en las regiones rurales, los republicanos.
La economía no parece haber estado en el centro de las preocupaciones inmediatas de los votantes, porque las medidas proteccionistas de Trump han alentado el empleo en el “Cinturón del óxido”, esa zona “desatendida” por Hillary Clinton en la última campaña presidencial y núcleo del voto duro del líder republicano.
Esta situación sugiere que, “el patrón que se está viendo es que los republicanos están consolidando el control de la América blanca rural más rápidamente que los demócratas están haciendo avances en los suburbios educados”, según el escritor progresista David Klion.
“Creo que los demócratas deben tomar este problema más en serio de lo que lo han hecho hasta ahora. Necesitan un nuevo enfoque para la América no metropolitana, una que pregunte de manera abierta qué problemas los acucian… Los progresistas no pueden simplemente descartar estas partes del país. Los resultados de anoche han dado a los republicanos una gran mayoría en el Senado. Hasta que los demócratas encuentren una estrategia para volver a tomarla, no podrán aprobar leyes ambiciosas ni controlar el proceso de confirmación para los jueces federales. No hay un futuro progresista sin un mejor desempeño fuera de la América metropolitana” editorializa David Leonhardt en el New York Times.
Un capítulo aparte merece el rol de la mujer en esta elección. Aunque las mujeres seguirán estando subrepresentadas en 2019, esta elección llevó a casi un centenar de ellas a cargos electivos, superando el récord anterior de las 84 que tienen un escaño en la Cámara. La gran mayoría de ellas, más de 80, serán demócratas y dos de ellas musulmanas. De hecho la representante de California Nancy Pelosi es la candidata a ser la presidenta de ese cuerpo
La campaña más cara de la historia –se calculan unos 5000 millones de dólares invertidos por ambos partidos– tuvo a Trump como gran actor y mentor del triunfo en el Senado y lo que explica las victorias republicanas en Dakota del Norte, Misuri e Indiana, una eliminación virtual de los escaños competitivos de los demócratas.
La acción del presidente le sacó el foco a los independientes, a las mujeres y a los votantes suburbanos –los que les dieron el triunfo a los demócratas en Cámara– para centrarse en la “América profunda”.
Los miembros del Partido Republicano que eran reticentes a su figura salieron perdidosos: John Culberson de Texas, Kevin Yoder de Kansas, Carlos Curbelo de Florida, Mike Coffman de Colorado y Bárbara Comstock de Virginia intentaron “despegarse” de Trump desde su asunción, y perdieron.
No obstante, ni el Partido, ni el Legislativo parecen tener un papel importante en la estrategia de Trump. Con las atribuciones delegadas para las relaciones exteriores, la remota posibilidad de ser investigado y un cierto control de la designación de jueces mediante el Senado, su derrota puede endilgársela al Partido y salir airoso como Terminator entre las llamas. Su camino a la reelección no presenta grandes trincheras por ese lado. Sin ir más lejos, tanto Bill Clinton como Barak Obama perdieron sus elecciones de medio término y obtuvieron un segundo mandato.