Opinión | Septiembre 19, 2018, 6 12am

Las razones del desplome de los mercados emergentes

Argentina no está sola, otras economías emergentes sufren la crisis.

Autor: Matt Phillips


Monedas en picada, inflación al alza, inversionistas nerviosos: el pánico financiero parece estar arrasando de nuevo con algunas de las economías en desarrollo del mundo.
La marcada caída de monedas, acciones y bonos de mercados emergentes contrasta muchísimo con la situación reinante en Estados Unidos, donde el mercado al alza se ha mantenido durante casi una década con condiciones económicas sostenidas. Las tasas de interés más altas que Estados Unidos ofrece y la posición más sólida del dólar han provocado un nuevo equilibrio en los riesgos y las recompensas para los inversionistas de todo el mundo, y actúan como una especie de imán financiero que los aleja de inversiones más riesgosas.
En otras ocasiones que hemos visto una situación así, como en la crisis del peso mexicano en 1994, la caída del bat tailandés en 1997 y el incumplimiento ruso de 1998, los inversionistas tuvieron que lidiar con los efectos de los problemas de un país en los demás, como la lentificación del crecimiento económico o tensiones en el mercado.
Hasta ahora en 2018, este tipo de contagio ha sido casi inexistente.
El torbellino ha arrasado con economías tan variadas como las de Argentina, Rusia, Sudáfrica y Turquía, aunque cada una ha perdido atractivo por distintas razones, y el trastorno todavía no ha generado ansiedad con respecto a las principales economías ni los mayores mercados del mundo.
Estos son los problemas clave que enfrenta cada uno de esos países.

Argentina: El ambiente ya era de nerviosismo debido a crisis anteriores

Argentina, una de las mayores economías de América del Sur, estuvo prácticamente excluida de los mercados globales durante gran parte de los últimos veinte años, tras su derrumbe financiero en 2001.
Sin embargo, la elección en 2015 del presidente Mauricio Macri conllevó un giro absoluto. Macri se dedicó a reconstruir una buena relación con los inversionistas internacionales; para lograrlo, eliminó las restricciones al flujo de capital dentro y fuera del país y llegó a acuerdos con aquellos acreedores a quienes todavía se les debía dinero desde la crisis de 2001.
Argentina logró tener acceso de nuevo al mercado de bonos en abril de 2016, cuando recaudó 16.500 millones de dólares de inversionistas internacionales. A partir de entonces, Argentina tentó en varias ocasiones a los inversionistas globales con los altos rendimientos de sus bonos y con promesas de controlar poco a poco los problemas del gasto público.
De una manera casi tan repentina como comenzó, la luna de miel de Argentina con los inversionistas globales llegó a su fin este año por varios motivos, entre ellos que el país sufrió una sequía que afectó la producción de soja y maíz, cultivos de vital importancia para la economía. El gobierno demostró muy pocos avances en el control de su déficit. El banco central bajó las tasas de interés a pesar del rápido aumento en la inflación, lo que se interpretó como una señal de que su compromiso de mantener al peso en una posición sólida no era serio.
 
 
Dada la trayectoria de Argentina, que sufrió crisis en 1980, 1982, 1984, 1987, 1989 y 2001, los inversionistas no estaban dispuestos a esperar para ver qué sucedía.
El peso comenzó a depreciarse en abril; este año ha bajado más de un 50 por ciento con respecto al dólar. Continuó en caída incluso después de que el Banco Central aumentó las tasas de interés hasta un impresionante 60 por ciento y de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le aprobó una línea de crédito por 50.000 millones de dólares en junio.

Turquía: Un caudillo tomó medidas extremas y las grandes empresas siguieron su ejemplo

La economía turca disfrutó de un excelente desarrollo durante gran parte de la década pasada. Registró cifras de crecimiento promedio de alrededor del 6,8 por ciento desde 2010, por encima del 3,9 por ciento de la economía mundial y de otros mercados emergentes, según datos del FMI.
Por desgracia, gran parte de esa energía económica se alimentaba de una burbuja impulsada por deudas. Las empresas turcas adquirieron una cantidad exorbitante de bonos, muchos denominados en dólares y euros. El gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan también aumentó el gasto con subsidios a proyectos de infraestructura muy costosos.
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Puesto que se adeuda dinero en otras monedas, la caída de la lira turca es particularmente problemática. La moneda se ha ido hundiendo a un ritmo constante desde hace varios años, por lo que la tasa de inflación ha permanecido muy alta. No obstante, la baja solo produjo reacciones tras la reelección de Erdogan en junio y el consecuente otorgamiento de nuevas facultades, más amplias, que afianzaron su control sobre la nación.
Erdogan se ha expresado en varias ocasiones en contra de las tasas de interés altas, pese a que la economía ha dado señales de estar lentificándose. En vista de que tiene mayor control sobre la política económica —designó ministro de Finanzas a su yerno— se acrecentaron las inquietudes entre los inversionistas por su enfoque caudillista. La decisión que tomó en agosto el presidente estadounidense, Donald Trump, de duplicar los aranceles a las importaciones de acero y aluminio turcos pareció ser un catalizador para que los inversionistas optaran por una retirada rápida del país.
Como la lira se ha devaluado cerca de un 40 por ciento con respecto al dólar desde la reelección de Erdogan, en junio, las empresas que obtienen ingresos en liras pero deben efectuar pagos de deuda en dólares se encuentran en problemas. Se espera que más empresas turcas se declaren en quiebra, y muchos economistas ahora están convencidos de que Turquía pronto entrará en recesión.

Sudáfrica: Una situación doblemente negativa: recesión y devaluación

En Sudáfrica, cuya economía ha sido una de las más precarias del mundo desde hace mucho tiempo, uno de cada cuatro habitantes vive en pobreza extrema y la tasa de desempleo es superior al 27 por ciento.
No obstante, desde hace algunos años recibió una inyección de capital de inversionistas extranjeros. Gran parte de la inversión se destinó al gobierno, que intentó compensar la tremenda desigualdad en el país al asignar enormes cantidades al gasto social.
En consecuencia, el endeudamiento externo, que en 2013 era del 37 por ciento del producto interno bruto, aumentó el año pasado a alrededor del 50 por ciento. Muchos de los préstamos se obtuvieron a través de los mercados, por lo que es mucho más fácil deshacerse de esas inversiones cuando la situación se vuelve complicada.
Y eso es precisamente lo que los inversionistas han hecho.
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La moneda sudafricana, el rand, bajó cerca del 18 por ciento este año, y las estadísticas para el segundo trimestre divulgadas en septiembre revelan que Sudáfrica ya se encuentra en recesión. Esto complica todavía más la situación, pues la solución para resarcir la devaluación del rand es que el Banco Central de Sudáfrica aumente las tasas de interés, lo que podría agravar la desaceleración económica.

Rusia: La política global ha aislado a la economía rusa

Los problemas de Rusia con los mercados globales se deben, en su mayoría, a la idiosincrasia.
Desde enero de 2017, el gobierno de Trump ha mantenido la política que tenía Obama de imponerles sanciones a personas que tienen vínculos con Moscú por temas como las agresiones en Ucrania, la injerencia en las elecciones estadounidenses, el apoyo al régimen de Bashar al Asad en Siria, el envenenamiento de un exespía y su hija con un arma química en Inglaterra y el comercio que mantiene con Corea del Norte.
Este año el rublo perdió un 18 por ciento de su valor a medida que los inversionistas globales reaccionaron al creciente aislamiento del país con respecto a la economía mundial. En términos sencillos, al haber una menor integración y comercio con Rusia, baja la demanda de rublos, que son necesarios para comprar productos rusos.
Y cuando se debilita la moneda, las importaciones se encarecen. Si bien la inflación rusa es baja, ha comenzado a subir, así como las tasas de interés; ambos factores podrían desacelerar el crecimiento.
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El gobierno ruso planea aumentar el gasto público para mantener andando la economía. En teoría, el nivel relativamente bajo de endeudamiento de Rusia (la deuda pública es de menos del 20 por ciento del PIB) le da suficiente espacio de maniobra para invertir más en caminos, servicios de salud y bienestar social, siempre y cuando pueda obtener el dinero de alguna fuente.
Ese es precisamente el problema: los inversores internacionales no desean invertir en Rusia, así que este país ha tenido que depender, en parte, de una reorganización del gasto interno. Para reunir ese dinero, quizá deba tomar algunas decisiones impopulares, como aumentar la edad de retiro. Justo este tipo de propuestas se han identificado como responsables de un notorio descenso en la popularidad del presidente Vladimir Putin, algunas manifestaciones públicas inusuales y un apoyo menor del esperado para el partido gobernante en algunas elecciones regionales recientes.

¿Qué sigue? Tener buenas estadísticas no sirve de nada si careces de credibilidad

Nadie sabe con certeza qué sucederá ahora.
Es posible que los países afectados solo sufran vulnerabilidades únicas a las presiones del mercado. También es posible que los inversionistas nerviosos que quieren evitar pérdidas consideren invertir en otros países. Lo que sí es difícil es predecir con exactitud hacia dónde se diseminarán los efectos.
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Claro que hay algunas claves de los elementos que es necesario identificar. Por ejemplo, los inversionistas ya ven con recelo a los países que deben mucho dinero en divisas.
Sin embargo, la cantidad que debe pagarse por la deuda en monedas extranjeras es solo una parte de la historia. El nivel de las tasas de interés, la dependencia de los acreditados extranjeros, las necesidades de refinanciamiento, las dimensiones de los déficits gubernamentales y las reservas de divisas que pueden utilizarse para resistir las presiones del mercado son factores que desempeñan un papel específico.
Quizá el aspecto más importante, que además es el más difícil de medir, sea la credibilidad de un país en los mercados financieros. Si los inversionistas creen que un país seguirá efectuando pagos a los tenedores de sus bonos en una moneda que conserve su valor, lo más probable es que toleren incluso el peor nivel de deuda. Pero si su confianza comienza a tambalearse, habrá que prepararse para la caída.
 
Publicado en The New York Times el 17 de septiembre de 2018.
Link https://www.nytimes.com/es/2018/09/14/caida-mercados-emergentes-contagio/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Fnyt-es