Opinión | Octubre 10, 2018, 9 08am

El Sistema Nacional de Reconocimiento Académico: diseño e implementación de una política pública con universidades autónomas



Autor: Mónica Marquina


Desde hace más de dos años, desde la Secretaría de Políticas Universitarias se trabaja en un programa cuyo alcance y características vale la pena reseñar, dado que puede servir como caso para el análisis de políticas públicas de cierta complejidad, en este caso, por tratarse de construir acuerdos con instituciones que, constitucionalmente, son autónomas.  Hay resultados y experiencia suficiente para compartirla en Nuevos Papeles.
¿Qué es el SNRA?
El Sistema nacional de Reconocimiento Académico (SNRA) es un sistema voluntario de adhesión por parte de las instituciones universitarias para el mutuo reconocimiento de trayectos, entendiendo por ellos a tramos curriculares, ciclos, prácticas, asignaturas, u otras experiencias formativas. Con esta iniciativa la SPU se propone generar corredores de formación interinstitucionales para los estudiantes universitarios, que posibiliten el tránsito por el sistema y la graduación aprovechando la diversidad entre carreras afines, y entre perfiles dentro de las mismas carreras, profundizando la experiencia de formación.
De esta manera, el SNRA pretende ser una vía superadora de las actuales equivalencias de asignaturas, en las que ex post el estudiante solicita reconocimiento al cambiarse de carrera o institución. Con la nueva iniciativa, los acuerdos previos sobre mutuos reconocimientos proveen a los estudiantes de información ex ante, no ya necesariamente de reconocimiento materia a materia, sino de trayectos mayores “razonablemente equivalentes” en términos de la función que tienen dichos trayectos para la obtención de la titulación. Para ello, se crea una unidad de medida denominada RTF, equivalente a 27 – 30 horas de trabajo del estudiante para el cumplimiento de los requisitos curriculares. Esta forma de cuantificar la formación pretende cambiar el foco del trabajo, centrándolo en el estudiante, en línea con procesos similares llevados adelante en Europa con el ECTS (European Credit Transfer System) o el Proyecto Alfa-Tuning América Latina.
Luego de la firma del convenio marco, en 2016, al cual a la fecha han adherido 89 universidades, el trabajo consiste en convocar por grupos de carreras a representantes institucionales para un trabajo técnico sobre planes de estudio, comparándolos, encontrando particularidades y aspectos comunes, y definiendo los trayectos a acordar. Ese trabajo se realiza en reuniones regionales e interregionales que concluyen en la firma de acuerdos específicos entre todas las instituciones participantes del trabajo sobre cada grupo de carreras sobre los trayectos acordados, los cuales se presentan en un Registro de Convenios acordados administrado por la SPU (Res. 1870/16).
¿Para qué sirve el SNRA?
Con esta iniciativa, se espera resolver diversos problemas que hoy aquejan a los estudiantes y al sistema en su conjunto. En primer lugar, reducir las dificultades curriculares y administrativas que encuentran los estudiantes al momento de retomar los estudios en caso de haberlos dejado en suspenso, o bien cuando deciden cambiar de carrera. También el sistema se propone facilitar el cambio de institución cuando el estudiante tiene que mudarse de ciudad ya sea por cuestiones familiares, laborales, etc.  
Pero además, el SNRA posibilita el aprovechamiento de la diversidad de perfiles de carreras y orientaciones que brinda el sistema de educación superior a lo largo y ancho del país, que podrá realizarse a través de movilidades temporarias para el cursado de trayectos específicos en otras regiones y/o instituciones, con la certeza para el estudiante de que esos estudios realizados fuera de la universidad de pertenencia les serán reconocidos al volver.
La desarticulación del sistema universitario, con superposiciones de ofertas formativas, escasas sinergias y poca vinculación entre ellas, explican en buena medida la ausencia de la fluidez curricular necesaria para que todo lo anterior pudiera suceder hasta ahora. En este sentido, el SNRA intenta abrir la discusión en las instituciones sobre la rigidez de los planes de estudio, a fin de colaborar en la resolución de los problemas de retención, abandono, egreso y alargamiento de carreras originados por esta situación.
Algunos principios básicos de trabajo
El sistema es voluntario: Una de las principales características del SNRA es que son las instituciones las que deciden participar del sistema. Se trata de un sistema abierto y voluntario del que pueden participar las universidades que así lo decidan en el marco de su autonomía. Pero este atributo no se limita a la instancia de la adhesión. Una vez que una institución decide formar parte del SNRA, puede decidir participar en cada una de las convocatorias de trabajo con las familias de carreras.
La base del trabajo es la confianza: Otro atributo excluyente de este proceso fue generar un piso de confianza entre las partes y de ellas con la SPU para el logro de acuerdos interinstitucionales. En general, en cuestiones curriculares, el desconocimiento de lo que hace el otro provoca desconfianza a la hora de intentar promover acuerdos, bajo un preconcepto de que lo que hace el otro, en general no conocido, no es tan bueno como lo que hace uno. Por ello fue necesario sortear esta situación inicial, o reducirla a su mínima expresión. Se decidió, en las primeras fases, comenzar el trabajo con carreras reguladas por el Estado, que hayan atravesado de manera exitosa procesos de acreditación.  Ese punto de partida permitió dejar fuera de cualquier discusión alguna duda sobre la calidad de la formación brindada por las instituciones participantes.
Lo común en la diversidad: Lejos de pretender homogeneizar planes de estudio para asegurar los acuerdos, la tarea encarada fue mucho más compleja y, por tanto, de enorme riqueza. El desafío propuesto fue encontrar lo común en la diversidad. Y por diversidad se entendió la diversidad regional de formaciones en el país, la diversidad de gestiones -dado que participan instituciones públicas y privadas-, la diversidad de historias, tradiciones, trayectorias y representaciones de instituciones.
El principal protagonista es el estudiante: Tomando la experiencia internacional, fue una decisión política que el SNRA definiera trabajar desde este enfoque. Dentro de los marcos institucionales, se trató de posibilitar que cada alumno decida libremente cómo construir sus trayectorias, conociendo de antemano las posibilidades de reconocimiento a lo largo y ancho del sistema. Para ello, el SNRA establece una unidad de medida base de los reconocimientos: Reconocimiento de Trayecto Formativo (RTF), el cual estima en horas el tiempo de trabajo total del estudiante (dentro y fuera del aula) para el cumplimiento de los requisitos de aprobación establecido en los planes de estudio.
Logros alcanzados y algunas conclusiones
El SNRA está en su segundo año de implementación. A la fecha de elaboración de esta publicación son 89 las instituciones participantes (53 públicas y 36 privadas) de las 106 del sistema universitario. Se concluyó el trabajo con todas las carreras de Ingeniería, Arquitectura, Informática, Agronomía, Recursos Naturales, Zootecnia, Recursos Forestales, Biología, Bioquímica, Farmacia, Química, Medicina y Odontología y se está finalizando el trabajo de acuerdos con las carreras de Geología y Licenciaturas y Profesorados de Física y Matemática. Cerca de 750 carreras involucradas de todo el país, y más de 1000 trayectos acordados, con cerca de 400.000 potenciales estudiantes beneficiarios, son los resultados del SNRA al momento.
 
Familia Instituciones Firmantes Carreras involucradas Estudiantes beneficiados Trayectos acordados
Ingeniería y afines 50 380 143.000 350
Arquitectura y diseños 36 108 56.500 156
Informáticas 47 75 26.000 180
Veterinaria, Agro y afines 32 57 42.200 153
Biológicas, Químicas, Bioquímicas y Farmacias 28 76 27.500 109
Medicina 32 35 45.000 74
Odontología 15 15 14.000 33
Este es un avance de escala sistémica, que consideró los antecedentes de experiencias locales, regionales o institucionales, además de la internacional. Fue un desafío el diseño de una acción de esta envergadura, por su extensión y por la pretensión de perdurabilidad en el tiempo. La constitución de los equipos de coordinación, la convicción de que se trataba de un trabajo colaborativo con las instituciones, de abajo hacia arriba, pero con una necesaria coordinación general para asegurar avances regionales articulados, fueron premisas clave. El compromiso de los participantes que se apropiaron del trabajo, fue determinante de los logros obtenidos hasta ahora. También, y básicamente, la decisión política de encarar esta iniciativa, de los Secretarios de Políticas Universitarias de las dos gestiones asumidas desde diciembre 2015, y de los rectores y secretarios académicos de universidades. La construcción de una política pública es, en este marco, una experiencia vertiginosa, necesariamente colectiva, y basada en principios indiscutibles sobre calidad, democratización y buena gestión.
Para profundizar en el diagnóstico y otras políticas universitarias como la aquí reseñada se sugiere ver Haberfeld, L.; Marquina, M. y Morresi, S. (2018) El sistema universitario argentino. Situación, problemas y políticas , Informes CECE, septiembre.