| Mayo 15, 2018, 3 41pm

Negar la realidad es peligroso

El análisis de como reacciona el mercado y la política.

Autor: Daniel Muchnik


Sin tomar en cuenta el desembolso de hoy por los Lebac, hay dos preguntas claves que tienen difícil respuesta. La primera es si seguirá la fuga de capitales. La segunda es si el Banco Central continuará vendiendo dólares.
Es que si se quiere sintetizar el panorama la sangría de la divisa es muy grande. Llega a casi 2.000 millones de dólares por día. En este mundo de las finanzas no hay amigos. Cuando el gobierno prometió el arribo de inversiones no se trataba de las productivas, las que dan empleo, las que movilizan la economía. Eso no sucedió. Llegaron los dólares, pero para la especulación, para pedalear en la gran bicicleta de los bonos. Solo salieron victoriosos los especuladores. El gobierno fue advertido de estas maniobras, pero dejó hacer.
Ha llegado la crisis, la contracción del consumo, la paralización de los distintos tipos de empleo y el deterioro de los salarios. Por supuesto que sigue la polémica acerca de que estrategia era la mejor, si el “gradualismo” o el “shock”.
Pero esa es una discusión del diario del lunes, ya no corre salvo en las acusaciones o en el acoso a la Casa Rosada.
La verdad es que no fueron pocos los especialistas que le advirtieron a las autoridades del peligro que se avecinaba, pero el “círculo íntimo” del presidente, no más de cuatro o cinco funcionarios insistió con la misma filosofía con la que ingresaron al poder: el optimismo. ¿Optimismo con el cuadro desastroso que dejó el cristinismo? ¿Optimismo agrandando con el doble de ministerios el inmenso aparato del Estado? ¿Optimismo manteniendo la mayoría de los subsidios? ¿Optimismo con un enfrentamiento verbal con los sindicatos que se tradujo
en acciones judiciales para denunciar las fortunas de los dirigentes gremiales? ¿Optimismo cuando el PRO, por su cuenta, se constituyó en el centro mismo de todo el poder político, marginando a sus aliados de Cambiemos?
Hubo soberbia. Y algunos oficialistas se sintieron “iluminados”. Mal camino, cuyas características ya se ven en toda su extensión en estos días de ansiedad y expectativas que estamos viviendo.
Esta realidad ha llevado a la pérdida de confianza en el gobierno. En el mundo de la política eso es dinamita pura. Si el público deja de creer en el mensaje que les llega desde el gobierno, peores serán las condiciones para encontrar el equilibrio y poder salir del tembladeral. Lo admitió el Jefe de Gabinete Marcos Peña. El mismo Peña que reconoció en una entrevista periodística de fin de semana una evaporación de la credibilidad ante el mundo, ante eventuales inversores y frente a los argentinos.
¿Qué quieren hacer las autoridades para dar vuelta el desamor colectivo? Primero convocar a las entidades empresarias para que se encarguen de bajar las expectativas negativas. Eso en un país donde los empresarios vienen perdiendo imagen desde hace décadas y centrales que los congregan que se dedican más a los lobbys particulares, cuidando sus contabilidades, antes que pensar un proyecto de país. Públicamente han dicho que desean dar el mayor apoyo explícito al gobierno. Sin embargo, Luis Pagani, titular de Arcor, una de las más jerarquizadas compañías ha declarado, preventivamente: “El gobierno todavía no tiene plan económico”. ¿Lo tuvo acaso en el pasado?
Segundo, cuidando la mejor relación con los Estados Unidos que es la nación que decide en el Directorio del Fondo Monetario, a quien Argentina ha pedido ayuda. En el Directorio del FMI participan los países más ricos del mundo, los que brindan los mayores aportes a la institución financiera. Trump otorgó respaldo a la promesa argentina de poner en marcha un nuevo programa de reforma económica.
¿Pero esa ayuda será suficiente en las parsimoniosas etapas que hay que cumplimentar para conseguir cualquiera de los tipos de respaldo que se solicite al Fondo Monetario? Ir al Fondo fue presentado como una movida sobria e inteligente. Y se le dió poder para hacerlo a Nicolás Dujovne, un ministro criticado por algunos economistas por su falta de experiencia, autonomía y habilidad política. No sería un hombre con voz propia y aplicaría el esquema del círculo de hombres de la Casa Rosada más cercano al Presidente Macri. Con un detalle a tener en cuenta. Se comenta que las relaciones entre cada uno de los mencionados no es buena, incorporando al titular del Banco Central en los enfrentamientos.
De allí que en la Casa Rosada se le haya dado importancia especial a la llamada telefónica que tuvo, ayer por la mañana a Donald Trump y Mauricio Macri. Pero, por ahora, esa comunicación “es para la foto” porque si bien el Fondo Monetario ha cambiado, exige pautas de cumplimiento de mal recuerdo para todos los que le tocaron el timbre. Se dice que el FMI “se ablandó” después de la crisis financiera internacional del 2008. Pero opera con gran lentitud. Sus directivos no quieren apurarse por temor a que la fuga de capitales de la Argentina continúe. Porque no son pocos los que piensan que el dólar seguirá en alza.
En aquel 2008 el FMI recibió contradictoriamente las peores críticas porque no supo prever la tormenta que se avecinaba cuyas consecuencias todavía se están enfrentando, en un goteo constante. Aquella tormenta aplastó anímica y económicamente a gran parte del mundo, pero en especial a Europa y llevó al colapso a casi todos los países que forman parte de las cosas del Mediterráneo. No obstante, en ese mismo 2008 el Grupo de los 7, los más poderosos, decidieron en un encuentro cumbre ofrecerle la mayor cantidad de dinero al FMI para que curara las heridas de las víctimas. ¿Fueron ingenuos o tenían otros propósitos?
La actual tempestad cambiaria en la Argentina también se conjuga con el rechazo de la sociedad al incremento de las tarifas. Desde diciembre de 2015 el gobierno no comunica como se debería que las dificultades heredadas tenían que frenarse. Un punto crucial del cambio era llevar las tarifas a un nivel que fuera de rentabilidad para las empresas proveedoras de los servicios, pero por etapas sensatas. Se hizo, pero temblándole el pulso a las autoridades. Los ajustes podían haber sido programados racionalmente a lo largo de los meses. Se juntó todo de golpe y el rechazo social fue unánime.
Si busca presentarse en las próximas elecciones presidenciales, ¿aceptará Macri las taxativas condicionalidades que sugerirá el FMI? ¿esperará el organismo financiero internacional que en cierto momento se detenga la sangría de capitales que se van o preferirá que
el dólar llegue a un escalón más alto como un proyecto de parar las corridas y evitar la incertidumbre?
Se ubique en 25 pesos o en 30 (hipotéticamente) el engorde del dólar traerá recesión, le pegará al consumo y dejará sin alternativas a numerosos sectores que venían teniendo buena performance hasta ahora. Para los que sentían postergados con el tipo de cambio el alza será pan para hoy pero muy posible hambre para mañana. El sector de la construcción que venía encabezando el ranking de crecimiento tenderá a desinflarse.
La desaparición de la credibilidad traerá desasosiego. Desde las elecciones del 2017 la adhesión al gobierno ha caído 20 puntos y, según Management & Fit, el 55 de los encuestados evidencian rechazo de la imagen presidencial. Es un momento que aprovecha la oposición política del peronismo que por ahora sigue fragmentada aunque une fuerzas para votar en determinados proyectos en el Parlamento.
Publicado en El Cronista el 14 de mayo de 2018.
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